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Los clubs, el ombligo de la música

La Asociación de Salas de Conciertos de Cataluña organiza un circuito de figuras por salas de aforo reducido

Concierto de Christina Rosenvinge, en el festival urbano Sonido Malasaña, en Conde Duque, en Madrid.
Concierto de Christina Rosenvinge, en el festival urbano Sonido Malasaña, en Conde Duque, en Madrid.

¿Qué tienen en común el CBGB, Rock-Ola, The Cavern, Ronnie Scott o el Zeleste?, que son, o eran, clubs de música en directo cuya fama no resulta comparable con su reducida capacidad. Son historia de bolsillo de la música popular. Es sabido que en los clubs así, pequeños, nacen carreras, escenas, leyendas y un filón de historias musicales, pero en nuestros días esos ombligos donde se forman músicos y público están acechados por el cambio de paradigma que han impulsado los festivales. Es por ello que ASACC (Associació de Sales de Concerts de Cataluña, creada en 2001) ha querido premiar y potenciar a los clubs pequeños organizando una gira de artistas cuya popularidad les pone por encima de la capacidad de contratación de estas salas. Es así que artistas como Alba Molina, Jorge Pardo, Christina Rosenvinge, David Carabén (vocalista de Mishima) o Kepa Junquera entre otros actuarán en salas de reducido aforo (entre 35 y 150 personas como máximo) en una serie de 16 conciertos que se extenderán en mini giras hasta el 16 de diciembre por toda Cataluña. Es el Club Circuit.

La asociación ya impulsa desde hace años el Curt Circuit, un circuito de bandas nuevas y de mediana popularidad que actúan en ese mismo perfil de salas, “pero ahora se trataba de ofrecer un caramelo a esos locales, hacerles un regalo que con sus propios medios no podrían pagar", declara Carmen Zapata, gerente de ASACC. Por si hubiera dudas, esta asociación no declara la guerra a los festivales, sino que lucha por mantener vigente la idea de concierto en club, algo por lo que también suspiran muchos artistas. Es el caso de Christina Rosenvinge “hay que dar una opción a lo que no son festivales, pues es en las salas donde nacen las ideas y los proyectos”. No solo eso, sino que la exposición a los medios y los festivales crean una idea confusa de lo que es el éxito, que no suele asociarse a permanecer girando por clubs, sino por macro escenarios: “es cierto”, continúa Rosenvinge “no todas las carreras de largo recorrido acaban en grandes escenarios y no por ello son menos loables. Vivimos en una cultura del éxito que solo se mide en cifras”. El impacto de los festivales es tal que Rosenvinge afirma que “transforman hasta la manera de componer, porque ya piensas cómo sonarán allí las canciones”.

En parecidos términos se pronuncia David Carabén, líder de Mishima, una de las bandas de pop más populares en Cataluña al afirmar “en la sala tienes al público cautivo, y eso favorece que el repertorio ofrezca más atmósferas, ofreciendo un recorrido más rico en emociones. Al aire libre el público tiene la libertad de marchar y allí gana la ley del más fuerte, del grupo más llamativo, ruidoso o popular. En un festival has de exagerar tus características más significativas para destacar”. Traducido, las baladas lo tienen crudo en los festivales. O en palabras de Rosenvinge “en una sala puedes ser más sutil”. Lo mismo piensa el veterano Jorge Pardo (Premio a Mejor músico Europeo de Jazz 2013 otorgado por la Academia Francesa de Jazz) “en el club puedes arriesgar más, probar nuevos recursos y comprobar cómo funcionan dada la proximidad del público”. Pardo tiene una contratación que en un 60% recala en festivales y sostiene que sala y festival se complementan, y en ambos ámbitos se da el común fenómeno del uso del móvil, otro nuevo paradigma. “No soy nadie para indicar al público cómo debe disfrutar de una actuación, pero estamos ante una voltereta un poco tonta, ya que se trata de disfrutar del concierto y compartirlo con el móvil muchas veces no ayuda”.

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