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“Ver cine al margen de las salas es algo que ha existido siempre en nuestras vidas”

Los hermanos Coen desdramatizan la irrupción de Netflix, que produce y distribuye su nueva película, el wéstern ‘La balada de Buster Scruggs’

Ethan y Joel Coen, en el pasado festival de Venecia, antes de la proyección de gala de 'La balada de Buster Scruggs'.
Ethan y Joel Coen, en el pasado festival de Venecia, antes de la proyección de gala de 'La balada de Buster Scruggs'. Corbis / Getty

La balada de Buster Scruggs, que este viernes se estrena en los 190 países donde opera Netflix, es el segundo wéstern en la carrera de Joel y Ethan Coen después de Valor de ley (2010). O bien el enésimo, según cómo se haga el recuento. En realidad, casi todas sus películas incluyen, reinterpretan y subvierten los tropos de este género inoxidable, desde sus primeros proyectos, como Sangre fácil y Arizona Baby, hasta títulos como Fargo, El Gran Lebowski y, sobre todo, No es país para viejos. Los hermanos firman ahora su oda más literal al viejo Oeste con un filme en seis episodios –que aseguran que nunca concibieron como serie, pese a lo que se afirmó en su día–, por el que desfilan actores como Liam Neeson, James Franco, Tom Waits, Tim Blake Nelson o Zoe Kazan. Los Coen se explicaron sobre la película al unísono –el tópico es cierto: uno termina las frases del otro–, durante una entrevista realizada en la pasada Mostra de Venecia, de la que se marcharon con el premio al mejor guion.

Pregunta. ¿Por qué el wéstern sigue sin desaparecer, por muchos años que pasen?

Joel Coen. Es un género imposible de matar. No estoy seguro de los motivos, pero sucede lo mismo que con las películas de vampiros. Cada generación acaba volviendo al wéstern.

P. Es el género más estadounidense de todos, el que contiene el mito de la creación de su país…

Ethan Coen. Sí, los wésterns hablan de hombres que se enfrentan a la naturaleza, un tema muy importante en nuestra cultura...

J. C. Es un género muy estadounidense, del que se han apropiado otras culturas de modos muy interesantes. Ahí está el spaghetti western. Lo que hizo Sergio Leone fue mezclar el wéstern con la ópera, con cierta tradición italiana. Es solo un ejemplo, pero hay muchos más, como los libros sobre el Oeste del escritor alemán Karl May, por el que Adolf Hitler sintió una gran fascinación.

E. C. Y luego está George Lucas con Star Wars…

J. C. Diría que hay algo muy romántico en los wésterns y que eso resulta atractivo para todas las culturas.

P. Su película es una galería de arquetipos: hay pioneros, forajidos, buscadores de oro, cazarrecompensas… ¿Han sido más respetuosos con las normas del género que en sus películas anteriores?

E. C. Sí, supongo que es un ejercicio de género más directo. Creo que tiene razón…

J. C. Lo que pasa es que algunas de estas historias se nos ocurrieron a lo largo del tiempo, en un periodo de 25 años. Cuando habíamos acumulado tres o cuatro, nos dimos cuenta de que todas eran wésterns. Y entonces empezamos a pensar a conciencia en otras que también lo fueran, preguntándonos cuántos tipos de wésterns existían e intentando responder a todos ellos.

P. Hay algo casi enciclopédico en la película…

J. C. Sí, es verdad. Es una taxonomía del wéstern.

P. Su película contiene un clásico de la tradición estadounidense: el contraste entre la belleza de la tierra y la monstruosidad de quienes la habitan.

E. C. Ese es exactamente el tema del relato de Jack London que inspira el capítulo protagonizado por Tom Waits [Cañón de oro, publicado en 1906], sobre un buscador de oro con un particular método para encontrarlo…

J. C. A London le interesaba la naturaleza y el lugar que el hombre ocupa en ella. A nosotros también nos importa ese tema.

P. ¿Es así como ven a su país, como un hermoso lugar poblado por seres violentos y avariciosos?

J. C. Bueno, eso es innegable… [sonríe]. No hemos rodado esta película con intención alegórica, aunque supongo que la metáfora queda implícita en la historia: un hombre llega al valle, desgarra la tierra, extrae una fuente de riqueza, asusta a los animales…

E. C. Pero, oiga, ¿eso solo sucede en nuestro país? Porque a mí se me ocurren algunos ejemplos más… Pero es cierto que tenemos a un presidente chiflado, si es a eso a lo que quiere llegar…

P. Más que a su presidente, me refiero a los 63 millones que votaron por él…

E. C. Sí, eso es muy alarmante…

J. C. … y no sabemos cómo resolverlo.

P. Han dicho que era importante que su película se estrenase en salas de cine. ¿Fue una condición que impusieron a Netflix?

J. C. No diría que fue una condición, pero sí un deseo expreso. En el proceso de hacer películas todo es una cuestión de negociación…

E. C. Pero no fue una pelea ni un motivo de discordia…

P. Hasta ahora, Netflix siempre se había negado a estrenar sus películas en salas comerciales. ¿Qué ha cambiado ahora?

J. C. El negocio del cine vive tiempos extraños. Todo evoluciona, porque están llegando todas estas plataformas con otras motivaciones y otras maneras de distribuir sus películas. Pero, globalmente, me parece algo positivo. Cuanta más gente produzca cine, mejor. Será una pena si [ver películas en los cines] termina desapareciendo, pero ver cine en otros sitios que en las salas es algo que ha existido siempre, por lo menos a lo largo de nuestras vidas: antes llegaron la televisión, el vídeo… y las salas siguen donde estaban.

P. Ninguna de sus películas desprende un especial optimismo, pero esta les ha salido particularmente sombría y melancólica. ¿Hay un motivo?

E. C. Diantre, ¡nos hacemos viejos! Pero también es algo que va con el género… Los wésterns hablan de un Oeste que desaparece, de un mundo que se esfuma. Es inevitable que contengan cierto grado de melancolía.

J. C. Sí, el wéstern ha sido un género elegíaco desde el principio. Piense en las últimas películas de John Ford, en El hombre que mató a Liberty Valance

E. C. En todo caso, no estábamos pensando en nosotros mismos mientras trabajábamos en la película…

J. C. No, no… pero ya no somos un par de jovenzuelos. No sé qué respuesta darle, aparte de esta.

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