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‘OT 2018’ gala 8: cuando los sapos bailen flamenco

Las nominadas son Marta y Marilia. El programa hace una gala entretenida de principio a fin

OT Gala 8
El presentador de 'OT', Roberto Leal, con las dos nominadas para abandonar la academia, Marilia (centro) y Marta, en la octava gala del programa. GTRESONLINE

La teoría del azul y naranja indica que al contraponer estos colores, los dos que más contrastan entre sí, se despiertan emociones primarias en el espectador. Esta noche casi toda la gala ha sido azul con dos excepciones: a Julia le han puesto naranja y a Marta Sánchez rojo y amarillo como la bandera de España. OT ya no se anda con tonterías.

Tras la actuación de Carlos Right, digna de una gala 0, Marilia canta Hasta la raíz y hay mucha tierra en su interpretación: cuenta una historia, disfruta de su canción y, en definitiva, se hace mayor delante de la cámara. Los Javis han sacado a la mujer que lleva dentro y el público celebra este rito de pasaje lanzándole flores, porque esta es la edición del matriarcado, tal y como demostrará su salvación, que deja el ratio de la academia en siete chicas y dos chicos. Miki y Famous, por necesidades narrativas, están a partir de hoy clasificados para la final.

Marta y Famous cantan September y sobre ese escenario están ocurriendo demasiadas cosas (aunque no tantas como en el look de Ruth Lorenzo): Famous lleva una camisa cuyo estampado parece sacado de aquellos libros en 3D en los que tenías que acercar los ojos e ir alejándolos para ver figuras, los bailarines eclipsan a los cantantes como si estuvieran recibiendo descargas eléctricas y la camisa de Marta es, sencillamente, la prenda más fea que se ha visto en diez ediciones de OT. Y estamos hablando de un concurso que vestía a Rosa López con cortinas. Lo peor de esta actuación no es que haga que los espectadores echen de menos Relight My Fire de Idaira y Fran Dieli, es que es la primera vez desde que se lanzó en 1978 que September parece una canción aburrida.

Ruth Lorenzo, sin embargo, ha vibrado y lo explica pasándose un dedo por el glúteo y haciendo un sonido ("tssss") que para quien no hable homosexual significa "mi culo está en llamas". ¿Ridículo? Quizá. ¿La única valoración elocuente por parte del jurado en toda esta edición? Sin duda. No se había visto un trasero tan ardiente en Operación Triunfo desde que Guillermo Martín cantó Kiss. La gala acaba de empezar y ya tenemos dos nominados. Thank U, Next.

Roberto Leal, que está iluminado tan azul que a ratos parece un Na'vi, anuncia un bombazo de actuación con Natalia. Esta noche Natalia combina morado con morado con morado y, disfrazada de villano de Dick Tracy, interpreta Aunque no sea conmigo no como una cantante de tugurio con el corazón roto a la que nadie está escuchando, sino como una concursante de un reality show musical intentando parecer una cantante de tugurio con el corazón roto a la que nadie está escuchando. Natalia tiene tanta fuerza como incapacidad para dejarse llevar por ella. "Perfecta en la ejecución, fría en el sentimiento". Y eso queda claro en la mueca de arlequín que se le forma (los labios morados no ayudan) cuando quiere cerrar los ojos y de repente recuerda que los profesores le dijeron que los abriera: se queda a medio camino.

Una tal Camila Gallardo aparece en un vídeo y luce un pelazo que convierte a Julia en Gollum. Luego actúa James Arthur, ganador del X Factor británico, con una iluminación azul tan saturada y un abrigo negro tan grande que por momentos solo se le ve como una carita triste levitando de un lado a otro del escenario. María y Sabela cantan la misma canción (I Wanna Hold Your Hand) pero parecen dos distintas: Sabela te lo está rogando y María ya te ha agarrado la mano y no va a soltártela aunque insistas en que no la conoces de nada y llames a la policía. Su actuación funcionaría mucho mejor si se la cantaran la una a la otra y de hecho en la versión en la que han basado los arreglos (la del musical Across The Universe) la chica se la canta a otra chica.

Después de que Noemí Galera celebre el Ondas como lo haría cualquiera señora piripi (gritando "¡os queremos muchísimo!"), Julia y su iluminación naranja ofrecen por fin una actuación para la posteridad. Si en el melodrama de Natalia se pueden escuchar los mecanismos de su cabeza, en el de Julia solo se la oye a ella a punto de ponerse a llorar (Malú se ha forjado una carrera entera con ese recurso). 90 minutos es tan desnuda que el espectador casi se siente violento por estar invadiendo la intimidad de esa mujer. Julia canta esta noche bastante peor que Natalia, pero está tan rota, como si no tuviera nada que demostrar y solo quisiera que efectivamente su amante le pidiera más tiempo, que hasta se puede sentir el momento exacto en el que se convierte en una estrella: al terminar, ladea la cabeza y no lo hace con la humildad de una aspirante a cantante sino con la gentileza y el dramatismo de alguien que por un lado sigue dentro de personaje y por otro te está diciendo “"de nada, votadme como favorita".

Un vídeo en el que los chavales entran en éxtasis al descubrir que hay pizza como si llevasen días sin comer (no hay que descartar que la organización se niegue a alimentarlos a menos que generen vídeos simpáticos) da paso a una actuación de Carlos Baute y Marta Sánchez y ojalá pusieran un plano fijo de las pizzas en su lugar. El rojo y el amarillo de las pantallas se funden convirtiéndose en azufre y sin duda el público está viviendo su propio infierno: una canción genérica, Marta Sánchez disfrazada de Paulina Rubio y una reacción exacerbada ante el hecho de que la concursante Marta se apellide igual que ella (se llaman Marta Sánchez, la coincidencia tampoco es para volarte la cabeza) construyen un momento tan surrealista que hasta la propia Ruth Lorenzo lo aprovecha para tuitear que qué tal nos está pareciendo la gala. Y lo hace con un gif de una mujer negra quitándose la peluca, confirmando que Rurth Lorenzo es un maricón. [Recuerden, estamos en OT, donde "maricón" no es un término ofensivo]

Antes de despedirse, Marta Sánchez (una mujer que nunca parece del todo convencida de ser historia viva de la cultura pop aunque sin duda lo sea) exclama "mucha suerte chicos" y suena asombrosamente intimidatorio porque Marta tiene la capacidad para tres cosas: ser involuntariamente graciosa, que se le haya quedado permanentemente la cara de aquel día en que unas adolescentes la confundieron con las Fifth Harmony y que todo lo que diga suene a amenaza de muerte. Pero. PERO. Marta y Carlos cantan Colgado en tus manos, probablemente la mejor canción de la historia, y su presencia en el programa queda justificada con creces.

También merece la pena esta gala por la cantidad de vídeos graciosos que incluye. Si hasta sale Miki componiendo al piano. ¿Entretenimiento y buena música? ¿Pero esto qué es? ¿OT 2017? Precisamente Miki canta Can We Dance con algo tan abstracto y facilón de escribir en una crónica como difícil de conseguir e instintivo de reconocer: rollo. Empieza tocando la batería en el aire (y lo hace más convincentemente que la chica que está tocando la batería detrás de él), se tira al público como si el público fuera su sofá y saca a pasear una vena del cuello que hace 35 años habría tenido tres rombos.

Alba canta Je Veux, la primera canción en francés que suena en OT desde que el año pasado se pasaran una semana entera avisándonos de que Agoney tenía un vozarrón y al final pues tampoco fuera para tanto, y se mete tanto en el momento que al acabar aplaude a los figurantes que han toqueteado instrumentos detrás de ella. Entonces aparece David Bisbal para cantar una canción que, digan lo que digan, es exactamente la misma que han cantado Marta Sánchez y Carlos Baute, acompañado de una muchacha llamada Greecy. En cuatro minutos, el público pasa de "esta chica se la han inventado" a "esta chica es una leyenda" porque Greecy lleva una riñonera. María observa alegre con cara de "luego tengo que preguntarle a esta chica si lleva costo", pero Greecy probablemente solo lleve horquillas en esa riñonera porque con las 20 que hay en su cabeza no tiene suficiente. David Bisbal, que en estos 17 años ha pasado de poner posturas épicas a directamente colocarse como si estuviera a punto de invadir Constantinopla, asegura que le divierte esta canción porque le recuerda a la música que hacía al principio de su carrera. ¿Perdón? ¿Pero qué música hace ahora? ¿Heavy metal?

Bisbal no solo legitima a OT como producto y como hito cultural español (es el concursante más perfecto, porque generó todos los contenidos que se pueden generar en OT) sino que sus manierismos, por irritantes que puedan resultar, no anulan la capacidad de su voz para emocionar a las masas. Aunque para emoción genuina la de todos los concursantes alegrándose por la favorita, Sabela, que la salva de una nominación segura que Joe, con su característica falta de clase, se asegura de señalar. Mucho más tacto tiene Ruth Lorenzo (aunque sus cejas estén en permanente posición de ir a insultar a alguien) cuando le pide "a Dios que te salve porque yo te voy a nominar" dirigiéndose a Famous. Y Dios (o lo que es lo mismo aquí, Noemí Galera) lo salva porque tiene mucho potencial y quizá deberían replantearse lo del potencial de Famous, porque estamos en la gala 8 y porque a lo mejor Famous ya ha tocado techo. Las nominadas son Marta y Marilia (a pesar de que María trata de hacer señas a sus compañeros para que salven a esta última) quienes, como sus predecesoras en Ella baila sola, están destinadas a separarse. Pero esta noche, de momento, los sapos han bailado flamenco: OT 2018 ha hecho una gala entretenida de principio a fin.

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