Helena Pimenta se despide de la CNTC con la gran tragedia de Lope

'El castigo sin venganza' es la última obra que dirige como responsable de la institución antes de su cese en agosto

Joaquín Notario, en una imagen promocional de 'El castigo sin venganza'.
Joaquín Notario, en una imagen promocional de 'El castigo sin venganza'.SERGIO PARRA

La presentación a la prensa este miércoles de la nueva producción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC), El castigo sin venganza, se convirtió también en un acto de despedida de Helena Pimenta al frente de la institución, pues esta es la última obra que dirige antes de su cese el próximo agosto, mes en el que concluyen los contratos de los responsables de todos los centros de creación escénica de titularidad estatal (dependientes del Ministerio de Cultura). “Puedo decir que en los ocho años que llevo al frente hemos conseguido consolidar los principales logros de las etapas anteriores y seguir creciendo tanto artísticamente como en número de espectadores”, afirmó con orgullo Pimenta sin detallar cifras, aunque prometió que antes de irse elaboraría los datos de evolución.

Lo cierto es que Pimenta se despide por todo lo alto. Todavía se respira en el Teatro de la Comedia de Madrid, sede de la institución, la euforia por el éxito logrado por la compañía en su debut en el Teatro Piccolo de Milán, gran templo del teatro europeo, donde la semana pasada ofreció cuatro funciones de La dama duende, con puesta en escena de la propia Pimenta. “Este es otro esfuerzo que hemos hecho en estos años: extender nuestro Siglo de Oro no solo a los países de habla hispana sino también a Europa. Y conseguir que les guste”, dijo la directora, recién llegada de Milán.

El otro gran motivo de euforia ayer era el inminente estreno en Madrid, justo dentro de una semana, de la gran tragedia de Lope de Vega, El castigo sin venganza, obra que Pimenta define como “desoladora, hermosa, magistral y espejo trágico de la condición humana”. Concebida en el ocaso de la vida y la carrera de su autor, se considera una pieza cumbre del Siglo de Oro español por la complejidad psicológica de sus personajes y la belleza de sus versos, en los que Lope volcó toda su maestría.

“Estamos ante la gran tragedia española. Una tragedia que no quiere serlo, como las grandes tragedias griegas, pues sus protagonistas se resisten durante todo el tiempo al dolor”, explicó Álvaro Tato, autor de la versión. “Pero la tragedia es inevitable y, pese a esa resistencia, Lope ofrece el final más salvaje, sanguinario y atroz del teatro español”, añadió Tato. Indudablemente, ¿qué peor final puede imaginarse que un hombre que mata a su hijo por haberse enamorado de su esposa?

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Sobre la firma

Raquel Vidales

Jefa de sección de Cultura de EL PAÍS. Redactora especializada en artes escénicas y crítica de teatro, empezó a trabajar en este periódico en 2007 y pasó por varias secciones del diario hasta incorporarse al área de Cultura. Es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.

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