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Restaurar un Nebra

Luis Antonio González recupera la ópera ‘Venus y Adonis’, de José de Nebra, en su 250 aniversario

El tenor José Pizarro y la soprano Aurora Peña con Luis Antonio Gonzalez dirigiendo desde el clave, ayer en Zaragoza.
El tenor José Pizarro y la soprano Aurora Peña con Luis Antonio Gonzalez dirigiendo desde el clave, ayer en Zaragoza.

No hablamos de un cuadro o una escultura, sino de una ópera. De un melodrama en español, titulado Venus y Adonis, y estrenado, a finales de 1729, en los teatros públicos madrileños con música de José de Nebra y libreto de José de Cañizares. También de un manuscrito musical ya conocido, aunque incompleto y lleno de erratas, que dormía en el Archivo Musical del jesuita Nemesio Otaño en el Santuario de Loyola. Incluso de un libreto, con algunos problemas de atribución, conservado en la Biblioteca Nacional de Madrid. Pero, sobre todo, hablamos de la ingente labor que conlleva trasladar unos papeles viejos y polvorientos del legajo de un archivo al atril de un auditorio para convertirlos en una magnífica velada de música. Luis Antonio González, investigador titular del IMF-CSIC, ha reconstruido esta ópera barroca española en conmemoración del 250 aniversario de la muerte de su compositor. Y acaba de dirigir su reestreno en forma de concierto al frente de su grupo, Los Músicos de Su Alteza, en el Auditorio de Zaragoza, que culminó sosteniendo en alto la partitura de este nuevo Nebra restaurado.

VENUS Y ADONIS

Música de José de Nebra. Con Olalla Alemán, Eugenia Boix, María Hinojosa, Aurora Peña, Marta Infante y José Pizarro. Los Músicos de Su Alteza. Dir.: Luis Antonio González. XXIV Temporada de Grandes Conciertos de Otoño. Auditorio de Zaragoza, 8 de noviembre.

Cuanta más música escuchamos de José de Nebra (Calatayud, 1702 - Madrid, 1768), más atrae desentrañar los detalles de su vida. La historia de ese muchacho de unos quince años que dejó Cuenca, donde su padre era organista en la catedral, para trasladarse a Madrid. Allí lo encontramos, en 1719, trabajando en el Monasterio de las Descalzas Reales y, poco después, como músico de la Casa de Osuna o elevado al prestigioso puesto de organista de la Capilla Real. Pero, por encima de todo, fascina el compositor que, con poco más de veinte años, ya figuraba entre los primores musicales de su tiempo. Lo podemos comprobar en la referencia publicada, en 1726, dentro de un opúsculo contra las ideas conservadoras de Feijoo, donde Nebra figura entre los principales cultivadores del estilo italiano, junto a Antonio Literes y José de Torres, pero también al nivel de compositores como Arcangelo Corelli, Tomaso Albinoni y Antonio Vivaldi. Ese prestigio, unido a su relación con la Casa de Osuna, le proporcionaron la oportunidad de participar, en 1728, en la composición de su primera ópera, un melodrama cortesano para los festejos nupciales del futuro Fernando VI con María Bárbara de Braganza titulado Amor aumenta el valor. Fue escrito en colaboración con los italianos Felipe Falconi y Jaime Facco, aunque el único acto conservado fue el redactado por Nebra.

Venus y Adonis es, por tanto, su segunda ópera. Consta de un acto de unos cien minutos y fue destinada, en este caso, para el ámbito público del Teatro del Príncipe, donde se estrenó, en noviembre de 1729, como segunda jornada de un espectáculo en tres partes titulado La Melodramma. Pero se repuso al mes siguiente, ahora ya en solitario y con el título de Venus y Adonis, en el Teatro de la Cruz. “La obra es una mezcla de elementos más modernos, relacionados con las zarzuelas de Nebra de la década de 1740 o su música religiosa tardía, junto a otros aspectos más tradicionales”, reconoce Luis Antonio González, que dirigió, en 2010, la única grabación de Amor aumenta el valor (Alpha).

El musicólogo aragonés explicó a EL PAÍS las particularidades de la obra, como ese fandango primigenio, “Cualquiera mozuela”, que canta la graciosa Celfa con un ritornello cromático. Pero también las dificultades de su restauración. “Tan sólo se han conservado las voces con el acompañamiento continuo y el cuaderno de los violines primeros”, puntualiza. Su reconstrucción orquestal incluye partes de violines segundos, violas, clarín, oboes y trompas, aunque suena perfectamente creíble. “Para reconstruir la instrumentación y las correcciones me ha ayudado que una aria se conserve completa dentro del pastiche La Dorinda, pero, sobre todo, tener una dilatada experiencia con la música de Nebra”, asegura.

La ópera reproduce la trama mitológica de Venus y Adonis, un tema con gran raigambre teatral e iconográfica en la España barroca. Pero también operística, pues la influencia del libreto de Calderón de la Barca para La púrpura de la rosa determina la inclusión del personaje de Celfa. La obra dispone la habitual alternancia de recitativos y arias, salpicadas por algún dúo y enmarcadas con cuatros al principio y al final. Los personajes serios se combinan con la habitual pareja de graciosos que añaden el matiz picante y divertido en este drama de la muerte de Adonis en brazos de su amada Venus. Para su estreno en versión de concierto se optó por ubicar un descanso en la mitad, pero la obra ganaría mucho con su representación continua.

Nebra eleva musicalmente su ópera con la aparición de Adonis cantando el aria "Ay, Venus bella", admirable en la voz de Eugenia Boix. En adelante, todas las arias de este personaje están entre lo mejor de la ópera, como "Silbo del aire veloz", convertida en un duelo con un clarín bajo el ventear de los violines. Y, especialmente, el clímax dramático e intimista de "Adios, Venus bella" acompañado por pizzicatos que fue lo mejor de la noche con Boix como protagonista. Olalla Alemán encaró con admirable determinación, como Venus, las arias más difíciles de la ópera. María Hinojosa fue un Marte incisivo y Marta Infante, como Cibeles, aportó el tono borrascoso ideal para otra de las mejores arias de la ópera: “Ya de la nube de la montaña”. La pareja de graciosos, Celfa y Clarín, completaron un reparto sin fisuras con las voces y dotes dramáticas de Aurora Peña, que destacó en su referido fandango, y José Pizarro con su procaz “aria del conejo”. La actuación de la orquesta de instrumentos de época de Los Músicos de Su Alteza, que fue a más en la segunda parte, hizo realidad la instrumentación colorista y creíble de este Nebra restaurado por su director.

Venus y Adonis volverá a sonar de nuevo, el próximo 18 de noviembre, en el Auditorio Nacional de Madrid, dentro del ciclo Universo Barroco del CNDM.

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