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Bajo el signo de la noche

El CA2M llena sus tres plantas con una exposición que se adentra en las tripas de un Madrid subterráneo con artistas de nuevo corte generacional

Yabba (2018), obra de María Jerez en el CA2M. Ampliar foto
Yabba (2018), obra de María Jerez en el CA2M.

Para celebrar el décimo aniversario del Centro de Arte Dos de Mayo y dar una idea de conjunto del panorama contemporáneo local, el gran espacio madrileño de arte contemporáneo en Móstoles propone “un largo viaje hacia la noche”, en una exposición de 58 artistas comisariada por Beatriz Alonso y Carlos Fernández-Pello. Como es inevi­table al reunir a tantos artistas cuya voz tiene que limitarse a una presencia escueta, el interés de Querer parecer noche reside menos en el valor autónomo de cada pieza, aunque muchas —la mayoría procedentes de las dos colecciones del museo, otras encargadas ex profeso para la ocasión— tengan una presencia potente y sean emblemáticas de su creador, que en los reflejos que cada una brinde a las de su entorno. Entre las que mejor juegan con el espacio y destacan por su madurez está la tráquea-columna entre artificial y orgánica, afirmativa de sí misma (okokokok), de Teresa Solar Abboud; el dintel de cerámica falsamente románico, con suaves protuberancias, de Elena Alonso, y el onírico vídeo de Alex Reynolds, a la vez realista y fantasmal.

La exposición entera converge en el patio central, ocupado por Yabba como closing time de la fiesta: María Jerez ha transformado en pieza una performance que se pudo ver el año pasado en Matadero. Cuando se activa ese conjunto de sedas de colores brillantes y lentejuelas, respira y puede hincharse hasta los ocho metros de altura como un zepelín ondulante de connotaciones sensuales y sexuales, de formas fálicas y de rincones, pliegues, brillos y columnas de humo.

El título de la colectiva, Querer parecer noche, alude al espíritu festivo propio de la juventud y a la edad de oro madrileña de la movida, que estaba directamente relacionada con la noche, y a una cierta condición nocturna que el CA2M ha detectado también como característica del joven arte local, según viene reflejando en el ciclo de veladas Los estudios de la noche. Aquí esa condición noctámbula se expresa a toda potencia ordenándose las piezas de la exposición desde la cuarta y última planta hasta el subsuelo en un lento descenso, festivo y de perfiles confusos, hasta la disposición de algunas piezas que en el subsuelo aluden a las luces de discoteca y los neones en la oscuridad…

Muchos de los artistas han participado hiperactivamente en el movimiento del 15-M

Como característica de estos artistas madrileños (en un sentido laxo e inclusivo), el director del CA2M, Manuel Segade, señala que muchos han participado “hiperactivamente” en el 15-M, pero a diferencia de las generaciones previas que articularon la escena del arte en los años noventa y que tenían una voluntad directa de activismo, de enfrentamiento sin metáforas, se inclinan por la representación en el trabajo del arte y una mayor distancia con lo político. “Esto es un fenómeno interesante porque no creíamos que alentase en Madrid.” En cuanto a procedimientos, muchos comparten el rasgo común de recurrir a los materiales encontrados.

La referencia a la fiesta y al juego está dispersa por todo el espacio; me pareció que de una forma especialmente divertida y juguetona en los garabatos o la “escritura automática” que ha dibujado un médium en trance en respuesta a las preguntas que el artista —Fermín Jiménez Landa— le hacía al espíritu de Félix Rodríguez de la Fuente, el famoso naturalista e influyente divulgador televisivo de El hombre y la tierra. O en el área de geomancia y las grageas de Javier Fresneda que contienen (supuestamente) una pizca de polvo de ruinas mayas pulverizadas y encapsuladas, y que el visitante puede llevarse y consumir en casa, oficiando una ceremonia de simbólica comunión con la cultura de Mesoamérica…

Veinte de los artistas participantes han creado piezas específicas para la exposición, otros han adaptado obras anteriores. La mayoría nacieron en torno a 1970 y el más joven es de 1990. Les acompañan, por motivos de discurso, de referencia histórica o de paralelismos sugestivos con la creatividad contemporánea, una docena de joyas de las colecciones del centro, y en algún caso prestadas, de figuras mayores ya consagradas por el canon como Palazuelo, Valdelomar, Calder, Maruja Mallo; un miró cuya simbología y colores juegan admirablemente con las piezas de Antonio Ballester Moreno (Madrid, 1977), y algunas delicias de collage kitsch de Gregorio Prieto. Resulta estupendo reencontrar aquí y allá sus figuras tutelares.

Es una muestra de energía y de variedad exaltantes, inabarcable en una visita, cuya alegría invita a volver

Reforzando esa conexión entre la tradición y la actividad artística de ahora, Cristina Garrido ha encomendado a Román Blázquez, uno de los copistas autorizados más antiguos del Museo del Prado, que pinte una serie de “vistas” de la exposición que a su vez se incorporarán a esta.

En fin, estas que acabo de mencionar, piezas, cosas, gestos, son algunas de las que a mí me gustaron más en un primer vistazo a un conjunto desbordante de energía y de variedad exaltantes, inabarcable en una sola visita, cuya alegría invita a volver.

‘Querer parecer noche’. Centro de Arte Dos de Mayo. Móstoles (Madrid). Hasta el 27 de enero de 2019.