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El libro se abre en Fráncfort a África y al sudeste asiático

La mayor feria literaria mira más allá del estancamiento de los mercados tradicionales

La autora Chimamanda Ngozi Adichie en la presentación ayer de la 70º Feria Internacional del Libro de Fráncfort.rn
La autora Chimamanda Ngozi Adichie en la presentación ayer de la 70º Feria Internacional del Libro de Fráncfort. Efe

“Negocio maduro” es el eufemismo. Con crecimientos que, cuando existen, no alcanzan en sus territorios ni el 2% (el sector en España facturó un 0,1% más en 2017 que el año anterior), los editores estadounidenses y europeos andan desesperados por encontrar nuevos mercados. Y estos están en áreas emergentes en África, Sudeste Asiático y, con altibajos y casuísticas particulares, América Latina. Por si el desafío no fuera de envergadura, una sombra no para de agigantarse: el incremento del populismo. Todo ello se hizo palpable ayer en la inauguración de la 70ª edición de la Feria del Libro de Fráncfort, la más grande del mundo, en cuya apertura oficial conjuró sus temores con la elección de la reivindicativa escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie.

A excepción de China, los grandes mercados del libro (EE UU, Alemania, Francia, Gran Bretaña y Japón) se han deshinchado desde 2008. A principios de este año, los alemanes, lectores donde los haya, cifraban en seis millones de compradores de libros que han desaparecido entre 2012 y 2016, reduciendo los potenciales interesados a poco más de 30 millones.

En ese contexto, la feria ha rectificado rápidamente su rumbo: en una década, ha mutado las cifras y ahora ya el 65% de los casi 7.300 exhibidores de 102 países presentes este año provienen de fuera de Alemania. En esa línea, por vez primera la feria acoge un programa específico sobre el mercado del libro africano. Y como todo aquí, a lo grande: una veintena de actividades y 34 sellos y decenas de escritores de 19 países, desde Angola o Etiopía, a Cabo Verde. No hay mercado pequeño.

Pero para potencial económico, el del Sudeste Asiático, que tendrá a su vez otro foro específico. Son, calculan los editores occidentales, una decena de países, con un público potencial de 600 millones de personas. Cierto: no hay gran demanda de libros electrónicos y la implantación de los audiolibros es baja (la piratería hace daño), pero la población es muy joven, la tecnología les interesa y el hambre por aprender y mejorar su estatus socioeconómico es imparables.

En la cabeza de todos está la decisión, esta misma semana, del grupo Penguin Random House de abrir Penguin Books Singapur, con objetivos claros: cabeza de puente del cuarto grupo mundial (bajo el paraguas de Bertelsmann) y publicación de 50 títulos al año, también con autores locales. Se une ello a la compra, en junio, de Hind Pocket Books, veterano y prestigioso sello indio. Para remachar el clavo, casualidad o no, Kuala Lumpur ha sido escogida por la Unesco como capital mundial del libro en 2020. “Es muy importante escuchar otras voces; debemos invertir como industria para que estas voces sean accesibles”, aseguró el presidente y director de la Feria de Fráncfort, Juergen Boos, mezclando tácitamente cultura y derechos humanos con negocio.

Diversos debates se centrarán en la libertad de expresión, especialmente en Europa, en una feria que tiene en Georgia a su país invitado (33 letras en su abecedario y Medea como primer personaje literario originario, pero ocupada un 20% por Rusia, según reivindica la delegación).

El discurso de Boos no pudo encontrar mejor interlocutor que Adichie. La autora de Americanah o Todos deberían ser feministas empezó relativizando con sensibilidad su papel de activista (“no lo soy porque vengo de un país donde serlo es poner en peligro tu vida”), mezclando su biografía con el compromiso (“me gustaba ir de pequeña a la iglesia hasta que cambiaron al cura y empezó a meterse con las mujeres y su ropa; nos trataba como cuerpo, no como personas”) y mojándose: “Como escritora, estoy comprometida con el arte; como ciudadana, con la verdad y la justicia”.

En 70º aniversario de la feria coincide con la misma efeméride de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU. Boos aseguró que “aquí debemos permitir el debate; forma parte de nuestro ADN”. También está en su ADN el negocio: el área de agentes literarios ha crecido hasta las 528 mesas (5% más), de 358 agencias de todo el mundo.

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