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Premio a una periodista silenciada

Ana Romaní defiende una televisión pública libre de tiranías de mercado

Ana Romani
La periodista Ana Romaní, el pasado martes en Santiago de Compostela.

Decenas de trabajadores tomaron el pasado 28 de septiembre los pasillos de la Compañía de la Radio y Televisión de Galicia (CRTVG) con su rostro oculto tras una careta de mujer. Todos eran Ana Romaní, la emblemática profesional de la cadena autonómica que acaba de recibir del Ministerio de Cultura el Premio Nacional de Periodismo Cultural. La distinción llega a la vida de esta periodista y poeta en forma de paradoja. Después de 28 años en antena, los directivos de la empresa dependiente de la Xunta acaban de retirar el prestigioso programa cultural diario que ella creó y dirigía desde 1990 y que le ha valido el galardón.

“Sé que es un premio a mi trayectoria y que tiene mucho que ver con mi resistencia y pasión por la cultura y la información cultural, pero para mí el valor añadido que tiene es esa dimensión colectiva, porque llega en un momento en el que el conjunto de trabajadores de la Radio Galega estamos movilizados pidiendo que se cumpla la ley”, subraya Ana Romaní Blanco (Noia, 1962) sobre los meses de protestas que acumulan los medios autonómicos contra la manipulación de los informativos por parte del PP y el incumplimiento de las medidas de despolitización que recoge una ley aprobada por el Gobierno gallego hace siete años.

Movilización en CRTVG en apoyo a Romaní, en una imagen cedida por la plataforma Defende a Galega.
Movilización en CRTVG en apoyo a Romaní, en una imagen cedida por la plataforma Defende a Galega.

Mientras repite que no quiere “ser símbolo de nada” y reivindica la “movilización colectiva y horizontal” de sus compañeros, Romaní defiende un periodismo cultural reflexivo, “indagatorio”, plural y salvaguardado de los “parámetros que miden la eficacia y la utilidad”. Esos principios son de más fácil cumplimiento en los medios públicos, admite, aunque “lo deseable” es que también se respeten en los privados. “La información cultural no es una demostración de saber, sino el deseo de vivir interrogándose”, explica. “Es una materia sensible que no debe estar sometida a las dinámicas del mercado con todas sus tiranías”. Frente a ese ideal, entre los peligros que acechan actualmente a los informadores culturales cita las “redacciones vacías”, los espacios “cada vez más reducidos”, “la cultura perdida entre las agendas de ocio y espectáculos”, la reiteración de “lugares y tópicos” y la “reproducción de promociones y notas de prensa como si de información se tratase”.

Durante casi 30 años Romaní dirigió cada mediodía en la Radio Galega el Diario Cultural, un espacio de 50 minutos, con una estética radiofónica diferenciada y vocación experimental, que además de informar sobre la pluralidad de la cultura gallega contemporánea impulsó iniciativas propias como un premio de teatro radiofónico o De Cantares hoxe, una gran antología sobre los versos de Rosalía de Castro en la que participaron 36 poetas. Entre 2005 y 2009 llegó a tener cinco redactores y diez críticos especializados en distintos ámbitos, pero a partir de ahí los recursos fueron menguando. “Estoy recibiendo mensajes de la audiencia que por sí solos justifican estos años de trabajo”, afirma con nostalgia.

El programa fue retirado en septiembre por la dirección de CRTVG entre protestas de personalidades de la cultura y el periodismo, y sustituido, bajo el mismo nombre, por un formato troceado de noticieros culturales que ya no dirige Romaní. Ella, que llama a la ciudadanía a defender los medios de comunicación públicos como la educación y la sanidad, dice no compartir “ni los criterios ni los objetivos” del nuevo espacio. La información cultural, subraya, no es solo una cuestión de tiempo de emisión, sino “de enfoque, de línea narrativa, de lenguaje, de análisis, de debate, de coherencia y de la dignidad con la que se trata a la audiencia”: “El periodismo exige estar siempre vigilante de lo que haces y a quien sirve. Esta movilización [en la radio y televisión de Galicia] pone de relieve que los trabajadores están preocupados por la función social de su trabajo. Somos muchos y muy diversos”.

Además de “su constante trabajo de promoción de la cultura y de la radio con formatos propios", el jurado del Premio Nacional de Periodismo Cultura destaca de la periodista gallega "su visión de feminismo crítico y compromiso social". De la ola violeta que recorre hoy en día una parte del planeta, Romaní espera no solo que las mujeres ocupen los mismos espacios de participación que los hombres sino un “cambio social, otro mundo”. Ya lo dice uno de sus poemas: “Non queremos un sitio, queremos outro lugar” (No queremos un sitio, queremos otro lugar).

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