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La cartografía a color de un fotógrafo ‘amateur’

El Museo Reina Sofía abre su temporada con la primera retrospectiva fuera de su país del italiano Luigi Ghirri, fallecido en 1992

'Salzburg' (1977), una de las fotografías de la exposición en el Museo Reina Sofía. Ver fotogalería
'Salzburg' (1977), una de las fotografías de la exposición en el Museo Reina Sofía.

Después de años mirando por el visor para cartografiar territorios y delimitar espacios, Luigi Ghirri (Scandiano, 1943-1992) decidió dejar la topografía para dar el paso a la fotografía, en 1970, con 27 años. Empezó por los entornos urbanos de Módena y de la región de Emilia-Romaña, con primeros planos de superficies y personas retratadas de lado o de espaldas. Después, amplió el foco para hacer fotomontajes, fotografiar a personas que miran imágenes y también vallas publicitarios delante de paisajes que, retratadas frontalmente, toman la ambigüedad del trampantojo. En ocasiones, ese juego compositivo entre realidad y ficción adquiere un punto de ironía. Una de sus máximas fue: "Mi intención no es hacer fotos, sino planos y mapas que se conviertan en fotos".

Al final de los años setenta, Ghirri, que de formación era aparejador, acumuló un corpus de miles de imágenes, siempre en color y en pequeño formato, de la que el Museo Reina Sofía muestra una amplia selección en El mapa y el territorio, la exposición con la que el centro abre su nueva temporada y que constituye la primera gran retrospectiva de este autor fuera de Italia. “Ghirri no es muy conocido”, ha reconocido en la presentación el director del Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, “pero tiene el interés de que, tras el neorrealismo, trabaja en color porque el mundo es en color, como él decía”. A pesar de que esta clase de fotografía era despreciada porque se asociaba a la publicidad y a lo que podía hacer cualquiera con una cámara. Lo serio era el blanco y negro.

Ghirri "introduce un elemento amateur y también uno conceptual", ha añadido Borja-Villel. Unos rasgos que se aprecian en sus imágenes, que recuerdan a la fotografía popular. De hecho, Ghirri trabaja lejos de los centros artísticos y de ceja alta de su país. Lleva a revelar las imágenes de su pequeña Canon a estudios de barrio, como cualquier paisano. En 1978, publica su principal libro, Kodachrome, considerado uno de los más importantes de la década en Italia, y un año después monta su primera gran exposición, Vera Fotografia (Fotografía auténtica), en Parma.

El comisario de la exposición, James Lingwood, ha destacado el carácter autodidacto de Ghirri. “No estudió fotografía, aunque posteriormente escribió ensayos sobre este arte. Él se movía por los lugares que conocía, en lo que llamaba 'viajes mínimos’, como un fotógrafo de fin de semana". Su obra la desarrolla en una Italia convulsa, en la que los suburbios se expanden y la industria declina.

El recorrido por la muestra, abierta al público del 26 de septiembre al 7 de enero, suma unas 250 imágenes y “14 grupos temáticos”, series que normalmente dejaba abiertas. A su interés por las arquitecturas efímeras y por tomar fotos de representaciones del mundo, como mapas o carteles, sumó un divertido trabajo, In escala. Son imágenes de un parque de atracciones de Rímini compuesto por versiones reducidas de monumentos de toda Italia, con los que jugó con los turistas que pasaban o se retrataban en ellos, convirtiéndolos en miniaturas. Un punto kitsch que “hace que Ghirri encarne una modernidad cercana”, añadió Lingwood. Ese mundo de apariencias visuales “que propuso de una manera delicada, es muy actual porque adelantó lo que hoy vivimos a través de los medios y de ese tsunami del narcisismo que es Instagram".

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