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Los Hermoso de Mendoza, ante su primer mano a mano en San Sebastián

El rejoneador abre su finca a EL PAÍS en vísperas de torear por primera vez seis toros en una plaza de primera con su hijo

El rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza (derecha) junto a su hijo Guillermo, en su finca de Estella, el pasado 30 de julio.
El rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza (derecha) junto a su hijo Guillermo, en su finca de Estella, el pasado 30 de julio.

Los Hermoso de Mendoza forman una saga de rejoneadores; toreros a caballo prefieren definirse ellos. Pablo, el padre, una figura que ha tocado el cielo en esta especialidad taurina, comparte apellido y profesión con Guillermo, su hijo, que acaba de tomar las riendas y quiere seguir la misma senda de triunfos. Los 29 años de carrera del primero se acompasan ahora con la incipiente trayectoria del descendiente. “Me estoy viendo reflejado en él y me está sirviendo para pulir muchos aspectos de mi trabajo con los caballos. Me identifico con los errores que cometía en mis inicios y nos sirve para ir perfeccionando ambos", comenta la leyenda. Pablo y Guillermo Hermoso de Mendoza, que acaban de firmar una tarde redonda en su Estella (Navarra) natal, premiados con cuatro orejas y un rabo cada uno, van a protagonizar un cartel inédito este sábado en San Sebastián. Un mano a mano entre ambos, la primera vez que torearán los seis toros de la lidia en una plaza de primera.

En la finca estellesa de Zarapuz se ultiman estos días los preparativos para una cita histórica. "Es todo un reto. Estoy presentando en público a mi hijo. Me apasiona esta etapa de mi vida". La familia Hermoso de Mendoza abre la puerta grande de Zarapuz a EL PAÍS. "Esta es mi obra: aquí están los caballos que yo he creado. Es una de mis mayores satisfacciones", confiesa Pablo. Es un remanso de prados donde pastan y se entrenan los equinos, un campo abierto a los pies de Montejurra donde también se dedican a la crianza de ganado bravo. Un complejo con dos picaderos, una plaza de tientas, las cuadras, los corrales para las yeguas y los potrillos, un almacén para piensos, además de la residencia familiar, conforman el universo donde el número uno del toreo a caballo ve nacer, cuida, doma y forma a sus animales.

Los Hermoso de Mendoza practicando en Estella
Los Hermoso de Mendoza practicando en Estella

Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2016, con más de 2.500 corridas a sus espaldas, Hermoso de Mendoza asegura a sus 52 años que siempre se ha sentido torero: "Soy torero,  montado a caballo, pero torero". Está inmerso en una temporada especial porque ya se codea en las plazas con su hijo. Son el presente y el futuro del rejoneo. "No queríamos que Guillermo fuera un niño torero y que empezara su carrera sin cumplir los 18 años. De repente, en un solo año, hemos visto que tiene la madurez necesaria para enfrentarse a un oficio muy exigente, siempre expuesto al juicio del público y con un componente de peligrosidad".

Guillermo, que este mes cumple 19 años, ha completado el pasado invierno la primera gira por México, donde su padre es idolatrado. El joven celebró en mayo su mejor actuación hasta la fecha, saliendo por la puerta grande del anfiteatro romano de Nimes (Francia) ante 15.000 personas. "Estoy muy ilusionado porque las cosas han ido muy bien en México, pese a que fui allí con apenas cuatro corridas aisladas", afirma. Su estirpe y el aprendizaje que ha acumulado al lado del maestro garantizan un porvenir muy prometedor, porque, como añade Pablo, "en casa ha conocido grandes caballos que han toreado mucho, ellos le han marcado mucho y son sus auténticos maestros del toreo. Posiblemente por todo eso, a él se le va a exigir mucho más que a mí cuando comencé".

Los Hermoso de Mendoza, ante su primer mano a mano en San Sebastián

"Guillermo me supera con creces en el entendimiento del toro. Yo he sido y soy tan apasionado del caballo que el toro me parecía algo secundario, siempre quise solventar todos los problemas con las riendas. Él es más analista del toro y ve más rápido cómo le puede embestir el astado". Pablo hace esta descripción de su hijo mientras el resto del equipo se dedica a alimentar, bañar, herrar, peinar y vigilar la salud de los animales. El rejoneador interrumpe el entrenamiento para mostrar orgulloso su cuadra de corceles —"ahora tenemos unos 50 caballos y otras tantas yeguas"— de entre los que destaca uno: "Acordaos de este nombre, Lancelot. Es un potro de tres años y es uno de los mejores que yo he criado. Las sensaciones que te da no la consigues con caballos que llevo montando 10 años. Tiene equilibrio, elasticidad, resistencia, se desliza como una bailarina. Lo puedes poner a mil por hora, pero si se lo pides, se calma al instante. Si me tengo que montar en un caballo es en este. Lancelot es el que más futuro tiene, aunque habrá que ver cómo responde delante de un toro".

Lancelot se podría unir a una larga de caballos míticos con los que ha toreado Pablo Hermoso de Mendoza. Chenel, Mazantini, Gallo o Labrit, entre otros muchos. Y por encima de todos ellos, el más grandioso, Cagancho. La carrera del torero no podría entenderse sin su compañía: "Lo compré en 1990 al criador portugués Brito Paes por unos 1.500 euros de entonces. Era un potro torpe, sin mecánica, pero era barato y entonces no tenía dinero".

Los Hermoso de Mendoza, ante su primer mano a mano en San Sebastián

Cagancho, debutante en 1993, experimentó de repente una progresión extraordinaria, y sería aclamado en todas sus actuaciones, eclipsando incluso a su jinete. Fue tal el boom, que llegó a ser una pieza de deseo del cartel de Medellín. Hermoso de Mendoza cuenta así el día en que estuvo a punto de perderlo para siempre: "El narco [colombiano] Fabio Ochoa vio actuar a Cagancho en una televisada en 1994 y se encaprichó de él. Envió a Estella a un sicario con la única misión de comprar el caballo a toda costa. Me ofreció todo el dinero del mundo, cueste lo que cueste. Yo estaba tieso entonces y le ofrecí otros caballos, pero quería a Cagancho. Todo tiene un precio en esta vida, me dijo. Pídeme lo que quieras, dime una cantidad que me asuste. Dime una locura de dinero y yo te daré el doble. No le puse precio y esa fue mi suerte. Cuando se marchó me dijo: 'Tienes caballo porque no has dicho una cifra".

Cagancho era un patito feo, pero empezó a gustar al público y acabó siendo "brillante toreando". "Toda mi fama se fue canalizando a través de este caballo. Me ayudó a camuflar mi timidez, porque el protagonista era él", afirma. Hermoso de Mendoza cruzó la puerta grande de las mejores plazas (Madrid, Sevilla, Pamplona o México) a lomos de él, hasta que lo retiró con 15 años en 2002. En Estella fue despedido dos años después, pero ese día corrió por la plaza sin montura y con un pañuelico rojo al cuello. Después vivió "como un marqués" en Zarapuz hasta su fallecimiento, en agosto de 2015.

Los dos rejoneadores desplazan ahora entre 18 y 20 caballos cada vez que torean en la misma plaza, como es el caso de su participación en San Sebastián. Janucá, Berlín, Disparate o Pirata van a las órdenes del padre; Jíbaro, Extraño Napoleón o Ágora son dirigidos por el hijo. En la finca de Zarapuz todo está a punto para mantener viva la leyenda del toreo a caballo.