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¿A qué suena Dinamarca?

El festival La Mar de Músicas de Cartagena ofrece una muestra de los sonidos del país nórdico

De izquierda a derecha, Kasper Ejlerskov de Wangel, Michael Blicher de The KutiMangoes, Eivør Pálsdóttir, Tomas Høffding de WhoMadeWho, Kim Nyberg de Affenginn, Martin Højland de Den Sorte Skole y Thorbjørn Radisch de Bisse.
De izquierda a derecha, Kasper Ejlerskov de Wangel, Michael Blicher de The KutiMangoes, Eivør Pálsdóttir, Tomas Høffding de WhoMadeWho, Kim Nyberg de Affenginn, Martin Højland de Den Sorte Skole y Thorbjørn Radisch de Bisse. EL PAÍS

Ni siquiera Aqua y su pesadísima Barbie Girl consiguieron posicionar a Dinamarca en el mapa sonoro internacional. Cuando Thorbjørn Radisch de Bisse pregunta qué bandas danesas conoce el periodista, apenas logra balbucear The Raveonettes, MØ, Iceage y Trentemøller. Radisch es uno de los músicos del país nórdico que, junto a Den Sorte Skole, WhoMadeWho, Eivør, Affenginn, Wangel y The KutiMangoes, atienden a EL PAÍS en el soleado patio del centro cultural Alice de Copenhague, celebrando que actúan del 20 al 28 de este mes en el Festival La Mar de Músicas.

Sería temerario afirmar que pertenecen todos a una misma escena pero sí comparten cierta actitud crítica con la imagen perfecta de su país idílico, rubio y sonriente. Una sociedad envuelta en sostenibilidad y diseño, que asciende cada año hasta lo más alto del Informe Mundial de la Felicidad de la ONU. Martin Højland, del dúo electrónico Den Sorte Skole, opina: “Somos muy afortunados pero el precio que pagamos por tener un gran sistema del bienestar es que nuestro arte ni arriesga ni es relevante, todo el mundo aquí es muy complaciente y la música es suave y fácil de digerir”.

Kim Nyberg de Affenginn, con rastas y pies descalzos, se muestra más optimista: “Poco a poco, aumenta nuestra capacidad de rebasar fronteras, tanto captando público como influencias”, y apunta que “en el caso de la música tradicional, la clave es cambiar el folclore purista por la tradición viva”. Nyberg es de origen sueco y su brass-band de inspiración balcánica navega por el folk con letras en un lenguaje inventado que denomina street latin.

Lorca y la estela española

¿Qué saben los músicos daneses reunidos para este reportaje de la música española? “Me gusta mucho Ojos de Brujo”, señala Kim Nyberg, mientras el resto cita al dj barcelonés John Talabot.

Al menos, Michael Blicher conoce bien Andalucía, donde —al igual que tantos daneses— pasa largas temporadas la líder de su grupo favorito, las leyendas del rock sicodélico The Savage Rose, que estarán el 25 de julio en Cartagena. Annisette Koppel, de 79 años, única superviviente de la formación original, mantiene intacto su compromiso con el rock y las causas sociales, y lleva su directo a cárceles y campos de refugiados. Responde desde su retiro en el Mediterráneo: “En 1970 rechazamos un contrato de RCA porque exigía tocar en Vietnam para los soldados americanos”. La estela española en The Savage Rose se hace evidente en la adaptación de la Nana del caballo grande (Bodas de sangre) de Lorca que hicieron para el disco En vugge af Stahl, las canciones de la Guerra Civil recogidas en su Ild og Frihed o en “los temas de Universal Daughter” que grabaron “en una montaña a 70 kilómetros de Madrid”.

La vocalista y compositora Eivør Pálsdóttir es un buen ejemplo de cómo exportar el sonido danés. Procedente de las islas Feroe, ha colocado sus canciones épicas en series y videojuegos en todo el mundo. “Lo mejor de aparecer en una producción como Juego de tronos o The Last Kingdom es que tu tema adquiere otra perspectiva y una nueva voz, añadiendo emoción a las escenas. Y lo mismo con videojuegos como God of War, ¡es alucinante!”. Es una mujer exitosa en un sector todavía dominado por hombres: “Cuando empecé, con 12 años, no había chicas pero ahora hay cada vez más y eso me encanta”.

Su paisano feroés Kasper Ejlerskov, miembro de Wangel, describe el archipiélago de islas volcánicas del Atlántico Norte como “un lugar inspirador que, gracias a la navegación, se ha enriquecido con influencias preciosas de múltiples estilos que quizá no han penetrado de la misma manera en Dinamarca”. Las melodías hipnóticas y voz profunda del cantante Peter Wangel, se encuentran en las antípodas del ritmo bailón de The KutiMangoes, que él nombra como su grupo danés favorito ante la sorpresa de su líder, Michael Blicher, sentado a su vera.

The KutiMangoes personifican al dedillo la etiqueta de música global, con un álbum titulado Made in Africa grabado en Burkina Faso y Mali, que les llevó a los Danish Grammy Awards y se completa con la película Bamako Play, ganadora del premio a mejor documental de género en el Festival de Nueva York. Blicher, saxofonista de la formación, considera que la apertura al exterior es forzosa: “Somos un país pequeño, no como Cuba o Brasil donde la cultura es tan grande que no necesitas buscar fuera”. “Aquí decoramos nuestras casas para no salir de ellas, pero en el sur de Europa la gente está en la calle abierta a descubrir nuevas bandas”, añade.

Se suman al debate sobre la idiosincrasia del melómano ibérico Martin Højland (Den Sorte Skole) y Thorbjørn Radisch (Bisse), el primero para sentenciar que “en España si pagan aunque sea ocho euros por ver un espectáculo se callan y disfrutan del concierto, no como aquí” y el segundo sugiriendo que “los españoles son obedientes, como los franceses o los italianos, mientras que los daneses somos más de cuestionar a las autoridades”. Ambos se muestran emocionados por participar en la XXIV edición de La Mar de Músicas junto a Rubén Blades, Morcheeba, Gregory Porter, The Human League, Salvador Sobral o la banda de un solo éxito Inner Circle (en efecto, los de A La La Long).