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Hallado un guion perdido de Stanley Kubrick que adapta una novela de Stefan Zweig

Un profesor encuentra el texto con el que el cineasta reelaboró 'Ardiente secreto', del autor austriaco

El material está en fase muy avanzada, según 'The Guardian'

Stanley Kubrick, en el rodaje de '¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú', en 1964.
Stanley Kubrick, en el rodaje de '¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú', en 1964. Getty Images

Nathan Abrams entró en Facebook hace una semana. Como cualquier otro día, el profesor consultó los mensajes no leídos. Y, de golpe, se encontró un tesoro: había recibido un trozo perdido de la historia del cine. Como experto de Stanley Kubrick, sabía que el cineasta había escrito un guion, en 1956, para adaptar al cine la novela Ardiente Secreto,publicada en 1913 por otro genio, el novelista austriaco Stefan Zweig. Pero Abrams también conocía el epílogo de esa historia: el proyecto nunca cuajó y el texto, como otros muchos intentos fallidos del director, se volatilizó. “Lo buscamos en los archivos de Kubrick, de los estudios MGM, pero nunca apareció”, relata a este periódico por teléfono. Hasta que, seis décadas después, brotó justo en su buzón de entrada.

“Me escribió el hijo de un antiguo colaborador de Kubrick, que tenía el guion. Lo encontró entre los papeles de su padre, que en su momento iba a trabajar en el proyecto, y lo había conservado”, agrega Abrams. Profesor de cine en la Universidad de Bangor (en Gales), y autor de varios libros sobre el director, ni él logró contener el entusiasmo: “No me lo podía creer”. Kubrick y Zweig, el cineasta visionario y el maestro literario, volvían a juntarse. Ardiente secreto salía del letargo para reclamar los focos, tal y como adelantó The Guardian. ¿Y un rodaje?

“Es un guion completo, de más de cien páginas. No me atrevo a decir que fuera la versión final, ya que Kubrick solía cambiarlas constantemente, pero sí podría filmarse”, asevera Abrams. Reconoce que el dueño del guion pretende venderlo, pero que aún no ha recibido ofertas. Aunque cuesta creer que no empiecen a llover. Con solo 13 largos estrenados, Kubrick está considerado uno de los mejores creadores de la historia. El resplandor, La chaqueta metálica, 2001: Una odisea en el espacio, Espartaco o La naranja mecánica le avalan para la eternidad. Así que el proyecto número 14 puede valer fama, gloria y millones. Además de regalar una enorme alegría al público cinéfilo.

En Ardiente secreto, Zweig cuenta la historia de un joven barón que, de vacaciones en la localidad austriaca de Semmering, trata de sacudirse del aburrimiento intentando seducir a Matilde, una mujer judía. Para acercarse a ella, el aristócrata entabla primero amistad con su hijo Edgar, de 12 años. En la versión de Kubrick —coescrita con el novelista Calder Willingham y fechada el 24 de octubre de 1956— la trama se traslada de Austria y la Primera Guerra Mundial a los EE UU de los cincuenta. El guion modifica el lenguaje y los personajes. El barón se convierte en un depredador sexual, en la treintena, muy fascinante. El niño pasa a llamarse Eddie. Y así es como el texto introduce a su madre: “No muy lejos vemos a una mujer atractiva, descansando en una tumbona. Esta es Virginia Harrison”.

Zweig en las pantallas

Entre cine y televisión, los libros de Stefan Zweig han inspirado más de 80 proyectos, según la web IMDB.

‘Carta de una desconocida’ fue adaptada a la gran pantalla por Max Ophüls en 1948. La cineasta china Xu Jinglei dirigió una segunda versión en 2004.

‘24 horas en la vida de una mujer’ es el libro de Zweig que más ha fascinado a los directores. Entre otras adaptaciones, las de Robert Land (1931), Victor Saville (1952), o Dominique Delouche (1968).

‘Miedo’ fue llevada al cine por Roberto Rossellini en 1954, con Ingrid Bergman.

Adulterio

“La adaptación mantiene el interés de la novela por el matrimonio, el adulterio y la manipulación, temas que siempre fascinaron a Kubrick”, dice Abrams. El profesor considera Ardiente secreto algo así como “Lolita al revés”. En el libro de Nabokov, que Kubrick llevó al cine, el protagonista se casa con una mujer para acercarse a su hija adolescente. Aquí, el hombre se gana las atenciones del niño para seducir a la madre. En ambos casos, triángulos y pulsiones sexuales se mezclan en un cóctel de provocaciones explosivo, que hoy en día sigue escandalizando a algunos y a la sazón haría arder las polémicas.

Justo ahí radica una de las hipótesis sobre el naufragio del proyecto. Entonces, Hollywood se rendía ante el Código de Producción, un documento que establecía la hoja de ruta moral para el séptimo arte y extremaba controles y censuras sobre temas como el tráfico de droga, las ofensas al clero, la bandera nacional o, precisamente, el sexo y los menores. Quizás, Ardiente secreto nunca hubiera pasado el filtro, aunque Lolita sí lo hizo, en 1962, cuando el código vivía su ocaso. “Puede que MGM no le hubiera apoyado”, defiende Abrams. El profesor baraja otras dos opciones: que el propio productor de Kubrick, James B. Harris, no estuviera tan convencido como el cineasta. O que MGM rompiera el contrato con el director, al descubrir que a la vez también trabajaba en Senderos de gloria, que lanzó en 1957.

Al fin y al cabo, aquel Kubrick (1928-1999) aún no había forjado su leyenda: apenas tenía 28 años y acababa de terminar Atraco perfecto, su tercer filme. “Renunció pero nunca lo abandonó. Se pueden encontrar elementos de ese guion en El resplandor o Eyes Wide Shut”, sostiene Abrams. Curiosamente, un excolaborador de Kubrick, el cineasta Andrew Birkin, sí llevó a la pantalla la novela de Zweig, en 1988, bajo el título de Secreto en llamas. Ahora, el guion del maestro también ha resucitado. Y quiere retomar un camino que lleva décadas esperando: hasta la gran pantalla.

Filmes coescritos y olvidados del genio de la imagen

Stanley Kubrick decía que él no era “un escritor”. Empezó como fotoperiodista, inmortalizando con su cámara lo que otro reportero contaría con palabras. Y, más tarde, su maestría con las imágenes le consagró como uno de los genios del cine del siglo XX.

Solo dos de sus 13 filmes están escritos en solitario por él: Barry Lyndon y La naranja mecánica. Normalmente, Kubrick participaba en la creación del guion junto con otros autores. “Prefería novelistas, respecto a guionistas, de los que temía que estuvieran demasiado hollywoodizados”, asegura el profesor Nathan Abrams. En lugar de generar una historia “de la nada”, casi todas sus películas están basadas o inspiradas en una novela, al igual que el guion con el que adaptó Ardiente secreto, que acaba de reaparecer tras seis décadas.

“Kubrick trabajaba en muchos proyectos a la vez. Cuando se enamoraba de verdad, seguía adelante hasta el final”, defiende Abrams. Por esta razón, el profesor considera que no es tan “inusual” encontrarse con una de sus ideas perdidas. Como A.I. Inteligencia Artificial, que finalmente remató Spielberg.

De 1958, por ejemplo, es The German Lieutenant: coescrito con Richard Adams, para contar la Segunda Guerra Mundial desde la perspectiva alemana, nunca se filmó. Otro largo que Kubrick no terminó trataba de “una chica alemana en Ámsterdam” en la misma época histórica.

Sus dos proyectos inacabados más célebres son Napoleón y Aryan Papers. Para el biopic del francés, Kubrick se documentó y viajó durante años por Europa. Quería rodar “el mayor filme jamás realizado”, pero su coste desmesurado lo convirtió en utopía. La película sobre cómo un niño y su tía se esconden del Holocausto sobrevoló su carrera durante dos décadas, pero el propio Kubrick renunció en 1995.

The Down Slope “es otro de sus guiones perdidos que ha reaparecido”, afirma Abrams, centrado en un “incidente durante la guerra civil de Estados Unidos”.

También esbozó una adaptación de Risa en la oscuridad, de Nabokov, y de Novela de ajedrez, de Stefan Zweig.