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“Corea del Norte ha ido más lejos que la Alemania nazi”

D. B. John disecciona en el 'thriller' 'Infiltrada' el infierno que viven los norcoreanos y el papel del régimen como organización criminal internacional

El escritor galés D.B. John, en junio en Barcelona
El escritor galés D.B. John, en junio en Barcelona

Corea del Norte es, quizás, el lugar más impenetrable, fascinante y problemático del mundo para la ficción. Un inmenso campo de concentración para 25 millones de personas, un país en el que se puede morir por dejar que caiga polvo en el retrato del fundador y un régimen que se jacta de ser una potente mafia internacional es un lugar en el que los límites de la realidad perdieron hace tiempo su sentido y la locura se convirtió en rutina. O quizás no. "Es un gran error pensar que es un régimen irracional y que están locos. Saben muy bien lo que hacen y por eso han sobrevivido", cuenta a EL PAÍS el escritor galés D. B. John, autor de Infiltrada (Salamandra) y gran conocedor de Corea del Norte gracias a sus viajes y a su trabajo como escritor de las memorias de la desertora Lee Hyeon-seo.

En realidad el régimen es capitalismo extremadamente salvaje. Lo que quiere Kim es hacer todo el dinero que pueda

Infiltrada es un complejo thriller de espionaje en el que la agente de la CIA Jenna Soo-min busca a su hermana, a la que se niega a dar por muerta después de que fuera secuestrada en una playa de Corea del Sur. Esta búsqueda es el motor que sirve a John para desplegar una gran intriga internacional que tiene uno de sus grandes alicientes en sus precisas y alucinantes escenas contadas desde el interior de Corea del Norte. 

"A pesar del control y de que acabas enfermo de propaganda lo que ves allí es triste: niños de la calle, fábricas vacías. Pero peor es cuando conoces a los que consiguen escapar, que pasan dos meses en un centro especializado en Corea del Sur aprendiendo a vivir en el mundo, a coger el metro o a usar una tarjeta de crédito", cuenta, fascinado, sobre sus estancias allí.

Es un gran error pensar que es un régimen irracional y que están locos. Saben muy bien lo que hacen y por eso han sobrevivido

En la novela Cho es un alto cargo del Partido Comunista en tiempos de Kim Jong-il, padre del actual líder Kim Jong-un, que sobrevive gracias a su capacidad de autoengaño hasta que se da cuenta de que algo falla y que los dirigentes del país son piezas esenciales de la maquinaria criminal creada por la dictadura bajo el lema todo lo que castiga a nuestro enemigo está bien. "Una de las grandes bazas del sistema es la imposición de mito de la amenaza continua", argumenta John. "Eso explica por qué son orgullosos productores de metanfetaminas a gran escala; su programa de secuestro y adoctrinamiento de ciudadanos surcoreanos y japoneses o por qué idearon esa locura llamada Program Semilla, un proyecto para crear espías de otras razas entrenados desde niños para infiltrarse en Occidente. Todo eso está en mi novela y quizás por eso tuve miedo de que no se creyera".

A pesar de estos temores, el escritor galés tuvo claro desde el inicio que la tesis política debía apoyarse en un thriller. "Lo último que quería es que se leyera como un ensayo. La ficción te hace sentir la paranoia y el terror", explica antes de embestir . "En realidad el régimen es capitalismo extremadamente salvaje. Lo que quiere Kim es hacer todo el dinero que pueda. Han abandonado el marxismo y lo han sustituido por una ideología que mezcla racismo, ultranacionalismo, algo de Marx y algo de Confucio y que les funciona. Corea del Norte pertenece a lo más oscuro del siglo XX. Está cerca de la Alemania nazi pero ha ido más lejos. Los nazis no mandaron a tres generaciones seguidas al campo de concentración". 

El impacto de algunos pasajes de Infiltrada en el lector puede llevarle a preguntarse cómo consigue sobrevivir un norcoreano medio si no muere de hambre, algo bastante habitual por aquellos lares. D. B. John tiene algunas claves : “El miedo y la paranoia forman parte de ellos y les ayudan a no cometer errores. Nadie habla en público, ni siquiera con la familia, sobre algo importante. La crítica no existe, pero son muy buenos a la hora de expresarse con gestos prácticamente inapreciables. Nunca se refieren al líder por su nombre sino por uno de sus innumerables cargos y son los reyes de eufemismo”.

Cabe cuestionarse cómo sobrevive un régimen así, cómo sigue viva en pleno siglo XXI esta pesadilla totalitaria. "En el interior Kim ha intensificado el miedo y la represión –matando incluso a su tío y a un medio hermano– y el culto a su persona parece cada vez más arraigado. Su físico es muy parecido al de su abuelo Kim Il-sung y eso es algo que no hay que menospreciar. Y en el exterior es sostenido por China y Corea del Sur que evitan el colapso y con ello lo que supondría que salieran al mundo 25 millones de personas que están perturbadas", afirma. ¿Y EE UU? "Como se ha visto, se pliegan. Tras su encuentro con Trump, Kim tiene que estar riéndose todavía", aventura John para dejar sobre la mesa un sombrío final.

Cuidado con el retrato del líder

Los retratos que tienen que estar en todas las casas de Corea del Norte son los del fundador del país y su hijo y padre del actual dictador. Pero, cuidado: si se dañan o pierden o acumulan algo de polvo el dueño puede acabar en un campo de concentración. “Cada cierto tiempo sale en la prensa la historia de alguien que se ha jugado la vida para salvar en un incendio o un desastre. Es todo un género” , cuenta John divertido.