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María de Zayas y el ‘feminismo’ que nació en España en el Siglo de Oro

La escritora, coetánea de Cervantes, reivindicó la formación de las mujeres y su labor como literatas

Un libro y una obra de teatro devuelven sus comedias a la luz

Reparto de 'Desengaños Amorosos', de María de Zayas. Sentada, Silvia de Pé; desde la izquierda, Manuel Moya, Lidia Navarro y Ernesto Arias.
Reparto de 'Desengaños Amorosos', de María de Zayas. Sentada, Silvia de Pé; desde la izquierda, Manuel Moya, Lidia Navarro y Ernesto Arias.

La Feria del Libro de Madrid tiene este año un cartel que denuncia el olvido de las mujeres literatas. Ese aguafuerte de la artista Paula Bonet evoca la obra de diversas autoras, tan conocidas algunas como Emily Dickinson, cuyos poemas consiguieron derribar el muro de silencio años después de su muerte y no sin que los editores metieran sus manazas para adaptar los versos a las conveniencias de la época.

Esas banderolas de la feria madrileña recibirán este año a otra literata que pasó por los mismos apuros: María de Zayas y Sotomayor, para quien ese vacío es una losa que pesa ya casi cuatro siglos a pesar de que a esta escritora del Siglo de Oro se la presenta hoy como la primera feminista de España. Quizá el término resulte anacrónico, pero sus méritos alcanzan la mejor reivindicación de las letras femeninas y de la causa misma.

Sirve de muestra el saludo al lector con el que abre sus “maravillas” y “desengaños”, una colección de piezas cortas con abundancia de galanteos, traiciones, deshonras y desengaños, en fin, mucha capa y espada. Es el prólogo de dos volúmenes que la Universidad de Zaragoza ha editado bajo el título Honesto y entretenido sarao, el que ella quiso y no el que dispusieron los señores de las imprentas durante décadas. Dice así el prólogo: “Quién duda que habrá muchos que atribuyan a locura esta virtuosa osadía de sacar a luz mis borrones, siendo mujer, que en opinión de algunos necios, es lo mismo que una cosa incapaz”… Y sigue la autora reivindicando en él la igualdad entre hombres y mujeres como dos mitades de la misma cosa y reprochando a los primeros la oscuridad en que sumieron a esposas, hermanas y colegas de arte parejo al de ellos. También ofrece la solución: formación para las mujeres: “Si en nuestra crianza, como nos ponen el cambray en las almohadillas y los dibujos en el bastidor, nos dieran libros y preceptores, fuéramos tan aptas para los puestos y para las cátedras como los hombres y quizá más agudas”. Si no lo son, se parecen mucho al feminismo estas sentencias.

María de Zayas y Sotomayor nació en Madrid en 1590 y cuando murió Góngora, en 1627, ya había escrito ocho de sus comedias, que aún tardarían 10 años más en publicarse y hubo de ser en Aragón porque un dictamen prohibía en Castilla la publicación de novelas y comedias. Por aquellos años, le daban a la pluma los autores más conocidos por todos los escolares: Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Tirso de Molina, Calderón de la Barca. Pero casi nadie conoce el ingenio de María de Zayas, “la primera española que escribe y publica un libro de ficción con su nombre”, asegura el profesor Julián Olivares, encargado del estudio de su obra y de esta edición. Beatriz Bernal publicó en Valladolid un libro de caballerías, Cristalián de España, en 1545, pero bajo el anonimato. Otra desconocida. El teatro se ocupa también ahora de rescatar a Zayas. Una versión de Nando López que dirige Ainhoa Amestoy llevará a Cáceres, en junio, y al Festival de Teatro Clásico de Almagro, en julio, sus Desengaños amorosos.

Fue la primera española que escribió y publicó un libro de ficción con su nombre

Olivares, profesor emérito de la Universidad de Houston, valora el arrojo de Zayas, que redacta “el primer manifiesto femenino que declara el derecho de la mujer no solo a escribir un libro, sino a publicarlo”.

No era fácil entonces. Zayas se inició como poetisa en academias de Madrid. Su poeta favorito era Lope, pero aquellos autores no ayudaban mucho a las damas escritoras a sacar cabeza, bien al contrario: “La influencia de estos era muy negativa; en sus novelas y comedias era recurrente la misoginia, la crítica y la mofa hacia las mujeres”, dice Olivares. Hubo, sin embargo, algunos que quisieron colaborar al éxito de Zayas, por ejemplo Pérez de Montalbán o Alonso de Castillo Solórzano, de cuya pluma, cree Olivares, salió el par de páginas que preceden a la primera parte de las “maravillas”, donde se la alaba sin bridas: “Un claro ingenio de nuestra nación, un portento de nuestras edades, una admiración de estos siglos y un pasmo de los vivientes, […]la señora María de Zayas, gloria de Manzanares y honra de nuestra España”. Y va y lo titula Prólogo de un desapasionado. Cosas veredes. Este texto es tan divertido como algunas comedias del libro. Se avisa en él, por ejemplo, contra los “lectores de gorra, que se van a las librerías y, por no gastar una miseria que vale el precio de un libro, le engullen a toda prisa con los ojos, echándose en los tableros de las tiendas, pasando por su inteligencia como gatos por brasas y así es, después, la censura que de ellos hacen”. Otros, prosigue, los piden prestados a los libreros y luego vituperan la obra; y una tercera clase de rácanos, son aquellos, “que esperan que los que compran libros los hayan leído, para pedírselos y leerlos después”. “Y si son ignorantes o no han entendido la materia o no les ha dado gusto, desacreditan el libro y quitan al librero la venta”. Qué personajes, los de la época… Y esos eran los leídos…

Se inició como poetisa en las academias de Madrid, su favorito era Lope de Vega

Julián Olivares ya hizo una edición de estas obras en 2000, que publicó Cátedra. Y antes se interesaron por María de Zayas (que murió sobre 1650) las escritoras Margarita Nelken, en 1930, o Emilia Pardo Bazán, en 1900, por poner solo unos ejemplos de la enorme bibliografía que cita Olivares en esta edición. Muchos, españoles y extranjeros, han mostrado alto interés por esta autora del Siglo de Oro que tanto tiempo ha estado ausente de las escuelas.

Frases de la autora para una causa

Ellas, que escriben: “Si esta materia de que nos componemos los hombres y las mujeres, ya sea una trabazón de fuego y barro, o ya una masa de espíritus y terrones, no tiene más nobleza en ellos que en nosotras; si es una misma la sangre, los sentidos, las potencias y los órganos por dónde se obran sus efectos, son unos mismos... porque las almas ni son hombres ni mujeres: ¿qué razón hay para que ellos sean sabios y presuman que nosotras no podemos serlo?

Ofensas: “Ni comedia se representa ni libro se imprime que no sea en ofensa de las mujeres”.

Tiranía: No hay “más respuesta que su impiedad o tiranía en encerrarnos y no darnos maestros. La verdadera causa de no ser las mujeres doctas no es defecto del caudal, sino falta de aplicación [...] Y cuando no valga esta razón para nuestro crédito, valga la experiencia de nuestras historias y veremos, por ellas, lo que hicieron las mujeres que trataron de buenas letras”.

Lectura: “¿Qué razón hay para que no tengamos prontitud para los libros? Y más si todas tienen mi inclinación, que en viendo cualquiera, nuevo o antiguo, dejo la almohadilla y no sosiego hasta que le paso”.