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Ni una chispa de amargura

Ya no cabe la descacharrante extrañeza de la original, pero sí una nueva fiesta de fábrica de colores e insultos

“¿A quién se ha follado este Deadpool para tener película propia?”, se preguntaba un personaje en una de las mejores líneas de guion de la película homónima, efervescente sorpresa comandada por uno de los superhéroes secundarios de la casa Marvel, que hacía de la irreverencia, la autoparodia y la referencialidad sus armas de destrucción cómica masiva. Unas peculiaridades de tono, narración y estilo, con las que sus responsables vuelven a jugar un nuevo combate en Deadpool 2, dos años después de la primera entrega, con la que ya no cabe la descacharrante extrañeza de la original, pero sí una nueva fiesta de fábrica de colores e insultos, de benditas insustancialidades en tiempos de, para algunos, sobrecarga de superheroísmos y pretenciosidades.

DEADPOOL 2

Dirección: David Leitch.

Intérpretes: Ryan Reynolds, Zazie Beetz, Josh Brolin, Morena Baccarin.

Género: comedia de acción. EE UU, 2018.

Duración: 111 minutos.

De nuevo paródica hasta la autoflagelación, la película demuestra no solo ser graciosa sino también poseer cierto estilo en las secuencias de acción. David Leitch, sustituto de Tim Miller al frente de la dirección, tras demostrar en Atómica (2017), su obra de debut, que se puede filmar una pelea espectacular sin apenas cortes de montaje, jugar incluso con el plano secuencia y resultar verosímil, comienza su jugoso artefacto con dos momentos consecutivos casi musicales, y previos a los créditos, de formidable fusión entre comicidad, tempo de montaje y tono descarado.

El estupendo Ryan Reynolds, también coguionista, ofrece un nuevo recital de inflexión de la voz, con la que va marcando, con sutileza y gracia, las payasadas que ha escrito el equipo de escritores, llenas de brío y de guiños a la cultura popular, cine y música, y a sus compañeras de viaje de la factoría Marvel. De modo que la película únicamente decae cuando, en su primera mitad, el (aparente) villano de la función va por libre en unas aventuras que, más que nada, a pocos importarán, por convencionales.

Sin embargo, con la secuencia de la formación y, sobre todo, del destino del grupo como paradigma de su salvajismo, en las antípodas de la pompa y la (falsa) circunstancia de tanto gato por liebre contemporáneo, Deadpool 2 vuelve a ofrecer sorpresas tronchantes (atención al cameo de una gran estrella), y una frase que podría envolver su espíritu a contracorriente: “¡Cuánta amargura! ¿Seguro que no perteneces al universo de DC Comics?”.