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La ficción es otra forma de pensar

Releer y reescribir es clave en los libros del autor argentino Rodrigo Fresán

Me acerco a la conversación de Fran G. Matute con Rodrigo Fresán en Jot Down y el arranque de la entrevista me atrapa y alegra. Es como si hubiera entrado en una fiesta, porque distingo un paisaje familiar del que andaba necesitado, magullado como estaba últimamente por entrevistas a imberbes que proclaman que el mundo ya tiene suficiente ficción y solicitan reproducciones clínicas de la realidad, como las de Karl Ove Knausgård o Ta-Nehisi Coates.

Con Fresán entro en un espacio que Nabokov celebraría. Lo percibo en cuanto Matute le advierte que no quiere hablar solo de sus libros, sino de su vida, y Fresán responde que en sus libros está su vida, lo que equivale a decir que la mejor parte de la biografía de un escritor no es la crónica de sus aventuras, sino la historia de su estilo.

El estilo de Fresán está a años luz de esas “novelas de ambición global” que dicen abarcar el mundo y que para algunos es lo más destacado de la nueva narrativa en lengua española. Los libros de Fresán, en cambio, no suceden exactamente en la iconosfera y en los aeropuertos, sino que “transcurren dentro de cabezas”, en espacios mentales. Es como si este autor viviera conectado a unas palabras de Don DeLillo que fascinan también al gran Carlos Fonseca (Museo animal): “La escritura es una forma concentrada del pensamiento”.

Y es que la ficción es otra forma de pensar. En libros de Fresán como La parte inventada, uno puede llegar a creer que ha de dar la vuelta al mundo en 80 libros, pero en realidad al lector —geografía mental del autor aparte— le puede bastar con dar 80 vueltas alrededor de Suave es la noche, de Francis Scott Fitzgerald, el libro que está en la cabeza del narrador y que este parece reescribir continua y maravillosamente.

Releer, reescribir es clave en los libros de Fresán. Cuando Matute, ya avanzada la entrevista, le pregunta si es posible que lo único que haya hecho hasta ahora haya sido reescribir siempre el mismo libro, responde que esa es una percepción que solo puede tener alguien desde fuera. “Sí te puedo decir, en cambio, que yo, como lector, soy un gran fan de los escritores que aparentemente están siempre escribiendo el mismo libro”, apunta Fresán. Y cita a Banville, Vonnegut, Nabokov, Borges. Y a Proust, “que solucionó ese problema escribiendo el mismo libro en varias partes”.

Sutilmente la entrevista, una ficción muy creíble que observo que me va deslizando hacia otra forma de pensar, va recordándome que los mejores escritores de nuestro tiempo piensan menos en escribir de forma original y más en reescribir. Después de todo, ¿la creación no es recreación? A través de los ojos de la copia, la tradición observa siempre desde lejos, sin perder detalle, los movimientos de la originalidad.

Reescribir, esa sería la cuestión. Aun no he terminado de leer la entrevista y ya me estoy diciendo que hay un pequeño gran libro que explica y reescribe lo que ahora estoy pensando. El título llega a mi memoria en el último segundo: Continuidad y ruptura, de Aparicio Maydeu.

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