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Cuentos de ayer, hoy y siempre

En ambas piezas unidas para su estreno, el viejo, que no añejo, sabor de la narración de los cuentos infantiles encuentra el tono perfecto en una visualización

EL GRÚFALO / LA HIJA DEL GRÚFALO

Dirección: Max Lang, Jakob Schuh / Johannes Weiland, Uwe Heidschoetter.

Género: animación infantil. R U, 2009 / 2011.

Duración: 27 minutos / 30 minutos.

Galardonada con el premio Bafta al mejor corto animado en 2017, y reciente candidata al Oscar de la misma categoría en los Oscar de 2018, gracias a uno de los segmentos integrantes del largo La rebelión de los cuentos, película estrenada en los cines españoles este mes de enero, la compañía británica Magic Light Pictures parece estar transitando un camino perpendicular al de la buena parte de las empresas dedicadas a la animación de vocación comercial: huida de la hipervelocidad en el modo de contar las historias, tanto en la narración, como en el montaje y los diálogos, búsqueda de relatos tradicionales, y técnica digital de aspecto pretendidamente tosco, emuladora del artesanal stop-motion.

Unas constantes que también tiene este programa doble con dos cortometrajes de 2009 y 2011, que una distribuidora española recupera con buen criterio para su estreno en nuestras salas: El grúfalo, y La hija del grúfalo, de una hora de duración total, basados en sendos cuentos de Julia Donaldson, publicados en 1999 y 2004, respectivamente, y que en sus versiones originales contaron con las voces de eminencias británicas de la interpretación como Helena Bonham Carter, Rob Brydon, Robbie Coltrane, John Hurt y Tom Wilkinson.

En ambas piezas, el viejo, que no añejo, sabor de la narración de los cuentos infantiles encuentra el tono perfecto en una visualización que, en la primera entrega, la de El grúfalo, logra incluso una explosión metalingüística a la hora de componer los pensamientos de los personajes: animales dibujados en formato digital en 3D que, sin embargo, en sus instantes ensoñadores, lo hacen con aspecto de animación tradicional en 2D, quizá como una suerte de deseo reprimido de sus autores.

Con un evidente salto en la técnica animada entre la pieza de 2009 y la de 2011, la película, de relato pausado, narración sencilla, espíritu de moraleja sana, simpatía absoluta, luminosa eficacia y preciosa banda sonora, parece la recomendación ideal para el grupo más pequeño de los espectadores infantiles: los de entre tres y seis años.