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‘Consentimiento’: una violación con el público del teatro como juez

Magüi Mira dirige el éxito de la dramaturga británica Nina Raine que indaga en la violencia sexual y en aquellas relaciones donde el silencio no siempre quiere decir sí

Los actores Jesús Noguero y Candela Peña, en un ensayo de 'Consentimiento'.

Una mujer acusa a un hombre de haberla violado. Él replica que la relación fue consentida. No hay testigos ni pruebas y acaban en los tribunales. Violación frente a consentimiento, la palabra de uno frente a la de otro. Cualquiera de los dos puede ganar, según la pericia de su abogado. Hasta ahí llega la ley: ¿hubo o no hubo consentimiento? Pero esta historia no va de eso, sino de todo lo que queda fuera de esa pregunta. ¿Consentir es siempre un acto de libre albedrío? ¿Cuánto influyen el miedo o la presión social? ¿No decir no significa decir sí? ¿Y dentro del matrimonio?

Esto es de lo que realmente trata Consentimiento, la obra teatral que el Centro Dramático Nacional (CDN) estrenará en el teatro Valle-Inclán de Madrid el próximo viernes, en plena resaca de la que se espera que sea la mayor movilización feminista de la historia de España. No imaginaron los programadores que su apuesta iba a ser tan oportuna. Tampoco sospechaba su autora, Nina Raine, una de las estrellas emergentes de la dramaturgia británica contemporánea (42 años), que poco después del estreno mundial de este texto (hace un año en Londres) estallaría el mediático movimiento Me Too contra el acoso sexual a las mujeres.

Nina Raine (izquierda) y Magüi Mira, en el teatro Valle-Inclán de Madrid.
Nina Raine (izquierda) y Magüi Mira, en el teatro Valle-Inclán de Madrid.

¿Estaba ya todo en el aire cuando Raine empezó a idear Consentimiento? Flemática casi hasta el tópico, la autora británica se permite una leve sonrisa ante la pregunta. “Es probable que lo que me hizo escribirla sea lo mismo que hizo surgir el movimiento MeToo. Veía a mujeres pasando por cosas horribles (también dentro de sus matrimonios) y me parecía injusto. Y pensé contarlo planteando situaciones en las que es importante el concepto que se tenga de consentimiento, porque eso realmente da lugar a muchos debates”, explica Raine en una conversación con EL PAÍS hace dos semanas en Madrid, en medio de una visita relámpago de la dramaturga para asistir a uno de los ensayos de la producción del CDN.

Bebiendo de la mejor tradición del género judicial, la obra plantea la disyuntiva clásica entre ley y justicia: lo que es legal no es necesariamente justo. Para ello Raine desarrolla dos historias de violación en paralelo. Una se juzga en los tribunales, mientras que la otra se plantea dentro del matrimonio del abogado que precisamente defiende al violador del primer caso (que sale absuelto).

Batalla dialéctica

Esta estructura desata una cascada de batallas dialécticas y permite a la autora explorar todos los matices de la noción de consentimiento (legal y privada), pues los juicios morales de los personajes cambian según sus sentimientos y la situación en la que se encuentren (ante un tribunal o en su casa). “Las leyes inglesas contemplan el hecho de que se puede consentir una violación si hay coacción. Esto ocurre claramente cuando hay violencia, pero creo que esto también puede suceder dentro de los matrimonios de forma silenciosa y menos clara. Y además, también la infidelidad se puede entender como una violación. Una violación de la confianza”, apunta Raine. ¿Se puede considerar violada una persona cuando consiente tener relaciones sexuales con su pareja ignorando que esta le está siendo infiel?

La 'sobrina nieta' del doctor Zhivago

BERTA TENA

Pertenecer a una familia de ilustres literatos no debe ser sencillo, pero, menos aún, si se trata de antepasados de la talla del escritor ruso Borís Pasternak, el autor de Doctor Zhivago. Nina Raine es su sobrina nieta, pero además es hija de Craig Raine, uno de los máximos exponentes de la corriente de poesía marciana, muy popular en Reino Unido en las décadas de los setenta y ochenta. Y su hermano, Moses Raine, es también dramaturgo. Lejos de asustarse, la autora cree que su situación "es maravillosa". "Necesito a gente de confianza que me diga lo que piensa sobre mi obra. Mi familia es mi filtro y me acompaña durante todo el proceso de creación", explica. De cada pariente recibe un tipo de consejo. "Mi hermano, que tiene un gran don para los diálogos, me dice si las conversaciones entre los personajes suenan demasiado rimbombantes". Su padre es quien le señala cuándo una escena está resultando muy larga y, "sin piedad", le arranca una página entera. "Mi madre es la más bruta, lo que es de gran ayuda", comenta entre risas.

Se da la casualidad de que la directora de la versión española de Consentimiento, Magüi Mira, también vive rodeada de artistas. Su primer marido fue José Sanchis Sinisterra, uno de los principales dramaturgos españoles vivos, con quien tuvo a sus dos hijas: la actriz Clara Sanchis (que protagoniza Consentimiento) y la diseñadora de vestuario Helena Sanchis. Ahora está casada con el también director teatral Emilio Hernández. Sin embargo, aunque ejercen de filtro, Mira prefiere no compartir con su familia su proceso de creación. "Me protejo hasta el día del estreno. Luego, cuando vienen a ver la función, el corazón me bombea fuerte".

Magüi Mira, directora del montaje producido por el CDN, se une a la charla. “Lo que me fascinó de esta obra la primera vez que la vi es que deja la verdad desnuda, plantea los hechos desde todos los ángulos, trenzando dos lenguajes muy distintos, el judicial y el privado, para que sea el espectador quien juzgue desde su ética y su conciencia”, comenta Mira. La directora advierte: “Llevamos al escenario la verdad de la calle, lo que leemos a diario en la prensa, pero me he propuesto que el espectáculo no se convierta en un debate televisivo. Estamos hablando de agresiones sexuales, acoso, violación... Es la ley la que decide si la mujer consiente o no consiente, pero lo haga o no, la violencia de un agresor jamás se debería poner en duda”.

Consentimiento fue llevada a escena por primera vez en marzo de 2017 por el Royal National Theatre (la mítica compañía inglesa fundada por Laurence Olivier) y saludada por la crítica londinense como “un nuevo clásico contemporáneo”. El éxito fue tal que un año después de aquel estreno ya se ha representado en alemán, ahora está a punto de presentarse la versión española (con traducción de Lucas Criado) y en Londres se prepara otra producción para un teatro comercial.

¿Impactará la obra de forma diferente ahora? ¿Está la sociedad más sensibilizada con el abuso sexual que antes de que estallara el Me Too? “Es cierto que en sus raíces esta obra conecta con este movimiento, pero su desarrollo es totalmente distinto, aborda muchos otros temas como la empatía, la infidelidad, el sistema judicial o la dificultad de juzgar hechos que ocurren en ámbitos privados dominados por las emociones. Lo que a un abogado le parece facilísimo defender ante un tribunal le puede resultar luego muy difícil hacerlo en su vida privada. ¿Cómo conseguir que las cosas sean justas en tu propia casa?”, reflexiona la autora.