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Lo mejor no estaba en las viñetas

Durante más de 15 años hemos compartido micrófono, viajes, comidas, visitas culturales y muchas risas. Era el hombre que más reía con su propio trabajo.

Antonio Fraguas, más conocido como Forges, en 2014.

Uno se hace periodista por muchas razones. Pero hay regalos imprevistos que te da esta profesión y que al final tienen una importancia decisiva en la vida. Yo admiraba a Forges desde siempre. Fui una adolescente que empapelaba carpetas con sus dibujos. Siempre divertidos, siempre certeros, siempre tiernos. La primera vez que le entrevisté me sentí como el escalador que consigue llegar a la cumbre. Y pensé que quizás también me había hecho periodista para poder conocer a Antonio.

De las entrevistas pasamos a las tertulias y más tarde, a las colaboraciones semanales porque un día, en un gesto de audacia que todos mis compañeros preveían destinado al fracaso, le propuse colaborar de forma fija en el programa. Me dijo que sí y me hizo feliz. Primero fueron las Forgesmérides, después la Biblioteca Espacial, el Palabritáculo mazmorral bauloso persécula, el Versitáculo poesial, la Forgespedia de Palabrastros… Como se puede comprobar, los títulos de las secciones eran puro Forges. Sus ideas siempre eran estrafalarias, sorprendentes, originales… y modernas porque se preocupó hace muchos años por los asuntos que ahora nos preocupan. Trabajar con él fue un sueño cumplido.

Durante más de 15 años hemos compartido micrófono, viajes (siempre que no hubiera avión de por medio porque le tenía fobia a volar), comidas, visitas culturales y muchas risas. Forges era el hombre que más reía con su propio trabajo. Cuando el genial Juan Carlos Ortega sonorizaba sus viñetas en las dos secciones que compartieron, “Es o no es” y “Distintos collares”, Antonio se tapaba la boca con la mano y se tronchaba de la risa. Nosotros alucinábamos: ¡¡¡pero si lo has hecho tú, Forges!!!

Aunque lo mejor no estaba en las viñetas. Antonio Fraguas era un excelente compañero, siempre dispuesto a echar una mano o a arrimar el hombro incluso para que pudieras llorar encima. Generoso, cariñoso. Derrochaba ternura, igual que sus personajes. Adoraba a su familia, quería a sus amigos. Era una buena persona, en mayúsculas.

Existe la tendencia a hablar bien de alguien cuando muere. Les aseguro que Antonio no necesitaba morirse para eso. Una vez me dijo que es importante que la vida sea larga pero más importante es que la vida sea ancha. Creo sinceramente que él ha conseguido una vida ancha y lo más meritorio es que ha logrado ensanchar la nuestra.

Pepa Fernández, directora del programa “No es un día cualquiera” de RNE

#graciasForges

Lo mejor no estaba en las viñetas

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