Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Wes Anderson se mancha en corrupción y basura

Su filme de animación en 'stop motion' 'Isla de perros' inaugura a lo grande un festival de Berlín volcado en el cine social, al que ahora se apunta el tejano

Fotograma de la película 'Isla de perros', de Wes Anderson. En vídeo, el tráiler de la película.

"Es un espejo de la sociedad actual, y gracias a él los perros nos transportan a los espectadores a la humanidad”. Durante décadas, el cine de Wes Anderson (Houston, 1969) ha crecido fuera de su tiempo y de su lugar, circunscrito absoluta y únicamente a los intereses de su creador, que lo mismo se marcaba una oda a Jacques Cousteau (Life Aquatic), que desarrollaba un thriller con aires de Agatha Christie y alma de Stefan Zweig (El gran hotel Budapest). Anderson maneja, como pocos, con meticulosidad la puesta en escena dentro de la pantalla, y su mano se nota en cada elemento, cada sonido, cada color, cada simetría de elementos en planos que algunos se atreven a calificar de cuquis, algo que se refleja incluso en su manera de vestir, como un dandi aterrizado en el siglo XXI. Todo eso está —y no— en Isla de perros, su segundo trabajo de animación tras Fantástico sr. Fox (2009), y la película que ayer sirvió para inaugurar la 68ª Berlinale con la descarga de estrellas que ponen voz a los canes y que acompañaron a Anderson en la capital alemana.

Al igual que Fantástico sr. Fox, Isla de perros está realizada con la técnica stop motion, y con marionetas. “Siguen siendo un misterio para mí; me refiero a cómo articularlas y dar sentimiento a sus rostros”, contaba el tejano residente en París en un encuentro con periodistas tras su rueda de prensa. “Por un lado, me atraía la idea de contar un historia sobre los perros abandonados que viven en un vertedero, una manada formada por líderes, por machos alfa, y ya había charlado con Roman Coppola [uno de los coguionistas] sobre ello. Es más, yo siempre llevo cuadernos de notas, y en uno en la primera página ya estaban hasta sus nombres”. Por otro, Anderson quería rendir pleitesía al cine japonés, y en concreto a Akira Kurosawa, al Kurosawa urbano y negro de Escándalo, El perro rabioso, El ángel ebrio o Los canallas duermen en paz. “Y a Hayao Miyazaki, a su El viaje de Chihiro”.

Finalmente, acabó mezclando la primera trama y la segunda atmósfera para contar una historia datada dentro de 20 años, cuando el alcalde de la ciudad de Megasaki, tras una fiebre canina, expulsa a todos los perros a la isla de la basura, rebautizada como isla de los perros. Hasta ella llega en avión, seis meses después de la diáspora, un crío de 12 años, sobrino del edil, a la búsqueda de su mascota. Y por eso Anderson acaba hablando de ecología, respeto por los animales, y, de una manera muy contundente, de política. “A mí lo que me importa es la historia, y por eso hemos estado cuatro años y medio, Roman, su primo Jason Schwartzman y yo con el proyecto, escribiendo en orden cronológico para ver adónde nos llevaba el guion. Y de repente descubrimos que la política actual empezaba a parecerse a lo que contábamos en pantalla. En realidad, esa corrupción tiene poco que ver con Japón y más con lo que surge de mi Texas natal”, confiesa entre risas el cineasta. “La actualidad se ha impuesto mucho más de los que pensábamos y de lo que hablamos”.

Por eso ha cambiado su paleta de colores —aquí se zambulle en grises y ocres—, por eso en su vertedero la esperanza solo nace de las conversaciones entre los perros, realizadas en inglés para que choquen con los diálogos de la mayor parte de los humanos, en japonés. “Me gusta mucho documentarme, y he usado Google Earth para encontrar paisajes y arquitectura nipona. Sin embargo, no he podido hacer lo mismo con el vestuario y los decorados, que quería fueran retrofuturistas japoneses, al estilo ciencia ficción de los sesenta. El problema es que no contaba con un teclado japonés para encontrar en Google lo que deseaba”. De ahí que recurriera a un viejo amigo, el diseñador Kunichi Nomura, coautor de la historia y doblador del personaje del alcalde, con aires a Toshiro Mifune. “Espero que nuestro Japón, aunque sea de fantasía, posea algo de autenticidad”.

A camino entre La dama y el vagabundo y los Thunderbirds, Isla de perros ha sido muy bien recibida en esta Berlinale repleta de incógnitas, aunque abocada al cine social en el que acaba de aterrizar Anderson. “Nuestros perros están doblados por actores, luchan contra las llamadas de la manipulación populista que quiere matarlos. Sí, a la vez, hemos hablado de animales y de la gente”.

La corte de estrellas del tejano

Wes Anderson y su equipo.
Wes Anderson y su equipo. AP

Junto a Wes Anderson pasaron por la alfombra roja Greta Gerwig, Bryan Cranston, Tilda Swinton, Bill Murray, Jeff Goldblum, Liev Schreiber, Bob Balaban y parte del reparto japonés. Pero en la película también ponen voces Scarlett Johansson, Frances McDormand, Harvey Keitel, Edward Norton y hasta Yoko Ono. Un reparto que solo dio alegrías al director: “Grabamos sus voces por grupos y disfruté de la dinámica que crearon”.