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Muere Reyes Abades, el gran especialista del cine español en efectos especiales

El técnico extremeño, ganador de nueve ‘goyas’, estaba nominado este año a los premios del cine español por 'Oro' y 'Zona hostil'

Reyes Abades
Reyes Abades con el Goya a los Mejores Efectos Especiales por 'Balada triste de trompeta', en 2011. EFE

En España, los efectos especiales en el cine los hacía Reyes Abades. Sí, ha habido otros especialistas en este apartado (Félix Bergés, en los efectos visuales, por ejemplo), y ahora hay nuevas generaciones que saben trabajar nuevos materiales (David Martí y Montse Ribé). Pero durante décadas, el extremeño Reyes Abades, que ha fallecido este jueves a los 68 años, lideró su campo. Para confirmarlo, no hace falta nada más que recorrer su palmarés en los Goya: nueve estatuillas, por Balada triste de trompeta, El laberinto del fauno, El lobo, Buñuel y la mesa del rey Salomón, Tierra, El día de la bestia, Días contados, Beltenebros y ¡Ay, Carmela! (su primer cabezón). Ya en la tercera edición de los Goya en 1989 obtuvo tres candidaturas (aunque no ganó), y este sábado puede que gane otra, ya que es doblemente finalista con Oro y Zona hostil. Con los votos ya escrutados, pudiera ser que ganara su décimo goya a título póstumo, tras más de 40 nominaciones. Su última aparición pública tuvo lugar el pasado jueves 25 en la gala de los II Premios Extrecine, donde fue galardonado por su trayectoria.

Reyes Abades Tejedor nació en Castilblanco (Badajoz) y contaba con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, el premio Ricardo Franco del Festival de Málaga y la Medalla de Extremadura. Abades empezó en los efectos especiales en septiembre de 1968, se curtió en superproducciones como Patton y en series de televisión como Curro Jiménez ("Cuando nos llamaban los de defectos especiales, porque fallaban mucho"), y en 1979 fundó su propia empresa, asentada hoy cerca de Torrejón de Ardoz (Madrid). Debuto en solitario en su apartado en 1979 en El corazón del bosque, de Manuel Gutiérrez Aragón. Y se hizo conocido con el programa de televisión La segunda oportunidad, en la que se recreaban accidentes de tráfico. Él siempre recordó como su primer gran trabajo Los señores del acero, un rodaje difícil, con mucho esfuerzo físico, con un Paul Verhoeven muy complicado de tratar, y en la que Reyes Abades tuvo que sustituir al segundo día a un coordinador de efectos estadounidense. "Los señores del acero y El Dorado han sido las películas más duras en las que he trabajado", contaba.

Además de su trabajo en el cine español, también fue el más solicitado cuando un equipo de cine llegaba a España. Ahí están desde El regreso de los tres mosqueteros, Los fantasmas de Goya, La mula, El misterio de Well, Che: guerrilla, la mencionada Los señores del acero o la aún inédita El hombre que mató a Don Quijote, de Terry Gilliam. Además, fue el encargado de uno de los efectos especiales que han marcado la historia de España: el encendido del pebetero olímpico de Barcelona 92 por parte del arquero Antonio Rebollo. Tres meses estuvo trabajando para el truco funcionara, para que la flecha aguantara encendida hasta pasar por encima del pebetero, prender el gas que manaba y caer fuera del estadio. Hasta 20 días antes de la celebración de la ceremonia no consiguieron mantener la llama de la flecha hasta el final de su viaje. Rebollo acertó, pero el pebetero se hubiera encendido sí o sí. La saeta, recogida por dos ayudantes, la conservaba Abades en sus oficinas.

Su infancia fue complicada. Su familia abandonó Castilblanco cuando Abades tenía 13 años. Con 15 recalaron en Francia, desde donde fue a Luxemburgo, país del que le echaron a los tres meses. Viajó a Bélgica y volvió a Madrid. “Y a los 16 me quedé solo en Madrid porque mis padres volvieron a Castilblanco. Mi historia es la de un típico emigrante extremeño”. Solo fue al colegio de los seis a los ocho años, y de lo que más orgulloso se sentía era de que dos de sus cuatro hijos continuaran su labor en su empresa. Su mandamiento: "Que los actores nunca sientan que corren peligro". De su educación, reconocía ser un autodidacta, y su secreto era que le apasionaba su trabajo. "En realidad, como dice mi esposa, vivo para trabajar y no trabajo para vivir". Y para definir su profesión, que se relaciona con otras ramas técnicas, como ambientación, producción o diseño de arte, decía: "Somos los que hacemos cualquier cosa especial que vea el espectador".

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