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“El puro, la ropa... Churchill dominaba la autopromoción”

El actor se transforma en el estadista británico para el 'thriller' 'El instante más oscuro'

Gary Oldman, en un fotograma de 'El instante más oscuro'.

En las casi cuatro semanas entre el nombramiento de Winston Churchill como primer ministro (el 10 de mayo de 1940) y la evacuación en Dunkerque, el curso de la historia pudo haber dado un vuelco. Gran Bretaña estuvo cerca de negociar un tratado de paz con Hitler y, por negarse a pactar con los nazis, Churchill tuvo a su propio partido conspirando en su contra. Pero los Aliados ganaron, y su liderazgo firme y sus arengas catapultaron a Churchill al olimpo de los grandes estadistas. Ahora, meterse en su piel también ha encumbrado a Gary Oldman: el domingo se llevó el Globo de Oro al mejor actor protagonista de un drama por El instante más oscuro.

Este thriller político, que llega el viernes 12 en España, se desarrolla en ese mes decisivo para Churchill, que no había sido explorado en otros biopics —el filme justo termina donde empieza Dunkerque, otra de las películas del año—. El cineasta Joe Wright y el guionista Anthony McCarten se propusieron bajar a Churchill del pedestal y mostrar al hombre detrás del líder; un ser humano con dudas y defectos que se lo jugó todo a una carta y podría haber perdido. El desafío de calzarse sus zapatos recayó en Oldman, que años atrás había rechazado el mismo papel en otro proyecto. “Me preocupaba la energía que iba a requerir. Churchill es el motor de la película, aparece en casi todas las secuencias, y yo llevaba sin interpretar a un protagonista desde El topo”, confesaba el inglés hace unos días a EL PAÍS.

Churchill está marcado a fuego en el imaginario británico, pero Oldman miró más allá: “Él dominaba la autopromoción. Con su puro, sus ropas victorianas, su pajarita... había algo teatral en cómo se presentaba. Sospecho que entendió la importancia de vender una marca antes de que el concepto existiera. Pero con Joe exploramos su lado más humano”.

Transformación

Al reto interpretativo se sumaba la transformación física. Casi enjuto, Oldman no podría parecerse menos al orondo Churchill. El actor no estaba dispuesto a engordar así que convenció al japonés Kazuhiro Tsuji, un genio del maquillaje que cambió el cine por la escultura hace cinco años, para que abandonara su retiro. En un proceso que duró seis meses, Tsuji creó un molde de silicona que combinaba sus rasgos con los de Churchill y un traje de gomaespuma que engrosaba su silueta y le ayudaba a moverse como el político. No por nada, el primer agradecimiento de Oldman en el escenario fue al “equipo de maquillaje”, y a su mujer, por aguantar su transformación.

De Sid Vicious a Lee Harvey Oswald, no es la primera vez que Oldman interpreta a un personaje real, pero esta vez le supuso, parafraseando a Churchill, “sangre, sudor, trabajo y lágrimas”: pasó más de 200 horas en la silla de maquillaje, rodó cargando con la mitad de su peso en prótesis, y llegaba al set cuatro horas antes que los demás. “Trabajaba 18 horas al día. Hay cosas peores, no me quejo, pero me planteé si mi piel lo soportaría”. Además, sufrió una intoxicación por nicotina por los cientos de habanos que el guion le obligaba a fumar.

Tanto esfuerzo podría darle también el Oscar, al que solo optó una vez (El topo), pese a una carrera con filmes como Drácula de Bram Stoker, Ábrete de orejas, Amor a quemarropa o JFK (Caso abierto). Pero, a sus 59 años, la mayor aspiración de Oldman es ser “un tipo decente”: “Tengo tres hijos y un hijastro. Puede que no sean genios, pero son personas amables y encantadoras, y es mi mayor logro. El mundo necesita más buena gente”.