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Todo se orienta hacia arriba

Sergio Martínez Vila ofrece una visión desoladora del poder oligárquico y de los apetitos que lo mueven

Escena de la obra 'Juegos para toda la familia'.
Escena de la obra 'Juegos para toda la familia'.

Juegos para toda la familia

Autor: Sergio Martínez Vila. Intérpretes: Ángela Boix, Mercedes Castro, Lolo Diego, Miquel Insua, Daniel Jumillas, Lola Manzano.
Luz: Lola Barroso. Escenografía, espacio sonoro y vestuario: David Orrico. Dirección: Juan Ollero.
Madrid. Teatro María Guerrero, sala de la Princesa, hasta el 30 de diciembre.

Quien no conoce límites, carece de escrúpulos. Tal podría ser la tesis de Juegos para toda la familia, comedia dramática donde Sergio Martínez Vila ofrece una visión desoladora del poder omnívoro y de los apetitos que lo mueven. Retratado por el autor asturiano, el mundo actual es una oligarquía maquillada, en la que un grupo de familias hace y deshace a sus anchas: un poder sádico, que considera abono a la plebe. Y como muestra, el matrimonio protagonista de esta obra y su hijo, que en vez de sentar a un pobre a su mesa por Navidad, como hace la clase acomodada en Plácido, goza dándole caza.

El tema tratado y el enfoque que se le da resultan interesantes, pero no acaban de encontrar forma dramática apropiada. Cuando cita hechos y ofrece referencias, Martínez Vila parece bien informado, pero el panorama que nos brinda está falto de concreción. Resultan cien veces más incisivos el telón de fondo que sobre las actividades depredadoras de la Standard Oil de John Rockefeller pinta Eugene O’Neill en Una luna para los desdichados o el retrato que Orson Welles hace de William Randolph Hearst en Ciudadano Kane que el cúmulo de horrores cometidos aquí por personajes genéricos.

En asuntos como el de esta obra, o se es preciso o se queda todo en agua de borrajas conspiranoicas. En vez de una intervención quirúrgica precisa, Juegos para toda la familia resulta un gran guiñol: lo pone todo perdido de hemoglobina. La función se sigue con interés no del todo declinante, gracias a la determinación encomiable con la que actúan Lola Manzano, Daniel Jumillas, Mercedes Castro y Miquel Insua, pero, sobre todo, Lolo Diego y Ángela Boix, en el papel de refugiados sirios: ambos manejan el texto en lengua extraña como si fuera propia. La verdad que pone la joven actriz en su personaje nos prende por la solapa durante un extenso monólogo del que no entendemos palabra, pero del que no perdemos detalle: Boix es todita ella elocuente acción interna.