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Del cuarteto como base absoluta del diálogo musical

El Quiroga y dos maestros europeos como Valentin Erben y Veronika Hagen recorren la base del género de cámara con Mozart, Haydn y Brahms

En esa intercesión mágica que cruza los caminos de Centroeuropa han nacido muchas cosas fundamentales. Una, entre tantas, y con muy buena salud, el cuarteto de cuerda. Representa la alegría de dialogar, escucharse entre iguales en torno a la música. Eso y no otra cosa es lo que pretenden demostrar el Cuarteto Quiroga, una de las más destacadas formaciones españolas en el género y dos expertos como Valentin Erben, del mítico Alban Berg y Veronika Hagen, fundadora del Cuarteto Hagen. Los seis unen sus instrumentos para rendir homenaje en Madrid a tres de sus arquitectos: Mozart, Haydn y Brahms. Lo hacen en el Auditorio Nacional este miércoles, dentro del ciclo Liceo de Cámara XXI del Centro Nacional para la Difusión Musical.

Se trata de un viaje a una esencia vigente por parte de una cadena que refuerza la tradición. El cuarteto Alban Berg fue creado en los años sesenta, el Hagen, en los ochenta y el Quiroga, en la década del 2000. El primero y el último, además, nacieron al cobijo de un mentor común como Walter Levin. Tres generaciones de pureza musical en constante transformación, la que aporta la frescura de la música de cámara. Tres exponentes en torno a un homenaje a la esencia: “Se trata de un viaje por la columna vertebral de la tradición austrogermánica de la música de cámara. Haydn, Mozart y Brahms son tres autores fundamentales para comprender el devenir del arte europeo”, asegura Cibrán Sierra, violinista del Quiroga.

“Haydn es el padre simbólico de los dos grandes géneros instrumentales que han definido la modernidad: el cuarteto de cuerda y la sinfonía, Mozart, el gran genio que supo llevar la música a espacios que muchos otros nunca llegarían jamás ni a soñar”. ¿Y Brahms? Sierra no alberga dudas: “El personaje clave que, al beber de la cultura de tradición clásica heredada de los otros dos, supo encontrar fórmulas de expresión musical tan conseguidas, redondas y, por qué no decirlo, visionarias, que posibilitaron la gran revolución posterior”. A ese camino se vieron abocados después compositores como Schönberg, gran admirador y estudioso de Brahms, guía de la Segunda Escuela de Viena. “El de abrir la música a un nuevo mundo que alumbraría un nuevo horizonte para el siglo XX”.

Se trata de un viaje por la columna vertebral de la tradición austrogermánica de la música de cámara. Haydn, Mozart y Brahms son tres autores fundamentales para comprender el devenir del arte europeo”, según Cibrán Sierra

Y todo, como un coloquio secular e infinito. “El efecto entre las cuatro voces del cuarteto de cuerda sigue siendo hoy en día el símbolo de un diálogo entre cuatro personas. Sin que cada una de ellas pierda su esencia individual y esa voz que tiene interés único pero respeta el mensaje de las otras cuatro, dispuesta compartir su mensaje con sus contertulios”, agrega Erben, vienés de origen, nacido en 1945. Con un objetivo claro, además: “Construir un consenso que supere el conflicto que supone su inicial puesta en común”.

No está mal como lección de vida. Y de civilización. Porque el cuarteto fue fundado en sí, con ese cometido. “En un cuarteto de cuerda, cada voz tiene su propia identidad, pero al mismo tiempo es consciente de que debe integrarse en un sistema cuyo orden va más allá de los intereses individuales o egoístas”, asegura el músico austriaco. En eso, las obras de Haydn, Mozart y Brahms constituyen un modelo ideal, “algo que, a través de la música, puede superar incluso lo que los humanos podemos llegar a concebir”.

Una capacidad de entendimiento superior. Una conexión tan radicalmente humana como cósmica. En este caso en aumento. De cuatro a seis. De cuarteto a sexteto. “Es el punto que hace interesantísimo el programa: cuarteto, quinteto y sexteto. Así, este concierto es una ilustración musical de cómo esa base entre cuatro sirvió para la aparición de fórmulas camerísticas de mayor tamaño. El primero es núcleo, el quinteto amplía los registros medios dándole un punto concertante a una de las dos violas. Y el sexteto ahonda en la dimensión orquestal de las texturas, consiguiendo gestualidades muy potentes y liberando a uno de los violonchelos para que cante en diálogo con la voz aguda del violín”, explica Cibrán Sierra, autor de un libro sobre el género publicado en Alianza.

El efecto entre las cuatro voces del cuarteto de cuerda sigue siendo hoy en día el símbolo de un diálogo entre cuatro personas. Sin que cada una de ellas pierda su esencia individual ", asegura Valentin Erben, del Alban Berg

Es como realizar un viaje de la esencia a los territorios de lo espectacular. “Haydn juega con el humor, con el ingenio del lenguaje, con la audacia y la brillantez de la retórica. Mozart hace de la música de cámara un escenario operístico, de brillantez instrumental y genialidad melódica y armónica. Brahms convierte el sexteto en una pequeña masa orquestal de una monumentalidad tremendamente atractiva y una versatilidad fascinante”, añade el miembro del Quiroga.