Una traca de teatro contemporáneo en Girona

El festival Temporada Alta concentra en cuatro días a grandes figuras de la escena internacional de vanguardia como Rocío Molina, Romeo Castellucci y Christiane Jatahy

Rocío Molina y Sílvia Pérez Cruz, durante su actuación en la iglesia del monasterio de San Pedro de Galligans de Girona.
Rocío Molina y Sílvia Pérez Cruz, durante su actuación en la iglesia del monasterio de San Pedro de Galligans de Girona.MANUEL CUÉLLAR

Sonaban ayer las campanadas del mediodía en la iglesia del monasterio de San Pedro de Galligans de Girona cuando el coro de cámara provincial empezó a cantar el Locus iste de Anton Bruckner. Delante del grupo, en un escenario levantado justo en el ábside central, dos mujeres rodaban por el suelo entrelazadas. Eran la bailaora Rocío Molina y la cantante Sílvia Pérez Cruz. Al volver el silencio, los cuerpos se alzaron y empezaron a cortejarse: una con su taconeo vanguardista, la otra con su voz poderosa interpretando un fado, un canto religioso, el vals vienés de Leonard Cohen.

Nunca más se repetirá lo que estas dos artistas hicieron ayer en Girona. No fue un espectáculo cerrado, sino dos sesiones de investigación distintas (una por la mañana y otra por la tarde) para un futuro espectáculo que se estrenará en julio de 2018 y que tuvo el privilegio de ver un reducido grupo de espectadores. El proceso de trabajo empezó en mayo pasado, cuando la bailaora y la cantante se conocieron en un avión y tuvieron un flechazo. Enseguida empezaron a colaborar y surgió la idea de hacer algo juntas. En ello están ahora y eso es lo que mostraron ayer. Aún queda mucho hasta llegar a la creación, un elemento importantísimo: Rocío Molina está a punto de someterse a una inseminación artificial para, si resulta bien, introducir la transformación de su cuerpo en el proceso de creación y llegar al estreno embarazada.

Han sido intensos los últimos días en Girona. La de Rocío Molina y Sílvia Pérez Cruz fue solo una de las diez piezas escénicas que se pudieron ver entre el jueves y el domingo en la ciudad, dentro de una traca de diez propuestas escénicas de vanguardia organizada por el festival Temporada Alta para que las vieran casi un centenar de programadores llegados de diferentes puntos del mundo (Avignon, París, Berlín, Madrid, Latinoamérica). El cartel era de lujo: figurones como el italiano Romeo Castellucci y la brasileña Christiane Jatahy se alternaron con artistas españoles de gran proyección en Europa como Roger Bernat, la compañía El Conde de Torrefiel y la propia Rocío Molina. Una oferta que viene a confirmar, un año más, que el de Girona es el certamen español con más tirón en el mercado internacional del teatro contemporáneo.

Romeo Castellucci era uno de los artistas más esperados este año en Temporada Alta. Su Ethica. Natura e origine della mente, basada en el segundo de los cinco volúmenes de la Ética de Spinoza, se presentó también en un escenario de halo sagrado: la antigua iglesia gótica del convento de La Mercè, reconvertido hoy en espacio cultural. Impresionó, como siempre ocurre con los trabajos de este creador, su universo estético: una joven colgada en lo alto del templo, agarrada a un cable con solo un dedo; un perro negro gigante hablando con la mujer mientras deambulaba entre el público (llevaba un reproductor de sonido entre el pelo); cuerpos pasando por detrás… Puro Castellucci.

Tampoco defraudó a sus admiradores Christiane Jatahy con su radical mezcla de teatro y cine en A floresta que anda, inspirada en el Macbeth de Shakespeare. No da respiro al espectador pasivo esta creadora. Lo obliga a moverse, a preguntarse si podría tener las manos manchadas de sangre como Macbeth, graba sus reacciones y las exhibe después en sus pantallas de vídeo.

Pero no solo se habló de teatro estos días en Girona. El sábado, aprovechando la presencia de varios periodistas de medios nacionales invitados por el festival para asistir a las representaciones (entre ellos, EL PAÍS), el director del certamen, Salvador Sunyer, denunció una ofensiva recaudatoria de la Agencia Tributaria por la que reclama al certamen la devolución de 1.400.000 euros por el IVA de las subvenciones, siguiendo, según la opinión de Sunyer, un criterio de interpretación de la ley que nunca antes había aplicado, lo que pondría en peligro la continuidad de Temporada Alta. Otros festivales, en cambio, han pagado ese IVA.

También hubo espacio para la política: en todas las funciones programadas por el festival la organización (por acuerdo de los trabajadores) reservó con carteles un asiento para cada uno de los dirigentes catalanes que están encarcelados por su participación en el proceso independentista. Pese a que muchos espectáculos tenían las entradas agotadas desde hacía días y muchos espectadores se quedaron fuera, nadie se atrevió a ocuparlos.

Sobre la firma

Raquel Vidales

Redactora especializada en artes escénicas y crítica de teatro, empezó a trabajar en EL PAÍS en 2007 y pasó por varias secciones del diario hasta incorporarse al área de Cultura, donde actualmente ejerce como jefa de sección. Es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.

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