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La arquitectura al servicio de la vejez

Proyectistas internacionales defienden un diseño de las viviendas que mejore la calidad de vida de los mayores

Una de las estancias de la Fundación Matía.
Una de las estancias de la Fundación Matía.

Cuando la esperanza de vida va en aumento y la pirámide demográfica sigue invirtiéndose, ¿quién se ocupa de adaptar los hogares a las necesidades de una población cada vez más envejecida? La arquitecta Lone Sigbrand es una convencida de que "a través del diseño y la arquitectura se puede conseguir que las personas mayores se sientan seguras y más a gusto consigo mismas". El proyectista holandés Marc de Rooij sostiene que la arquitectura debe intervenir como un actor principal en la mejora de las condiciones de vida de la tercera edad. "La arquitectura debe formar parte del conjunto de actuaciones multidisciplinares que preservan y mejoran la autonomía de los mayores", opina.

La I Bienal Internacional de Arquitectura Mugak, que despliega 115 actividades en San Sebastián a lo largo de tres meses, hasta el próximo 31 de enero, ha sometido a debate entre profesionales de la arquitectura cómo debe ser "la casa en una sociedad que envejece". Existen investigaciones que apoyan que la mera colocación de los objetos en una casa, la distribución de los espacios, interfiere de un modo u otro en el estado de ánimo y la salud de las personas con demencia.

"El mayor reto social en Dinamarca son las más de 80.000 personas con demencia (de una población total de cinco millones de habitantes). Solo el 25% tiene plaza en una residencia. No podemos construir estos espacios para todos, pero sí adaptar sus viviendas", afirma Sigbrand, responsable del Instituto de Investigación de la Vivienda de la Universidad de Copenhague. "El diseño impacta en el desarrollo de las enfermedades", apoya la misma tesis Mayte Sancho, asesora de la Fundación Matía, una entidad que gestiona centros para mayores en Gipuzkoa.

Marc Booij en las jornadas de San Sebastián.
Marc Booij en las jornadas de San Sebastián.

De Rooij asegura que el 83% de los ancianos prefiere seguir viviendo en su hogar, frente a solo un 3,8% que elige ingresar en una residencia, pero aquella mayoría se encuentra con un problema: "El 79% de las personas mayores habita en viviendas que no cumplen con los criterios de accesibilidad", afirma el arquitecto por la Universidad Técnica de Delft (Países Bajos) y asociado del estudio BRTArchitecten de Alkmaar.

"La casa expresa quién eres como persona. Al trasladarte a una residencia pierdes el control del entorno físico y la individualidad, por eso es importante que, a escalas pequeñas, los ancianos sientan que tienen control, que puedan dejar su huella en el espacio y que reconozcan su vida anterior en estos espacios", defiende Sigbrand, partidaria ante todo de "rechazar aquellos elementos de la casa que hagan referencia a los hospitales y a aparatos asistenciales".

Son necesarios los cambios, por pequeños que estos sean, para generar un entorno adecuado y confortable. "Los espacios horizontales, con techos bajos, impulsan la concentración. Cuanta más luz exista en una vivienda, la gente será más feliz y tendrá menos enfermedades", dice De Rooij. El arquitecto Heitor García Lantarón, que trabaja a caballo entre Copenhague y Madrid y colabora con el Instituto danés de Investigación en Edificación, sostiene que "hay muy buenos ejemplos de arquitectura para mayores y muy buenos arquitectos que los han materializado", por lo que "el buen diseño no está reñido con este tipo de alojamientos". "Necesitamos viviendas para toda la vida. Si pensamos que las ciudades tienen que ser para todos, ¿por qué seguimos diseñando viviendas para grupos concretos de población?", se pregunta el arquitecto madrileño.

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