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Cristina Iglesias destapa el Londres subterráneo

La escultura de agua y bronce 'Arroyos olvidados' forma parte del nuevo edificio de Bloomberg que ha diseñado Norman Foster

Cristina Iglesias y Michael Bloomberg charlan junto a la escultura 'Arroyos olvidados'. Detrás, Norman Foster.
Cristina Iglesias y Michael Bloomberg charlan junto a la escultura 'Arroyos olvidados'. Detrás, Norman Foster. AFP

Naturaleza, arroyos, tierra, raíces. Hay vida debajo de los rascacielos, del cemento, del asfalto, del humo de los tubos de escape. Eso, al menos, es lo que dice Cristina Iglesias (San Sebastián, 1956). Y así lo ha querido mostrar en Arroyos olvidados, acaso el más ambicioso proyecto de arte público que ha abordado nunca la escultora donostiarra, que se puede disfrutar desde este martes en el corazón mismo de la City de Londres.

Se trata de una escultura de agua y bronce en tres partes, en la base del flamante edificio de Bloomberg, un elegante e imponente complejo diseñado por Norman Foster. Inaugurado hoy en pleno distrito financiero londinense, el edificio servirá de cuartel general europeo del imperio periodístico del exalcalde de Nueva York.

El nuevo rascacielos Bloomberg en Londres.
El nuevo rascacielos Bloomberg en Londres.

Arroyos olvidados está compuesto por tres grandes aperturas en el suelo que dejan ver un enjambre orgánico de tierra y raíces, moldeado en bronce en una fundición de Eibar (Guipúzcoa), por el que fluye una corriente de agua que va llenando y vaciando las caprichosas e infinitas cavidades. Quienes conozcan la obra de Iglesias, la más internacional de las artistas españolas vivas, sabrán que su concepción del arte público escapa a una interpretación única. Y aquí, en esta insólita colaboración con el gran magnate de las finanzas neoyorquino y el gigante británico de la arquitectura, la escultora española asegura haber encontrado un terreno para desplegar buena parte de sus inquietudes.

Sostenible y artístico

El edificio de Bloomberg, inaugurado hoy en el corazón del distrito financiero de Londres, reunirá por primera vez bajo un mismo techo a los 4.000 empleados del imperio periodístico del exalcalde de Nueva York que trabajan en la capital británica. Diseñado en piedra y bronce por Norman Foster, el edificio se sitúa en la vanguardia de la arquitectura sostenible, con innovadores sistemas de ventilación, iluminación y consumo de agua que reducen drásticamente su impacto ambiental y le proporcionan la más alta calificación de sostenibilidad que ha obtenido nunca un edificio de oficinas. Las nueve plantas, de espacios diáfanos, se levantan sobre uno de los yacimientos arqueológicos más relevantes de Reino Unido, en el antiguo templo de Mithras. Las obras del edificio sacaron a la luz más de 14.000 objetos de interés arqueológico, incluida una serie de tabletas de escritura romanas de cera con la más antigua referencia a Londres registrada. Los hallazgos serán expuestos en un museo que abrirá en los próximos meses en el edificio. Además de la intervención de Cristina Iglesias, distribuida por las plantas hay una importante colección de obras de arte creadas para el lugar, de artistas como Olafur Eliasson o Michael Craig-Martin.

“La City es el centro de negocios del mundo, y algo así en medio de este lugar tan agresivo me interesa a nivel urbanístico”, explica Iglesias, sin perder ojo a los viandantes que se detienen ante la pieza, y la contemplan unos segundos antes de seguir su camino. “La visión de soslayo me interesa. Que la miren y que vuelvan, para encontrarla de otra manera. El flujo del agua hace que siempre sea diferente. Es una pieza que entra en diálogo con muchas cosas. Ha sido una gran oportunidad de investigar sobre lo que hago, por qué lo hago, y de explorar el sentido del arte más allá de lo estético. Sirve de punto de encuentro, cambia el flujo de lo cotidiano en un lugar de un ritmo frenético como este. Se trata de crear un lugar, que es lo que siempre he intentado en mi escultura”.

El proyecto es producto de una reflexión conjunta entre el arquitecto y la artista sobre los nuevos desafíos del arte público, incluido el de la seguridad ante ataques terroristas. “Llevo tiempo trabajando ideas con Foster”, explica Iglesias. “Vino a mi exposición en la galería de Marian Goodman en Nueva York hace cinco años, y hablamos de la escultura en relación con las diferentes necesidades y limitaciones del espacio público. En aquella exposición trabajaba sobre la idea de un foso, y eso le atrajo a Foster. En un edificio como este hay que pensar en muros de contención para evitar agresiones. Y en lugar de llenar el espacio público de bolardos y muros, le gustó esa idea de un foso que protege pero también funciona como punto de encuentro. Estos proyectos grandes te plantean retos, y eso es muy atractivo porque surgen caminos nuevos”.

La pieza conecta -en temática, estética y ambición- con su proyecto Tres Aguas para la ciudad de Toledo. Se podría hablar de la obra de Iglesias como un ente subterráneo que brota en plazas públicas y museos de todo el mundo. Pero una obra pública de esta envergadura en Londres supone su huella definitiva en una ciudad que ha sido clave en su carrera y en su vida. Aquí llegó desde San Sebastián a principios de los años 80, para sumergirse en el arte y en ese mundo subterráneo de la ciudad que hoy destapa metafóricamente con su escultura. Aquí encontró su camino artístico y también sentimental, junto a Juan Muñoz, su pareja y otro de los grandes artistas españoles, que falleció en 2001 cuando sus esculturas inauguraban la Sala de Turbinas de la Tate Modern. Iglesias volvería a Londres dos años después para una exposición individual en la prestigiosa galería Whitechapel, que la consagró internacionalmente.

Arroyos olvidados encierra un guiño al río Walbrook, uno de los ríos perdidos de Londres. Fluía por este lugar, entre lo que son hoy el banco de Inglaterra y la Mansion House, en el antiguo Londonium romano. “Pero la obra no es solo memoria, es también metáfora”, advierte Iglesias. “Es la naturaleza que está por debajo de nosotros y que está viva, las conexión entre las tres piezas es también nuestra conexión con la naturaleza”.