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Las cineastas españolas piden un foro para abordar el problema del acoso sexual

La Seminci da la voz a las mujeres que denuncian la desigualdad de géneros en la industria audiovisual

De izquierda a derecha, María Zamora (productora), Amanda Villanueva (sonido), Coral Cruz (guionista), Pilar Revuelta (dirección de arte), Rosa Estévez (directora de 'casting'), Jara Yáñez (periodista de la revista 'Caimán'), Patricia Monné (vestuario), Ana Gracia (actriz) y Raquel Fernández (fotografía).
De izquierda a derecha, María Zamora (productora), Amanda Villanueva (sonido), Coral Cruz (guionista), Pilar Revuelta (dirección de arte), Rosa Estévez (directora de 'casting'), Jara Yáñez (periodista de la revista 'Caimán'), Patricia Monné (vestuario), Ana Gracia (actriz) y Raquel Fernández (fotografía).

La preocupación por el acoso sexual que sufren las mujeres en el cine, tras el escándalo en Hollywood con el poderoso productor Harvey Weinstein y el silencio de plomo que durante años tapó su delito conocido por tantos, se ha extendido a la industria española. Mujeres cineastas, reunidas en Valladolid en unos encuentros organizados por la Seminci, han reclamado la creación de un foro en el que poder abordar y tratar la problemática generada por posibles casos de acoso sexual en el sector, además de las consecuentes denuncias. La junta directiva de la Academia de Cine se ha comprometido a estudiar la petición. También la asociación de mujeres del cine, CIMA (Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales), creada hace 11 años, va a preparar un cuestionario que servirá de base a un mapa de posibles casos de acosos sexuales.

La Seminci se ha convertido en esta edición en el festival de cine español de referencia en cuanto a la paridad, tanto en la sección oficial, donde nueve de las 18 películas que optarán a la Espiga de Oro están dirigidas por mujeres, como en los premios de Honor (dos para hombres, dos para mujeres) o en la organización de un ciclo, Supernovas, dedicado íntegramente a los trabajos audiovisuales realizados por cineastas entre 2016 y 2017. En este contexto –en el Festival de San Sebastián solo cuatro de 18 películas a concurso estaban dirigidas por mujeres, en una proporción parecida a Cannes (tres de 18), en Venecia (dos entre 21) y Berlín con cuatro de 24-, las mujeres han tomado el poder en la Seminci. Ocasión que han aprovechado para denunciar la desigualdad de géneros en la industria audiovisual en un foro y una mesa redonda, en cuya organización ha participado también la revista de cine Caimán Cuadernos de Cine. Los datos cantan. Según un estudio de CIMA, que presentarán al completo en los primeros días de noviembre, en 2016, de las 31 películas que obtuvieron ayudas a la producción, solo tres están dirigidas por mujeres (Isabel Coixet, Icíar Bollaín y María Ripoll). En cuanto a las ayudas selectivas en 2017, solo el 27,7% del dinero público del ICAA ha ido a parar a proyectos presentados por mujeres, en su mayoría películas de bajo presupuesto o documentales.

Las desigualdades de género en la industria audiovisual han salido a relucir en público en una mesa redonda con representantes de los diversos oficios del cine. La directora Chus Gutiérrez, que dijo desconocer casos concretos de abusos sexuales, puso el acento en los contenidos y los modelos de mujeres que retrata el cine. “No nos sentimos para nada representadas. El cine reproduce estereotipos de mujeres que no son los de la sociedad”. La productora Maria Zamora, responsable de títulos como Verano 1993, de Carla Simón, la gran sorpresa cinematográfica del año que representará a España en la gala de los Oscar, ha abogado por una mayor presencia femenina en aquellos foros y comités que deciden de verdad los proyectos. “Tenemos que estar en las mesas de decisiones, en los comités de los festivales y las televisiones, en las instituciones públicas. Es ahí donde nuestra presencia es imprescindible” ha asegurado Zamora, productora también de los últimos títulos de Beatriz Sanchís (Todos están muertos), Nely Reguera (María y los demás) o el próximo debú en el largometraje de Clara Roquet.

“Ser actor en España es complicado, pero actriz mucho más”. A las palabras de la actriz Ana Gracia siguieron las cifras, contundentes y altamente escandalosas. Según un estudio elaborado por la Unión de Actores del que se ha hecho eco la intérprete, de los 35 años para abajo, el 60% de los papeles en el cine se lo llevan los hombres frente al 40% de las mujeres. Estos números van descendiendo en contra de las actrices según avanza la edad. Así, entre los 39 y los 45 años, el porcentaje a favor de los actores aumenta en un 67% frente a al 33 % de las mujeres. Entre los 45 y los 64 años, la diferencia a favor de los intérpretes masculinos aumenta tres puntos: un 70% frente a un 30% de actrices. “Las mujeres en el mundo de la ficción no existimos en relación a nuestra presencia en la sociedad”, ha denunciado Ana Gracia.

Las guionistas no se salvan tampoco de esta situación. De las diez películas españolas más taquilleras de 2016, ninguna tenía firma femenina. Coral Cruz, que ha reconocido no haberse sentido maltratada ni ninguneada por el hecho de ser mujer, animó a las guionistas a romper la cadena que las atenaza a escribir películas pequeñas. “Las mujeres somos capaces de escribir historias para el gran público. No debemos de quedarnos reducidas solo a películas íntimas y de bajo presupuesto. Así es difícil que la industria vea en nosotros un ejemplo de rentabilidad. Tenemos que confiar más en nosotras mismas”.