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Cuando incluso las canciones tristes pueden ser alegres

Efecto Pasillo lanza un nuevo disco que mezcla folclore canario con ritmos latinos y mantiene su tono optimista

El grupo canario Efecto Pasillo en la sede de Warner Music, en Madrid.
El grupo canario Efecto Pasillo en la sede de Warner Music, en Madrid.

Tienen el verano en el tímpano y, con cada acorde, ya sea en melodías teñidas del folclore de su Canarias natal o con ritmos más cercanos al Caribe, intentan perpetuar esa diversión solar propia del estío. Bailes, tarareo de estribillos. El verano idílico de Efecto Pasillo dura ya diez años y cuatro discos, y con el que ahora lanzan, Barrio de Las Banderas, esperan dar un salto: “Ganar fuerza para expandirnos por Latinoamérica y afianzarnos en España”. Una gesta más complicada desde sellos independientes y que aun así acariciaron con éxitos como Pan y mantequilla, Cuando me siento bien o No importa que llueva.

¿Cómo sería una canción triste de Efecto Pasillo? “Alegre”, contestan sin ánimo de paradojas y sonriendo. Son cuatro y, aunque los componentes van llegando por goteo primero Javier Moreno (batería) y Arturo Sosa (bajista), al rato Iván Torres (voz) y, por último, Nau Barreto (guitarra), responden en sintonía, como una sola cabeza, con una sola voz. Todos los temas los firman los cuatro y hay cohesión, saben lo que buscan.

Concierto en Los Matinales

Fantaseando, soñando, dicen que les gustaría actuar junto con Shakira o Juanes; con Calle 13 o clásicos como Juan Luis Guerra o Carlos Vives. De España, con Alejandro Sanz o Pablo Alborán (“puede parecer que no casamos bien en principio, pero con su talento seguro que el resultado tendría muchísimo rollazo”, dice Iván Torres). De momento, forman parte de los Matinales de EL PAÍS, los conciertos diurnos en fin de semana. Sus actuaciones son el 5 de noviembre en Barcelona y el 26 en Madrid.

“Quisimos actualizar el sonido atendiendo a los que ahora están más de moda; están en boga ritmos urbanos, una evolución del reguetón con mensajes más románticos que suena en todas las radios y discotecas y que a nosotros nos gustaba, por ser muy bailable”, dice Arturo Sosa. Y, a la vez, rebuscar en las raíces del folclore canario y explorar qué síntesis podían decantar, mezclándolo con músicas del Caribe y el Cono Sur. “En timbre, Canarias y Latinoamérica suenan parecido; Canarias siempre ha tenido mucha relación con aquella tierra: gente que vino a las islas u otra que fue allá y que hasta fundó ciudades”, agrega Sosa, y Javier Moreno asiente.

No es un acto del todo consciente. No se sientan y de forma voluntaria elaboran canciones con jerga o notas que crean que van a ser mejor recibidas entre el público latino. Su proceso de composición consiste en traer al local donde ensayan una idea inconcreta que les bulle en la cabeza, una frase o una sucesión de acordes, y en “vestirla” entre todos. “Incluso cuando Iván tiene ya la letra, todos la corregimos y aportamos nuestro granito de arena, la hacemos nuestra”, explica Moreno. Lo suyo surge sin premeditación, creen que el salto es más fácil desde el archipiélago: “Nos sale de forma natural acercarnos tanto a la gente de Latinoamérica. Tal vez sea por una mera cuestión de habla, de acento. Nos confunden casi siempre con venezolanos, puertorriqueños”.

Lo que sí planearon desde que en 2016 los componentes del grupo se fueron de “retiro espiritual” a Punta Paloma (Cádiz) y, allí, con su productor Tato Latorre comenzaron a pergeñar la forma del disco, fue incluir instrumentos que habían captado su atención durante viajes al continente americano y más ritmos de allá. “El charango, varios de cuerda; hemos incorporado mucho de lo que aprendimos tocando allí a nuestro vocabulario musical”, dice Moreno.

Uno de sus primeros sencillos, Carita de buena, nació de un tuit que decía: “Quererte me está matando”. De ahí surgió un estribillo y luego, lo demás. Dice Moreno que las redes sociales han sido un gran instrumento en la carrera de Efecto Pasillo, que sus seguidores agradecen sentirles tan cercanos y que a ellos les sirve para conocer mejor sus gustos y para recabar opiniones que de veras tienen en cuenta. Por esos y otros canales les han ido llegando los mensajes que les han convencido de la máxima que da sentido a su insistente positividad: “La música tiene el poder de cambiar el estado de ánimo”. “Algunos nos cuentan cómo nuestras canciones les resultan curativas, cómo hacen más leve una enfermedad o les alegran épocas en las que personalmente no se encuentran bien”, relatan a medias entre Moreno y Torres.

Es el vocalista quien defiende sus banderas, las que dan título a su álbum: “Son musicales, canciones; nuestro barrio está hecho con canciones, es una invitación abierta a todo el mundo a que escuchándolas sienta que nos conoce y por supuesto a que quieran enseñarnos el suyo, su barrio musical, para que podamos aprender nosotros de él”. ¿Cómo se consigue mantener infatigablemente ese espíritu en lo que hacéis? “Apoyándonos mutuamente. Si uno está mal, otro le levanta el ánimo. Al fin y al cabo, cuando nos juntamos para hacer música, nos gusta divertirnos, y eso es lo que se transmite”, sentencia Torres.

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