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Si el mundo se tambalea, ‘Saturday Night Live’ prospera

La imitación de Alec Baldwin como Trump lleva al programa a su mejor audiencia desde 1994 y a arrasar en nominaciones a los Emmy

"Saturday Night Live no sale al aire porque estemos preparados, sino porque son las 23.30". Una de las frases más famosas del creador del legendario programa de sketches, Lorne Michaels, sirve para describir con bastante tino los 42 años del show en directo de NBC. No siempre es brillante, los chistes y su crítica a veces no están pulidos y no todas las piezas funcionan. Pero en ocasiones es tan relevante que puede llegar a crear un retrato muy relevante de la política estadounidense, dentro y fuera de su país de emisión. Eso es lo que ha ocurrido este año.

Favorito en los Emmy

Con 231 nominaciones a lo largo de su historia (y 22 solo este año) y 52 victorias, es imposible que nadie supere el récord de Saturday Night Live. Gracias al éxito de este año, además, el programa podría volver a reinar en la categoría de variedades —que no gana desde 1993— y guion. Los que ya tienen su Emmy en casa este año son los invitados de comedias: Melissa McCarthy (por ser Sean Spicer) y Dave Chapelle (por su trabajo como presentador). También están nominados a secundarios Alec Baldwin, Kate McKinnon, Leslie Jones y Vanessa Bayer. También Kristen Wiig, Tom Hanks y Lin-Manuel Miranda estaban en la pugna, pero ya perdieron.

La victoria de Donald Trump, y la elección de Alec Baldwin como imitador del presidente, ha llevado a SNL a su pico de audiencia desde 1994, y también a arrasar en las nominaciones a los premios Emmy, con 22 candidaturas. El actor de 30 Rock puede empezar a hacer hueco en el baño para su tercera estatuilla como mejor actor de reparto.

Pero no es la primera vez que SNL diseña un presidente en el imaginario. El año de su estreno, en 1975, ya ocurrió con Gerald Ford. La versión de Chevy Chase dibujó un presidente torpe y poco preparado. No se parecía en nada, y, sin embargo, solo con su mano el reparto "no preparado para el prime-time" se convirtió en un fenómeno. A partir de ese momento, tener a un presidente en el elenco sería una de las grandes tradiciones. A Will Ferrell incluso le dijeron que con su imitación de George W. Bush había hecho amable a ojos del público a ese presidente bobalicón y atontado acomplejado por su padre (Dana Carvey como H.W. Bush) que diseñó. Pero nadie tuvo un efecto tan claro en la campaña electoral como la imitación de Sarah Palin que hizo Tina Fey en 2008, incluso si eso significaba aguantar durante ocho años a un comandante en jefe tan poco fácil de imitar como Barack Obama, quien ni con Fred Armisen ni con Jay Pharoah dio nunca grandes éxitos virales.

La Fey de Palin sentó, además, un precedente que provocaría un cambio de tercio. A partir de ese momento, por lograr titulares y en detrimento del reparto habitual, Lorne Michaels empezaría a buscar a amigos famosos del programa para interpretar a los nuevos protagonistas políticos. Primero fue el humorista Larry David como Bernie Sanders (a quien, como a Fey, le habían reclamado en Internet por su parecido) y meses más tarde llegó Alec Baldwin: "Lo primero que pensé fue en el pobre Darrell Hammond [imitador de Trump durante décadas], pero nadie pensaba que Trump ganaría. Alec lo interpretaría en cuatro o cinco programas y luego seguiría con su vida", recordaba el productor Steve Higgins a The Hollywood Reporter. Tan poco anticiparon el resultado que meses antes habían invitado al candidato como presentador en un movimiento muy criticado por dulcificarlo más que por criticarlo. No tomárselo en serio fue su peor estrategia.

Alec Baldwin, al fin y al cabo, tenía una larga trayectoria en el programa. Era, con 17 sábados a sus espaldas, quien más veces había conducido el programa como invitado durante su historia, así como uno de los amigos más cercanos de Michaels: "La idea la dio Tina Fey [su compañera en 30 Rock] durante el verano", contaba Michaels a The Hollywood Reporter. "Pero yo iba a rodar una película. Lorne no dejaba de llamar: 'Creo que deberías interpretar a Trump ¿Qué más tienes que hacer durante 18 semanas?' Entonces la película perdió la financiación, pero lo volví a intentar y le dije a Lorne: 'No puedo, voy a hacer una película' y contestó: 'Cuando acabe de rodar, te traeremos en un avión privado los sábados para venir al programa al que perteneces'. Entonces la película murió definitivamente y llamé: 'Soy Trump". El 1 de octubre de 2016 su imitación ya era impecable en gesto, voz y pelos. Su primer sketch lo enfrentaba por primera vez a la Hillary Clinton de Kate McKinnon  —también nominada este domingo en los Emmy—, ya asentada como la candidata sedienta de poder, desconectada del mundo real y que tenía claro que sería presidenta: "Esto va tan bien. Es precisamente como soñaba". Trump era simplemente Trump.

El ambiente político se había enrarecido, pero también era de lo único que podía hablar todo el mundo. Un viernes cualquiera, aparecía una grabación del magnate donde decía que "agarraba a las mujeres del coño". El programa tenía que ser reescrito para adaptarlo en tiempo récord. "Tras el tercer debate, se había vuelto tóxico. No había nada más que decir", recuerda McKinnon. Así que ambos candidatos salieron del Rockefeller Center en directo para ponerse a abrazar a los neoyorquinos y simplemente animar al público a votar: "Queríamos recordar que todavía había bondad. Se nos olvidó".

Para cuando Trump ganó, SNL rindió un simple homenaje a la candidata derrotada. McKinnon abrió el programa tocando el piano con Hallelujah!. "Todo estará bien" decía al final, antes de que saliera el humorista Dave Chapelle (que ya ha ganado su Emmy este año) a conducir uno de los mejores programas del año, donde él, junto a Chris Rock, se reían de los "blancos" que veían imposible una victoria del republicano.

La presidencia de Trump, sin embargo, no bajó el ritmo. Alrededor del presidente y sus decisiones bomba casi diarias nació toda una serie de personajes fácilmente parodiables. Desde el presidente ruso Vladimir Putin de Beck Benett (siempre controlando y sin camiseta) a la asesora Kellyanne Conway de la propia McKinnon, posiblemente el personaje más desquiciado de toda la colección. No faltaban tampoco Melania Trump (Cecily Strong), los hijos Eric y Donald Jr., el calavérico Steve Bannon (estratega jefe de la Casa Blanca) y, por supuesto, el portavoz Sean Spicer, despedido este verano y al que imitó Melissa McCarthy. De nuevo SNL buscó fuera de su elenco para crear titulares.

"No hago imitaciones. No tengo el oído, pero al leer el guion pensé 'Es un personaje muy jugoso aunque no sé cómo lo haremos físicamente", decía la actriz de La boda de mi mejor amiga. Pero su interpretación fue como una fuerza de la naturaleza subida en un atril. Nunca más verían a Spicer de la misma manera, y eso no gustó demasiado a la Casa Blanca. Esa fue la excusa perfecta para convertir al fiscal Jeff Sessions también en mujer, con el rostro de McKinnon. McCarthy, eso sí, ya ha logrado el éxito y ganó el Emmy a invitada la semana pasada, aunque para Spicer, este fue el principio del fin.

SNL había vuelto a dar donde dolía. En una época donde la comedia parece estar más segmentada por nichos, en el que los jóvenes olvidan los programas clásicos, sus sketches vuelven a liderar el discurso en el momento en el que la política es lo que más interesa. Se convirtió en el partido de la oposición. Y así lo hizo ver también el presidente en Twitter: "He intentado ver Saturday Night Live. ¡Insoportable! Totalmente parcial y nada gracioso y la imitación de Baldwin no puede ser peor. Triste". Eso solo sumó. La audiencia creció e incluso logró un programa en prime-time en verano.

"La temporada de Sarah Palin tuvimos menos presión. Cuando Tina salía a la calle, todo el mundo estaba contento de verla. Con Alec, a veces parece que fuera la única esperanza de muchos. Es un lugar extraño en el que colocar a un humorista", explica Higgins: "Espero que el mundo vuelva a la normalidad pronto". Aunque eso fuera en detrimento del humor.

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