Festival de Toronto

En la intimidad sin nostalgia de Grace Jones

El icono de la era disco presenta en el Festival de Toronto un documental sobre ella y prepara nuevo álbum

Grace Jones, en la presentación de su documental en Toronto.
Grace Jones, en la presentación de su documental en Toronto. Isaiah Trickey (FilmMagic)

“Me tomo un descanso”, dice Grace Jones mientras se dirige hacia la barra del bar del hotel donde le espera una televisión. Al llegar, grita: “¡Sí!”. Rafa Nadal va ganando a Juan Martín Del Potro en la semifinal del US Open. “Le encanta el tenis”, explica la directora Sophie Fiennes, que conoce bien a la modelo, cantante, actriz, icono de la era disco. “Verlo y jugarlo, aunque jugando no es tan buena”, dice entre dientes.

Más información
El festival de festivales arranca en Toronto con sueños de Oscar

La hermana documentalista de los Fiennes conoció a Grace Jones después de trabajar con su hermano pastor, Noel Jones, y la conoce bien porque se ha pasado 10 años siguiéndola con su cámara por el mundo allá por donde Jones quería que la acompañara. “Grace me llamaba y me decía: ‘¿Te vienes mañana a Moscú? ¿Vamos dos días a París?”, cuenta la cineasta. El resultado son decenas y decenas de horas de grabación que decidió “digerir” el año pasado y transformar en el documental Grace Jones: Bloodlight y Bami, con el que se ha inaugurado el Festival de Toronto.

Son las 10 de la noche y Grace Jones sigue en su pausa. Acumula más de una hora de retraso en las entrevistas, pero conociendo su trayectoria es poco. Se la oye gritar, ha decidido que la pausa durará hasta que Nadal gane. Por suerte, ocurre pronto y vuelve más contenta de lo que se ha ido, gritando y con una copa de vino en la mano.

Esos momentos con ella son más valiosos que las preguntas, opina Fiennes, que en la película no le dirige ni una vez la palabra, no la hace hablar a cámara. “Con Grace tienes que estar en el presente, quería dar intimidad, estar con ella, estar ahí, para ella tanto el pasado como el futuro están en su presente”, dice. Pero su pasado es mucho pasado. Precisamente este año celebra el 40 aniversario de la publicación de su primer disco, Portfolio, que la convirtió en una estrella de la escena de Studio 54 cuando descubrió que “el baile era como ir a la iglesia”. Antes modelo, compañera de piso de Jerry Hall y Jessica Lange, con su estética andrógina conquistó a Andy Warhol y su equipo.

“No pretendía que [la androginia] se pusiera de moda”, explica. “Crecí con tres hermanos y las faldas siempre fueron un problema porque quería competir con ellos. Y lo del pelo es porque era tan rizado –dice levantando el sombrero que deja ver pequeñísimas rastas– que era muy doloroso peinarse, en cuanto pude me lo rapé, no estaba pensando en androginia: no quería perder tiempo en la peluquería”, se ríe. “Fue algo natural para mí, aunque seguía siendo muy femenina y extremadamente vanidosa”.

Insiste mucho en su vanidad, dice que siempre la ha acompañado, y es cierto que ha cuidado cada uno de sus looks, que ella misma se crea. En el documental se la ve maquillándose a sí misma antes de cada actuación o salida pública, protegiendo su imagen. “Pero si algo ha conseguido esta película es liberarme de mi vanidad”, confiesa. “Ya no soy una prisionera. Me importa mi aspecto, como soy, pero no me importa la edad”. Aunque se sigue negando a revelar cuántos años tiene.

Se ríe con la pregunta de si Wikipedia dice la verdad y el año que viene cumplirá los 70. “No tengo 69 años, pero está bien, es solo un número. Que se inventen lo que quieran. Nunca digo la verdad, siempre digo ‘habla con el FBI’, aunque ellos tampoco lo sabían y se fiaron de Wikipedia. Cuando tuve que renovar mi pasaporte la última vez, me citaron dos agentes para corroborar mi edad”, se parte de risa. “Debe de haber como tres edades mías circulando, pero no las corrijo, me gusta mantener el misterio, pero yo no pierdo el tiempo”.

Vive el presente, como decía Fiennes, y como cuenta en la película en la que la sigue en la grabación de su último disco publicado, Hurricane, en la gira que hizo para promocionarlo con espectaculares actuaciones que tenían detrás el genio visual de Eiko Ishioka, y también la sigue en su casa, cuando se vuelve loca en una habitación de hotel de Japón, en una discoteca o cuando se relaja en su Jamaica natal viendo a su familia. “Nada está vetado con ella”, dice Fiennes.

Aunque grabado a lo largo de 10 años, el documental es una colección de “momentos presentes”, en los que la única referencia a su pasado estelar es una foto de ella con Warhol en un bolso diseñado por su sombrerero de cabecera, Philip Treacy. “¿Qué es la nostalgia? No puedes vivir de imaginar el pasado. Studio 54 fue su momento, no puedes llevártelo contigo, puedes imaginarlo con las fotos, con la música, pero la nostalgia es una pérdida de tiempo”, dice convencida. Ella sigue avanzando, sin interés en volver al cine, donde interpretó papeles míticos como el de chica Bond en Panorama para matar, y volcada en su música. “Estoy terminando un disco que tendrá una base de ritmos africanos”, explica. Y con ganas de transmitir su experiencia a los jóvenes a través de charlas. “Quiero decirles que lo fundamental es que sigas tus instintos”. Ese ha sido su único secreto: hacer lo que ha querido hacer siempre. Incluso cuando decide levantarse y ver a Nadal ganar.

Toda la cultura que va contigo te espera aquí.
Suscríbete

Babelia

Las novedades literarias analizadas por nuestros mejores críticos en nuestro boletín semanal
RECÍBELO
Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS