Crítica | Los años rápidos
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

El cable cortado y la mano tendida

Esboza un serio conflicto familiar sobre lo determinante que un solo gesto de un progenitor puede resultar para el porvenir de un hijo

Pepa Pedroche, en 'Los años rápidos'.
Pepa Pedroche, en 'Los años rápidos'.Cecilia Vincentelli (EL PAÍS)

LOS AÑOS RÁPIDOS

Autor y director: Secun de la Rosa.

Intérpretes: Pepa Pedroche, Marcial Álvarez, Cecilia Solaguren, Sandra Collantes.

Escenografía; Edi Naudo.

Dirección: Fernando Bernués y Mireia Gabilondo. Madrid. Teatro del Barrio, hasta el 24 de septiembre.

Breve pero contundente Los años rápidos deja buen sabor de boca y ganas de un poquito más. Secun de la Rosa ha escrito una emotiva obra en tres cuadros. El primero, en clave de sainete, da mucho que reir. El segundo, parece que fuera a continuar por esa traza desenfadada y humorística, que pronto abandona de sopetón para abrir las puertas del melodrama de par en par. El tercero, grata sorpresa, plantea un difícil y empinado ejercicio para cuatro actores sembrados: Marcial Álvarez, Pepa Pedroche, Cecilia Solaguren y Sandra Collantes.

Al cabo, Los años rápidos esboza un serio conflicto familiar, dos desenlaces posibles (como Morir, pieza celebérrima de Sergi Belbel) y lo determinante que un solo gesto de cualquiera de sus progenitores puede resultar para el porvenir del hijo situado en posición desfavorable frente a sus hermanos. Visto que el relato cautiva, que la manera en la que se desarrolla el tercer acto causa sorpresa; que el trabajo interpretativo no tiene falla ni desperdicio, y que el reloj biológico del público suele estar afinado a duraciones algo mayores (aquí se echa el cierre a los 50 minutos), cabe especular con que una escena más, en la cual se desarrolle algo de cuanto se nos viene contando, redondearía espectáculo tan sugestivo. La luz, cuya autoría no figura en el programa, concentra la atención y contribuye decisivamente a crear un clima permeable a las emociones.

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