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Poltergeist en el gotelé

El reto del director era provocar legítimos escalofríos supliendo el caserón gótico por el bloque de viviendas de clase media

Un fotograma de 'Verónica'.
Un fotograma de 'Verónica'.

Si tenemos que creer a los rótulos que cierran el último largometraje de Paco Plaza, el informe policial redactado a propósito del llamado Expediente Vallecas es el único documento archivado en la Dirección General de Policía en el que las fuerzas del orden aportan testimonio de una experiencia de lo sobrenatural. Fechado el 27 de noviembre de 1992, el informe recoge la percepción de diversas manifestaciones de lo paranormal —puertas de armario que se abrían “de forma súbita y totalmente antinatural”, fuertes ruidos procedentes de una terraza vacía, manchas de babas de color marrón en la mesita del teléfono, crucifijos fracturados— observadas por el inspector jefe José Pedro Negri y otros tres agentes durante su visita a un domicilio en la calle Luis Marín, sumido en “una situación de misterio y rareza” tras el enigmático fallecimiento reciente de Estefanía Gutiérrez Lázaro, la hija adolescente de la atemorizada familia. Carne de Cuarto Milenio que Plaza utiliza como punto de partida para una eficaz película de terror, que, no obstante, tenía el potencial para proponer con mayor firmeza un nuevo imaginario para el género.

La historia de esta adolescente que, tras oficiar una sesión de ouija con unas amigas, libera a una presencia del Otro Lado que acabará destruyéndola y poniendo en peligro a sus seres queridos es, en los primeros minutos de Verónica, un pretexto a medida para explotar el potencial inquietante de unos espacios cotidianos que un cine de terror español demasiado obcecado con claves góticas nunca había tanteado. La apuesta no era precisamente fácil: Paco Plaza ya había jugado de manera brillante con referencias locales en su chispeante [Rec]3: Génesis (2012), pero allí el tono bienhumorado e irreverente proporcionaba una coartada con la que ahora no se puede contar. El reto al que se enfrentaba el director era el de provocar legítimos escalofríos supliendo el caserón gótico por el bloque de viviendas de clase media.

VERÓNICA

Dirección: Paco Plaza.

Intérpretes: Sonia Almarcha, Ana Torrent, Carla Campra, Iván Chavero.

Género: terror.

España, 2017

Duración: 105 minutos.

Y, en un principio, este universo de fascículos coleccionables sobre el ocultismo y poltergeist en el gotelé se sostiene… hasta que Plaza, de la mano de una monja ciega y una presencia que parece salida de Insidious (2010), abandona su compromiso con la lengua vernácula para entregarse al esperanto del terror contemporáneo. El clímax también parece un movimiento táctico para cubrirse las espaldas, para subrayar que esto, en el fondo, no es Cuarto Milenio, sino el viejo juego de nadar y guardar la ropa.

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