Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

‘Amour fou’ por un sátiro corrosivo

La crítica francesa encumbró al cómico, en quien vio una caricatura social de EE UU

Una escena de 'El botones' (1960), protagonizada por Jerry Lewis.
Una escena de 'El botones' (1960), protagonizada por Jerry Lewis. CORDON PRESS

Es un tópico perseverante, pero no por eso deja de ser una incontestable certeza: Jerry Lewis nunca habría sido considerado un autor sin la inestimable ayuda de la crítica francesa, que vio en sus películas una sutil caricatura social de los Estados Unidos de la posguerra, además de elogiar sus experimentos con el sonido y el color.

Desde finales de los cincuenta, las dos biblias del cine galo, Positif y Cahiers du Cinéma, eternamente enemistadas en cuanto a filias y fobias, coincidirán, por una vez, respecto al genio de Lewis. Fue el crítico Robert Benayoun, antiguo escritor surrealista del círculo de André Breton, quien se erige en primer vindicador de Lewis desde las páginas de Positif, donde lo califica como “el mayor artista cómico desde Buster Keaton”. “No solo es un sátiro corrosivo, sino también un colorista audaz y un malabarista valiente del efecto de sonido”, escribió Benayoun, que hizo con Lewis lo que François Truffaut haría con Hitchcock: conferirle una legitimidad. Más tarde, Benayoun dirigió un documental, Bonjour Mr Lewis (1982), donde los grandes de la comedia estadounidense, como Woody Allen, Peter Bogdanovich o Mel Brooks, reivindican el nombre de Lewis como uno de los mejores.

Cahiers du Cinéma, hervidero de la Nouvelle Vague, se mostró algo más templada respecto a su talento durante los años en que fue pareja cómica de Dean Martin. Pero terminó rendida a su genio cuando Lewis empezó a dirigir, producir y escribir sus propias películas. En 1963, el entonces crítico y director Jean-Luc Godard lo designará como “el único en Hollywood que no cae en categorías y normas establecidas” y también “el único que hace películas progresistas”. Godard escogió El profesor chiflado (en francés, Dr. Jerry et Mr. Love) como una de las 10 mejores películas del año. Ya en 1957, al firmar una crítica elogiosa de Loco por Anita, una de sus numerosas colaboraciones con su mentor, Frank Tashlin, Godard había incluido esta frase: “En el rostro de Lewis, la cumbre del artificio se mezcla, a veces, con la nobleza de un auténtico documental”.

En 2002, la teórica de la comedia Rae Beth Gordon estudió en una obra titulada ¿Por qué los franceses aman a Jerry Lewis? los vínculos del estilo cómico del director con los del cabaret francés de entresiglos, donde aparecen, por primera vez, personajes como el cantante epiléptico y el cómico neurasténico. Los abundantes tics y muecas del hombre que hizo un espectáculo de su neurosis responderían, si Gordon está en lo cierto, a una estética firmemente anclada en el imaginario cultural francés. Para uno de sus biógrafos, Shawn Levy, la fascinación francesa por Lewis respondería a otro motivo. “Su obra es un test de Rorschach. Los estadounidenses veían un reflejo preocupante de sí mismos. Los franceses, descubrían una encarnación de la América de posguerra”, dejó escrito.

Pese a todo, ambos lados del Atlántico terminaron convergiendo. Martin Scorsese le dio un impagable papel con el que sacó a relucir su lado más amargo en El rey de la comedia. En 2004, la Biblioteca del Congreso incluyó El profesor chiflado en su departamento fílmico, mientras que el MoMA le rindió un homenaje en 2016. Muy tarde, pero todavía a tiempo.