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Spiderman: Homecoming

El becario de los Vengadores

Al personaje le han restado dimensión trágica, pero la película es una fiesta

Un fotograma de 'Spiderman: Homecoming'.
Un fotograma de 'Spiderman: Homecoming'.

Que este reseteo y tercera reformulación de la saga de Spiderman convierta al superhéroe en una suerte de becario, empeñado en entrar en nómina en el equipo de los Vengadores, tienta a proponer una lectura de la película como particular triunfo del meritoriaje. Da la impresión de que, en una era marcada por la urgencia de la gran industria para incorporar nuevos activos, al director Jon Watts le ha costado bastante menos que a su Peter Parker llegar adonde ha llegado: tan sólo dos largometrajes —la cinta de terror Clown (2014) y la eficaz Coche policial (2015), el tipo de película que hace años habría sido apreciada como un pequeño hallazgo de la serie B— han sido suficientes para que se le confíe la dirección de la última palabra en trenes-eléctricos-más-caros-del-mundo, que diría Welles.

SPIDERMAN: HOMECOMING

Dirección: Jon Watts.

Intérpretes: Tom Holland,

Michael Keaton, Robert Downey Jr, Zendaya.

Género: Ciencia-ficción.

Estados Unidos, 2017

Duración: 133 minutos.

No estaría de más recordar que Watts también había participado en la colectiva Our Robocop Remake (2014), en la que cincuenta directores se repartían la dirección de escenas de un remake de Robocop (1987) con alma de fan-fiction: algo de la insolencia de ese proyecto parece filtrarse en esta súperproducción, que incluye una película dentro de la película —dirigida, por cierto, por Peter Parker— en la que se revisitan, en clave amateur, algunas escenas de Capitán América: Civil War (2016).

Quizá sea un espejismo pensar que, en un proyecto de estas dimensiones —concebido, además, bajo el imperativo de integrarse dentro del megaserial cruzado que forman las vigentes franquicias Marvel—, un cineasta recién llegado puede dejar su impronta personal, pero Spiderman: Homecoming contiene los suficientes rasgos de originalidad como para sostener esa ilusión. La película aprovecha con brillantez algunos puntos ciegos de sus hermanas mayores para empezar a construir su discurso: la presentación del villano en la escena precréditos, ambientada en las ruinas del clímax de Los Vengadores (2012), es un buen ejemplo de ello.

La elección de Michael Keaton para interpretar al Buitre va bastante más allá de la broma cinéfila con Birdman (2014) para permitir al actor una libertad de juego que trasciende el arquetipo y, sorpresa, suma un inesperado valor añadido a la voluntad de esta película de superhéroes de ser, al mismo tiempo, comedia de instituto. Tom Holland hiperboliza con sostenida gracia la condición adolescente del protagonista y aguanta el pulso con los personajes de Robert Downey Jr y Jon Favreau. Al personaje le han restado dimensión trágica, pero la película es una fiesta.

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