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Fallece a los 85 años el escritor y académico francés Max Gallo

El político, autor de las biografías más populares en la Francia de las últimas décadas, estaba enfermo de párkinson

Max Gallo en una fotografía de archivo de 1989.
Max Gallo en una fotografía de archivo de 1989. AFP

El escritor, historiador y político francés Max Gallo, autor de más de un centenar de libros, ensayos y biografías, falleció este martes a los 85 años en su segunda residencia en Cabris, en el sur de Francia, según informó su editorial francesa. Gallo sufría párkinson desde hacía dos años, cuando había anunciado públicamente su enfermedad. “Uno se cree inmortal, pero descubre que no lo es”, lamentó en una entrevista radiofónica. Gallo habrá sido uno de los historiadores más populares en la Francia de las últimas décadas, que celebró sus biografías dedicadas a personajes como Napoleón Bonaparte o Charles de Gaulle. De la primera, una vasta saga en cuatro volúmenes, llegó a vender un millón de ejemplares.

Gallo nació en 1932 en Niza, en el seno de una familia de inmigrantes italianos de origen modesto, pero que le leían La divina comedia a la hora de acostarse. Más tarde, atribuiría a esas lecturas nocturnas su pasión literaria. Inició su carrera profesional como técnico de radio y televisión, mientras seguía estudiando Historia por las noches y escribiendo en sus ratos libres. Su mayor éxito llegó con La bahía de los ángeles, extenso relato histórico dedicado a su ciudad natal, a la que siguieron varias obras de política ficción, que firmó con el pseudónimo Max Laugham. Gallo escribía inspirándose en documentos históricos, pero los adaptaba con los métodos narrativos propios de una novela. Así llego a concluir numerosas biografías, entre las que figuran obras dedicadas a Julio César, Robespierre, Victor Hugo o Jean Jaurès.

Gallo fue también un apasionado de la política, que ejerció activamente hasta hace pocos años. Hijo de un electricista que combatió en la Primera Guerra Mundial –y después fue miembro de la Resistencia francesa durante la Segunda–, inició su andadura en el Partido Comunista francés, que terminó por abandonar en 1956. A finales de los setenta, ingresó en el Partido Socialista que el futuro presidente François Mitterrand acababa de unificar, poniendo fin a la división de la izquierda en múltiples capillas. Con su victoria, Gallo se convirtió en diputado entre 1981 y 1983, cuando el jefe de Estado, sensible a su talento como orador, lo fichó como portavoz del Gobierno. En aquella época, su jefe de gabinete respondía al nombre de François Hollande.

En 1984, Gallo se convirtió en eurodiputado, cargo en el que se mantuvo una década y que alternó con la dirección del diario Le Matin de Paris. En 1993 fue uno de los impulsores de un nuevo partido, el Movimiento Republicano y Ciudadano (MRC), que reunía a los soberanistas de izquierdas bajo la batuta del exministro Jean-Pierre Chevènement. Gallo fue uno de los artífices de su campaña para las presidenciales de 2002, cuando se enfrentó al candidato oficial del socialismo, Lionel Jospin, y le robó los votos necesarios para impedirle pasar a la segunda vuelta de los comicios. Jospin nunca les perdonó esa traición.

En 2007, Gallo sorprendió al convertirse en una de las personalidades de izquierda que apoyaron al candidato conservador, Nicolas Sarkozy, frente a su rival socialista, Ségolène Royal. Gallo terminó escribiendo algunos discursos para el futuro presidente. No era su primer tropismo derechista: ya había llamado a votar por la lista encabezada por el muy conservador Charles Pasqua en las elecciones europeas de 1999.

Firme defensor del modelo republicano y enérgico valedor de “una Francia orgullosa de sí misma”, Gallo se consideraba a sí mismo el resultado de la meritocracia de la escuela pública y su consiguiente ascensor social. En 2007, el historiador ingresó en la Academia Francesa, poniendo fin a su marginalización gradual en el mundo intelectual francés, donde sus opiniones no siempre fueron apreciadas. Gallo se opuso con rotundidad a las llamadas leyes de memoria histórica, pensadas para reparar el papel de Francia en los momentos menos gloriosos de su pasado. Partidario de la noción de “novela nacional”, que se esforzó en nutrir sin cesar, el historiador se opuso al reconocimiento de la responsabilidad francesa en el Holocausto, pronunciado por Jacques Chirac al llegar al poder en 1995, y al texto legislativo que reconocía el esclavismo como un crimen contra la humanidad en 2001.

El presidente francés Emmanuel Macron rindió este miércoles un homenaje a “un hombre de compromiso político”, mientras que el portavoz del Gobierno, Christophe Castaner, definió a Gallo como “un narrador esclarecedor del relato nacional”. En las filas de la derecha, el expresidente Nicolas Sarkozy expresó que el historiador “permanecerá en las memorias”. Por su parte, el alcalde de Niza, Christian Estrosi, anunció que su ciudad natal le dedicará una avenida a modo de homenaje póstumo.

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