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El espíritu de Freedonia

El filme amplía con ingenio el marco familiar de su protagonista, evita los diseños genéricos en personajes secundarios y logra complacer sin saturar

Gru y Baltazhar Bratt, en 'Gru 3. Mi villano favorito'.

GRU 3. MI VILLANO FAVORITO

Dirección: Pierre Coffin, Kyle Balda y Eric Guillon.

Animación.

Género: comedia. Estados Unidos, 2017

Duración: 90 minutos.

Al comienzo de Screwball Squirrel (1944), un corto de Tex Avery para MGM, una dulce ardillita disneyana se pasea por un bosque ideal mientras desgrana una relamida introducción. Al rato, hace su aparición Screwball Squirrel, la Ardilla Loca que fue una de las creaciones más extremas y delirantes del animador, y se lleva a su compañera de especie tras un árbol, donde desarticula su cursilería a expeditivos puñetazos. En una de las primeras imágenes de Gru 3. Mi villano favorito, dos peces payaso, evocadores del imaginario de Buscando a Nemo (2003), nadan en las profundidades marinas… hasta que un artefacto tripulado por Minions pasa arrasando la paz acuática y deja a uno de los adorables personajes reducido a su cola. Más de sesenta años separan los dos momentos, pero el sentido es el mismo: una toma de postura enfrentada a un modelo canónico de excelencia –entonces Disney, hoy Pixar- y definida en la apuesta incondicional por la diversión, la irreverencia, el desacato y la libertad creativa.

Gru 3. Mi villano favorito disemina otras pistas que dejan claro que el objetivo no es parecerse, ni competir en la gran liga comandada por John Lasseter –que, por cierto, este verano dejará constancia de sus limitaciones en la rutinaria Cars 3-. No es casual que buena parte de la historia tenga lugar en el país imaginario de Freedonia, inmortalizado en Sopa de ganso (1933), ni que al villano de la función –Baltazhar Bratt, un ex niño prodigio de la televisión de los ochenta- le preste su voz Trey Parker, cocreador de South Park. La película de Pierre Coffin, esta vez respaldado por Kyle Balda, director de Los Minions (2015), y por el debutante Eric Guillon, deja claro por activa y por pasiva que no aspira a la inmortalidad, sino a la fiesta.

Lejos de limitarse a repetir jugada, Gru 3, Mi villano favorito amplía con ingenio el marco familiar de su protagonista, prolonga de manera consecuente su evolución dramática, evita los diseños genéricos en personajes secundarios, cuestiona festivamente la celebración acrítica de la cultura pop de los ochenta y logra complacer sin saturar.

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