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El hombre de los 5.000 libros de fotografía

Pedro Melero es un coleccionista de volúmenes que recorren esta técnica desde sus inicios hasta hoy

El coleccionista de libros de fotografía Pedro Melero, en su casa de Madrid.
El coleccionista de libros de fotografía Pedro Melero, en su casa de Madrid.

En estantes, en montones hasta casi el techo, por el suelo, en sillas… El coleccionista Pedro Melero (Olombrada, Segovia, 1957) posee en su casa de Madrid unos 5.000 libros que recorren la historia de la fotografía desde que este invento se presentó en la Academia de las Ciencias de París, en enero de 1839, hasta la actualidad. Entre los ejemplares curiosos de los balbuceos de la fotografía, un Tratado elemental de física, del francés François-Sulpice Beudant, que explica la novedosa técnica del daguerrotipo. Melero explica que en su colección, comenzada hace unos diez años, hay “básicamente autores españoles y libros hechos en España”.

Por temas, en la biblioteca Melero destaca la Guerra Civil, con unos 700 volúmenes. Sobresalen joyas como los seis libros de Estampas de la guerra, publicados en el bando nacional. En uno de ellos se informaba del reciente bombardeo de Gernika. “Sin embargo, vienen a decir que ellos no han sido los responsables del ataque porque había niebla y los aviones no pudieron salir. Es pura propaganda”, dice Melero rodeado de sus libros. Del otro lado, una conocida publicación de 1937, de la editorial Seix Barral, Madrid, con fotos de Robert Capa de gente en los refugios, en el metro… con la casualidad de que hay una foto que luego también utilizaron los nacionales, el otro bando, de un soldado que mira al cielo cómo caen las bombas”. Del periodo republicano, Melero conserva “los dos informes de las misiones pedagógicas”, el proyecto educativo patrocinado por el Gobierno, “con fotos de lo que se encontraban en los pueblos”.

Si tiene que elegir, el libro más valioso para Melero de los que posee es un ejemplar de la primera edición de Viento del pueblo, poemario de Miguel Hernández, de 1937. “La tengo sin cubiertas pero lleva unas fotos estupendas que no se sabe muy bien de quién son, quizás de Tina Modotti. Un librero de Londres vende otro en Internet por 4.500 euros”.

Esta colección particular contiene rarezas, como libros de arte de España que publicó el inglés Albert F. Calvert en 1907, “sobre Murillo, Toledo, Madrid, casi como guías turísticas de la época”, añade Melero. “O un ejemplar de Valor y miedo, narraciones breves de Arturo Barea, ilustrado con fotos”. También hay una curiosa versión de España en el corazón, de Neruda, con fotomontajes relacionados con la Guerra Civil.

Melero destaca en la historia de la edición de libros de fotografía en España “los años sesenta, porque se estaba al nivel europeo” gracias, por ejemplo, a la editorial Lumen y su serie Palabra e imagen. Eran libros que combinaban textos de escritores con imágenes de grandes fotógrafos, como por ejemplo Neutral corner, sobre el mundo del boxeo en Madrid, con relatos de Ignacio Aldecoa y fotos de Ramón Masats. Sin embargo, “a partir de los años setenta se publica mal y de forma mucho más barata”.

Todos sus ejemplares los ha ido comprando Melero en librerías de viejo, de segunda mano o han sido regalos de los propios fotógrafos, pero ahora los adquiere en páginas de Internet, “todo es mucho más fácil”.

Llegados a la actualidad, Melero menciona la fiebre en España por los fotolibros, “que van más por el concepto de libro como obra independiente que por las fotos en sí, pero, ojo, algunos se te caen de las manos, hay mucho mito”, advierte. ¿Es más correcto llamar a estas obras fotolibros o libros de fotografía? “Yo creo que fotolibro debe llamarse a aquellos hechos a partir de los años noventa del pasado siglo. Lo de antes son libros ilustrados con fotografías”.

Hechas las aclaraciones, Melero lamenta que nunca haya podido exponer su colección, que tiene catalogada y digitalizada, aunque espera que en el futuro pueda verse en algún centro o museo público. Mientras tanto, se fía de su memoria para localizar entre columnas que amenazan con venirse abajo, dónde está cada uno de los que necesita y enseña.

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