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“Mi labor es hacerle sentir a la gente que no está sola”

El combativo músico Billy Bragg actúa hoy en Madrid con canciones contra el Brexit o Trump

Billy Bragg, a la izquierda, toca con Jon Henry en Glasgow el pasado 26 de enero.
Billy Bragg, a la izquierda, toca con Jon Henry en Glasgow el pasado 26 de enero. Redferns

No abundan los tipos como Billy Bragg (Barking, 1957). Inquieto y combativo, el músico británico ya tiene compuestas canciones contra el Brexit y Donald Trump que escribió después de terminar un libro sobre la importancia cultural del skiffle,ese género británico a medio camino entre el folk rural y el blues, que se remonta a principios del siglo XX. En un mundo como el de la música, marcado por las tendencias y la corrección política, Bragg parece de otra época. “Yo solo aporto mi visión de las cosas”, decía este músico, escritor y activista el pasado 16 de mayo por teléfono desde su casa de West Dorset, en Reino Unido.

Es la visión de un forajido, un hombre que jamás se ha mordido la lengua y que siempre se ha caracterizado por sus implicaciones sociales y políticas, desde liderar en los ochenta junto a Paul Weller la movilización cultural para echar a Margaret Thatcher del Gobierno británico hasta cantar en decenas de actos contra las guerras de Irak o Afganistán o en solidaridad con los desfavorecidos de su país. Ahora su objetivo es otro. Ha compuesto una canción sobre Trump inspirada en el grabado de Goya El sueño de la razón produce monstruos. “El Brexit es lo mismo que Donald Trump. Son campañas basadas en mentiras. Todo el dinero que el aparato de Boris Johnson gastó en decir que Europa era un fraude es poco comparado con el que Europa ha aportado a Reino Unido para su sanidad. Hacen todos lo mismo: Johnson, Trump, Marie Le Pen… Mienten y apelan a sentimientos para movilizar a la gente. Necesitamos que los ciudadanos tomen el control sobre las mentiras”.

Al más puro estilo trovador, acompañado solo con una guitarra, Bragg presenta esta noche en Conde Duque, en Madrid, estas nuevas canciones, acompañadas de parte de su abundante y combativa obra en solitario desde que se forjase como músico a finales de los setenta bajo la agitación punk. “The Clash fue mi mayor influencia en temas políticos. El punk fue el movimiento musical más poderoso para hacer frente a la política. En The Clash descubrí que no estaba solo. Unieron a muchas personas. Su música te pedía pasar a la acción”, rememora.

Firme como un roble, Bragg se ha mantenido fiel a sus principios, aunque le hayan causado males comerciales o problemas personales, como cuando llegaron centenares de cartas a los vecinos de la tranquila localidad de Burton Bradstock, donde vive, en el que pedían que se le echase por “rojo”. “Como músico solo aspiro a reunir cuanta más gente mejor en torno a mis canciones”, explica, pero rechaza inmediatamente que la música cambie la sociedad. “No, no, no… la música nunca ha cambiado el mundo. No puede hacer eso. Puede poner en comunicación a las personas, conseguir llevarlas juntas… Una canción no tiene la responsabilidad de cambiar nada. Mi labor como músico es hacerle sentir a la gente que no está sola”.

¿Entonces, lo de la guitarra como arma que decía Woody Guthrie? “Cuando puso en su guitarra aquello de ‘Esta máquina mata fascistas’, estaba poniendo una idea. Era como si lanzara un comunicado. Su función solo era llevar a la gente su música, pero su idea era que había que organizarse, que se podía reunir a las personas con un bien común. La música expresa solidaridad o enfado”, explica Bragg, que se reconoce “optimista” pese a este “tiempo confuso”. “Si la vida fuera viajar en barca, yo diría que siempre se puede remar por muy cansado que estés, que no te vas a quedar varado”. Y se despide, en correcto español, con un: "La lucha continúa".