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Buenas personas, malos personajes

'A cielo abierto', último Premio Biblioteca Breve, es un meritorio ejercicio biográfico que naufraga como novela

Antoine de Saint- Exupéry, en un avión durante la Segunda Guerra Mundial.
Antoine de Saint- Exupéry, en un avión durante la Segunda Guerra Mundial.

Con A cielo abierto el escritor y periodista cultural Antonio Iturbe (Zaragoza, 1967) ha obtenido recientemente el Premio Biblioteca Breve de novela. El jurado destacó “la cuidada recreación de la figura de Antoine de Saint-Exupéry y el tratamiento de la épica de los primeros años de la aviación civil francesa en una novela de arriesgadas aventuras con un fiel trasfondo histórico”. Estas características, enumeradas con precisión por el jurado, dan la medida del producto literario que nos encontraremos. No se refieren a una arriesgada novela de aventuras, sino a una novela de aventuras arriesgadas, añadimos nosotros que con uso naturalizado (domesticado y exótico) de la reconstrucción histórica. No obstante, este juicio no explica por qué la novela de Iturbe no funciona tampoco como producto de aventuras.

A cielo abierto narra las vidas de dos figuras míticas del siglo XX, el creador de Vuelo nocturno y el piloto Jean Mermoz, amigos y pioneros de la aviación, “poetas del aire”. Sigue sus aventuras tendentes al tópico (romances exóticos, mujeres fatales, militares autoritarios, nobles tribus bereberes) por Francia, Siria, Casablanca, Dakar, Brasil, Nueva York…

A Iturbe no le falta talento para desen­volverse durante más de 600 páginas con un estilo rítmico, capacidad de síntesis, destellos de escritura y frases afortunadas. Sabe lo que es una metáfora y cómo hacer que suene natural y dé densidad al simulacro de la recreación histórica. No obstante, varias son las razones por las que A cielo abierto no funciona. Quizá la más evidente es la repetición de una fórmula que la vuelve monótona: cada breve capítulo, narrado en presente con querencia cinematográfica, comienza con un plano general, algún detalle de atrezo (un cigarrillo Craven, el “fru­frú” de un vestido) y es seguido de una conversación en la que, si quien habla es “Tonio” Saint-Exupéry, lo hará en sentencias poéticas: “La verdad está sobrevalorada. Es triste. Tal vez deberíamos inventar algo que sea mejor que la verdad”.

Pero además hay otra razón. Mientras escribe su primera novela, Correo del Sur, Tonio (o Iturbe, en este caso) medita: “Los escritores tramposos crean personajes perfectos: exageradamente felices y heroicos, o exageradamente desdichados y vapuleados. Escriben historias para un teatro de marionetas. Creen que los personajes les pertenecen, pero los personajes sólo pertenecen a la propia historia”. Lamentablemente también en A cielo abierto los personajes son inmutables comparsas del decorado: Mermoz, siempre seductor, glotón, heroico, es un hombre de acción; Tonio, un soñador que malvive en la prosa cotidiana, hermoso fracasado como el albatros de Baudelaire.

Así, el meritorio ejercicio de documentación termina lastrando la novela, que se convierte en un inventario de anécdotas de dos personajes modélicos, sin mayor tensión narrativa que una biografía informada: Saint-Exupéry triunfará con sus grandes libros y Mermoz sobrevivirá en los Andes a un accidente aéreo. El lector llega a plantearse si no hubiera sido más eficaz esa biografía cruzada de ambos personajes en vez de una novela, quizá porque aquí falta el drama que lleve más lejos la proliferación de peripecias sumarias, que afecte a los personajes y los trastoque. Falta, en definitiva, la novela.

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Autor: Antonio Iturbe.

Editorial: Seix Barral (2017).

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