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Una ficción balcanizada

Tanovic dibuja en planos secuencia su mapa de desencuentros y tensiones irreconciliables; la imposibilidad, en definitiva, de un relato común de Sarajevo

HOTEL EUROPA

Dirección: Danis Tanovic.

Intérpretes: Jacques Weber, Muhamed Hadzovic, Snezana Vidovic, Izudin Bajrovic.

Género: drama. Bosnia-Herzegovina, 2016

Duración: 85 minutos.

Los habitantes de Sarajevo están condenados a tener siempre dos versiones de la misma historia, se afirma en el séptimo largometraje de Danis Tanovic. El punto de partida de esa bifurcación estuvo en la esquina desde la que el nacionalista serbio-bosnio Gavrilo Princip, que por entonces contaba con tan sólo veinte años de edad, disparó al archiduque Francisco Fernando y a la duquesa de Hohenberg Sofia Chotek, prendiendo así la mecha de la Primera Guerra Mundial, puerta de entrada a un siglo XX europeo regido por el signo de lo traumático. La población serbia de Sarajevo sigue considerando a Princip como un héroe nacional y a sus víctimas, emblemas de una fuerza de ocupación: una interpretación que debe convivir con la versión de los hechos que lo sanciona como terrorista. Sarajevo es, pues, un territorio de signos inestables, susceptibles de ver su significado erosionado, transformado como el texto que, en la primera placa conmemorativa colocada en el lugar del atentado, celebraba a Princip como luchador por la libertad y portavoz de las legítimas aspiraciones del pueblo, y que hoy se limita a dejar constancia de los hechos con la escueta neutralidad de un acta notarial. Entre una placa y otra, la ocupación nazi y las guerras balcánicas que desangraron el territorio y que dejaron esa herida abierta sobre la que Tanovic levanta su película.

La celebración del centenario del atentado en un concurrido hotel, que funciona como reducción a escala de una Europa que quizá ya no sea más que una entelequia, es el pretexto narrativo que emplea el cineasta para transformar lo que iba a ser un documental en torno a una representación de la obra teatral Hotel Europa de Bernard-Henri Lévy en una aparatosa ficción balcanizada. Jacques Weber, el actor que estrenó la obra en 2014, llega a un hotel para ensayar su monólogo antes de su representación en un acto oficial. Mientras un equipo de periodistas realiza sus entrevistas en la azotea y los trabajadores se organizan para la huelga, Tanovic dibuja en planos secuencia su mapa de desencuentros y tensiones irreconciliables; la imposibilidad, en definitiva, de ese relato común. Su vigor estilístico no matiza los abundantes trazos gruesos: tanto la caracterización de esa mafia de subsuelo, instrumentalizada por el director del hotel, como la forzada escena de la agresión sexual introducen un amarillismo que, contradiciendo la tesis principal, sólo puede entenderse de una manera. Como debilidad.

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