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Gabinete de crisis con monstruo al fondo

Antipática, pero con sentido del humor, se cierra con la imagen de un Godzilla convertido en monumento

SHIN GODZILLA

Dirección: Hideaki Anno y Shinji Higuchi.

Intérpretes: Hiroki Hasegawa, Yutaka takenouchi, Satomi Ishihara, Mansai Nomura.

Género: ciencia-ficción.

Japón, 2016

Duración: 120 minutos.

Cuando, en 1954, el productor norteamericano Joseph E. Levine compró los derechos de la primera película de Godzilla para elaborar una versión norteamericana rodando material nuevo, remontado sobre las imágenes de la película original de Inoshiro Honda, también tomó una decisión sintomática: contratar al actor Raymond Burr para encarnar a un periodista norteamericano que, como testigo en primera línea de los hechos, sirviera de hilo conductor a la ficción y asidero para los espectadores occidentales. Honda tenía claro que su estrella era el monstruo y el factor humano cobraba la casi impersonal forma de un protagonismo colectivo, sin rasgos dramáticos, ni psicológicos reseñables. La trama, en su versión japonesa, parecía avanzar con total despreocupación por los mecanismos tradicionales de identificación, casi como una sucesión de teletipos que diesen cuenta, en tiempo real, del desarrollo del Apocalipsis.

En 2014, el británico Gareth Edwards rescató al personaje en una película a la que le pesaban como una losa todas sus tramas humanas, atrapadas en un guión formulario y perezoso, pero en la que brillaban con verdadero fulgor poético unas imágenes catastróficas elusivas y enigmáticas. Tras esa anómala y fascinante revisión del mito a escala global, Hideaki Anno y Shinji Higuchi toman la más atrevida de las decisiones en Shin Godzilla, el regreso a casa de la icónica criatura: volver a esa narrativa impersonal de los orígenes, convirtiendo su trabajo casi en lo contrario de lo que la tradición norteamericana considera una monster movie. Esto no es tanto una película de monstruos, sino una película de burócratas con monstruo al fondo.

Anno e Higuchi, que trabajaron juntos en el influyente anime Neon Genesis Evangelion, han hecho una película antipática, pero no exenta de un raro sentido del humor, que se cierra con la imagen de un Godzilla convertido en monumento de sí mismo.

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