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Nels Cline, guitarrista de los rockeros Wilco, se atreve con el jazz

El músico ha tardado 25 años en crear 'Lovers', disco de orquestación ambiental

Nels Cline, en un concierto en 2011.
Nels Cline, en un concierto en 2011. ©First Run Features/Courtesy Everett Col / Everett Collection / Cordon Press

Quienes asisten a un concierto de Wilco salen asombrados, además de por la inspirada conjunción, por el trabajo a la guitarra de Nels Cline (Los Ángeles, 1956), instrumentista versátil y preciso con un bienvenido punto psicótico. Antes de ingresar en la banda de Chicago, Cline, que empezó a tocar la guitarra a los diez años tras descubrir a Jimi Hendrix, acumularía experiencias en distintas áreas musicales. La escucha adolescente de John Coltrane desvía su timón y es acogido por figuras del jazz como Charlie Haden y Julius Hemphill. En los noventa, la vibración generacional del rock alternativo le lleva a The Geraldine Fibbers, la banda de Carla Bozulich, hasta que en 2004 recibe la llamada de Jeff Tweedy y logra su empleo más estable. Lo combina con The Nels Cline Singers, pese al nombre un trío instrumental. Y ahora por fin ha hecho realidad un antiguo sueño.

Publicado en el histórico sello Blue Note, Lovers es una idea que lleva perfilando desde hace 25 años, pero no se materializó hasta conseguir la financiación necesaria para costear la pequeña orquesta que le respalda en este viaje al núcleo de la llamada mood music, o música ambiental, y el romanticismo que la caracteriza. Tratándose de un músico aventurero, el punto de partida se expande desde los clásicos Jerome Kern, Rodgers & Hammerstein o Henry Mancini, hasta Annette Peacock, Arto Lindsay, Sonic Youth y sus propias composiciones. "El arte es arte, sea popular o underground, accesible o extremo’’, razona Cline. "Una cultura sin un contingente de vanguardia que empuje las cosas hacia delante corre el peligro de estancarse e incluso desaparecer. Es un error separar lo experimental de lo mainstream y, en mi caso, potencialmente descorazonador. ¡Quizás todas estas canciones estén en la misma categoría de buenas!’’.

Obviamente, la selección de temas fue cambiando con los años. No es fácil para Cline explicar sus elecciones, pero da una pista el hecho de que en una obra instrumental se incluyan en el libreto las letras de las canciones, pues cree que son tan importantes como su presentación musical. "Tal vez esté siendo un tanto chistoso al usar el término mood music’’, responde a la pregunta de cómo abordó un género tan maleable y desnaturalizado. "¿Por qué no redefinirlo? Crecí pensando que la música ambiental era facilona, inane, nada seria, pero más tarde encontré placeres reales en algunos de esos discos, orquestaciones curiosas. Me interesa la idea de que un arreglo vulgar no siempre logra anular una canción fantástica. Por ejemplo, I Have Dreamed, del musical El rey y yo, me la inspiraron varias versiones: las de Fred Hersch y Frank Sinatra, pero también la incluida en un elepé barato’’.

Como la mood music, lo romántico ha sido emasculado y pervertido en la trituradora de la música popular. Pero el ecléctico punto de vista de este músico que ha participado en improvisaciones junto a Thurston Moore y grabado un álbum con Medeski, Martin & Wood, abarca tonadas de dos películas antitéticas como Desayuno con diamantes y El portero de noche. "Mi intención era que el romance, la sexualidad y la sensualidad, y otros aspectos de lo íntimo informasen el proyecto, no solo de un modo espiritual sino también de forma cruda, caliente, oscura e incómoda’’, reconoce. ‘’De ahí la inclusión de temas como The Night Porter/Max, Mon Amour, So Hard It Hurts, y lo novedoso de algunos arreglos. A la inversa, I Have Dreamed y Beautiful Love son romanticismo sin adulterar, sin complicaciones ni ofuscación. Cada canción representa distintos aspectos del concepto y mi afecto por las canciones o los artistas asociados con ellas’’.

El productor David Breskin y el arreglista Michael Leonard fueron de vital importancia en la consecución de una de las grabaciones más exquisitas e inspiradoras de 2016. Cline se planteó prescindir de su arsenal de efectos, limitarse al pulcro y nítido idioma de la guitarra de jazz sin utilizar su vocabulario habitual, pero comprendió finalmente que, ante este material ajeno, debía ser él mismo. "Se escuchan efectos de delay y looping, en Lady Gabor, Secret Love, Snare, Girl… En su conjunto Lovers ofrece mi visión de las distintas facetas de la guitarra de jazz, con referencias a Jim Hall, Django Reinhardt, Marc Ribot, Bill Frisell o George Benson. Espero que estos homenajes no resulten demasiado evidentes; mi intención no es imitar sino reflejar su lenguaje. No soy experto en jazz, ni un intérprete especialmente bueno, pero amo las sonoridades de esa música y espero que el álbum así lo transmita’’.