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Las cineastas entierran al príncipe azul

Las creadoras se rebelan contra los papeles de la mujer y la industria dominada por hombres

María Cañas, en una de las sedes del Festival de Cine Europeo de Sevilla.
María Cañas, en una de las sedes del Festival de Cine Europeo de Sevilla.

“Prostitutas, amas de casa o profesionales de oficios mayoritariamente ejercidos por mujeres”. Es la caricatura de la cineasta Cecilia Bartolomé sobre los papeles que el cine masculino reserva tradicionalmente a las mujeres. Esta directora, con más de siete décadas de una intensa vida a sus espaldas, sigue en la lucha por hacer películas con una mirada femenina y llevarlas a las pantallas. Como ella, una docena de colegas se han dado cita en el Sevilla Festival de Cine Europeo (SEFF) para luchar contra los roles que les atribuyen, hacer frente a una industria dominada por hombres y enterrar de una vez para siempre a los príncipes azules.

“Caperucita, si te enamoras, cierra los oídos y cierra la boca”, cantaba irónicamente la protagonista de Margarita y el lobo, el trabajo de fin de carrera de Bartolomé a finales de los sesenta. Desde entonces, esta incansable rebelde, ha hecho cine de mujer.

Cuando en 1978 dirigió Vamos Bárbara, Bartolomé se negó al final que le proponían para asegurarse el éxito en taquilla. La directora y coguionista no entendía que una profesional que huye de su esposo con su hija buscándose a sí misma terminara sometida a otro hombre. Así que su protagonista abandonó al nuevo príncipe azul en una gasolinera y siguió su camino.

No elude la denuncia. Al contrario, la alienta. Pero no es el eje de su obra, sino la creación desde su propia óptica. Y, como miembro de la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA), no se cansa de evidenciar que los puestos directivos de esta industria están copados en más de un 70% por hombres, por lo que tanto en la pantalla como detrás de ella, el cine tiene un género predominantemente masculino.

Pero se resiste a considerar su filmografía como feminista, al igual que la francesa Marie Losier, la creadora de The ballad of Genesis and Lady Jaye que ha visto premiados sus trabajos en festivales y exhibidos en el MoMA de Nueva York y el Pompidou de su país natal. “No me gustan las etiquetas. La realidad es más compleja”, defiende.

Libertad universal

Lasier cree que su obra no es de mujer sino algo más complejo, producto de su personalidad, su sensibilidad. Para ella, sus películas tratan sobre la “lucha por la libertad universal, física y mental, sin encajonamientos, que es lo más importante”.

“La irreverencia prima y se impone al género, aunque la reflexión siempre está presente", añade la “videoguerrillera” María Cañas, quien ha llevado sus Risas en la oscuridad a la sección Yo No Soy Esa del SEFF. Cañas reivindica un “cine porcino”, “del que se aprovecha todo”, sin límite.

Su objetivo también va más allá de la cuestión género, aunque sea ineludible. Cree que la creación tiene que conseguir “quitar miedos y penas”, pero admite que elabora “imaginarios distintos” al del hombre, que sigue anclado en una visión de la mujer “sacrificada, educada para parir y criar”.

La directora irlandesa Vivienne Dick cree que las directoras aportan una sensibilidad diferente en los temas y en la forma de contar las historias. Se reconoce “aburrida” del predecible cine convencional y aboga por representar a mujeres más reales, que no respondan a un estereotipo único inexistente y sean "autónomas, optimistas y divertidas". Cree que la desproporción de la presencia femenina en la industria y la creación es una cuestión política que se resolvería imponiendo una representación mayoritaria de las creaciones de las mujeres.

Valeria Bruni, que ha recibido el Giraldillo de Honor del SEFF, donde ha presentado Una joven niña de 90 años, afirma que siempre está la actriz como punto de partida de su trabajo, al que traslada todas sus obsesiones y su vida cotidiana. Pero considera que las necesidades de todas las personas son las mismas, a cualquier edad. “Necesitamos amor, necesitamos soñar, tenemos los mismos miedos y las mismas alegrías; todos somos humanos”, afirma durante la presentación de su última película, una historia de amor entre pacientes de un geriátrico de enfermos de alzhéimer.

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