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La creación audiovisual de vanguardia da una segunda vida al videoclip

Las tecnologías asequibles y el uso de YouTube permiten a los artistas abrir una vía de creación y exhibición

Escena del videoclip 'Iron', dirigido por Yoann Lemoine.

Escuchar música es ya una frase que se queda a medias. Desde aquella pieza audiovisual que en 1981, desde la MTV, advertía de que el vídeo había matado a la estrella de la radio hasta hoy, la música se escucha y se ve; o mejor, se escucha y se mira. El videoclip surgió como instrumento comercial capaz de empujar a la estratosfera las ventas de discos y entradas a conciertos. Porcentajes de marketing y belleza visual se dosificaban en proporciones variables en unos minutos. Pero esa pieza audiovisual destinada a vender una canción ha encontrado nuevos caminos en los últimos años, gracias a la visión de numerosos artistas plásticos que han hallado en la asociación de música e imagen un camino de experimentación y expresión capaz de dar al videoclip una segunda vida.

Hasta 2005, la producción y la emisión de los videoclips estuvo en manos de grandes compañías, únicas capaces de rodarlos y emitirlos. La aparición de tecnologías asequibles y relativamente fáciles de usar, así como el nacimiento de YouTube permitió a los artistas visuales una vía de creación y exhibición. “La irrupción de videoartistas en el clip musical es consecuencia de la evolución del arte audiovisual y su encuentro con la música. Como en otras creaciones multidisciplinares, el artista proyecta su obra desde el convencimiento de que pierde parte de su libertad creadora en beneficio de la pieza de música a la que sirve, pues el público las percibirá vinculadas", explica Ana García López, profesora de creación audiovisual de la Facultad de Bellas Artes de Granada.

El videocreador madrileño residente en Berlín Pablo Iglesias Algora, de nombre artístico Pablo IA o Geso, considera que el videoclip comercial, sigue vigente, “pero, en paralelo, la música más alternativa e independiente ha sabido mirar al artista visual, al videocreador, como alguien capaz de darle una visión artística y personal al trabajo que puede convertirse en su mejor carta de presentación”. La producción de un videoclip artístico o experimental, cuenta Geso, es “un encargo basado en la pura confianza, ya que desde el momento en que se asocian música y vídeo, el éxito de la canción depende en gran parte del videocreador. La narrativa visual influye necesariamente en la percepción del oyente sobre la música".

Geso, que ha participado en la producción de numerosos videoclips, explica cómo un vídeo puede arruinar la percepción sobre una canción que, aislada, podría al menos valorarse: “El vídeo de Burn the Witch, de Radiohead, tenía una narrativa tan compleja que requería toda la atención y aún así era difícil de entender. Los mensajes de los fans se dirigieron, negativamente, hacia el visual, afectando a la canción. La narrativa cumple su papel, pero no puede superponerse a la música”, concluye. Javier Longobardo, videocreador gijonés afincado en Granada, que ha dirigido estos días en el ciclo Potenciadores de la emoción unas jornadas en el centro José Guerrero de Granada, en las que videocreadores y músicos han tratado de la relación entre la creación visual y la música, insiste: "El videoclip no funciona bien cuando uno de los lenguajes solapa al otro; hay que mantener por igual la mirada del oyente, valga la contradicción, y el interés por la música”.

Preguntado por algunos de los videocreadores más influyentes, Geso comenta que “Internet deja un panorama difuso en cuanto a grandes nombres pero hay que citar a Yoshi Sodeoka y Cy Tone, de lo mejor de este año”. También cita a Woodkid, nombre artístico del francés Yoann Lemoine. En 2011 creó un vídeo —su ámbito natural hasta entonces— al que añadió música. Nació así su primer videoclip, Iron, un ejemplo de belleza y sincronía entre imagen y música. Hoy ha tenido más de 2,5 millones de reproducciones en Vimeo y más de 46 millones en YouTube. Eso le generó una popularidad que redirigió su ámbito artístico a la videocreación musical, donde no ha dejado de crear grandes éxitos como The golden age y Run boy run.

En esa relación transfronteriza entre disciplinas artísticas surgió hace algunos años, por ejemplo, el proyecto Grupo de Fe, un colectivo de artistas “cuyo principal objetivo es la edición de obras musicales de artistas plásticos que trabajan de forma paralela con la música. La idea surge de la necesidad de dar cabida a estos proyectos híbridos e inéditos que no encuentran un lugar idóneo dentro del panorama artístico y musical convencional”.

Javier Longobardo ha realizado videoclips para, entre otros, Mums, Los Planetas o Kanye West y habla de una especial confianza entre músico y artista. “Quienes encargan un vídeo más experimental o artístico ya saben que probablemente no aparecerán en él, o lo harán en dibujo animado o en algún formato peculiar. Eso, en puridad, va contra las leyes del mercado comercial, que exige a los artistas que estén en el centro de la imagen y, si me apuras, un poco o un mucho de erotismo. Pero a estos músicos no les importa. En general, los indies no tienen problemas con no aparecer”. Ahora la duda es si estos videoclips son menos comerciales que los otros. ”El objetivo es llegar a los usuarios en todos los casos”, concluye Longobardo. Es decir, aportan más belleza, pero la necesidad de llegar a la mayor audiencia posible sigue vigente.

¿Y cuál es el lugar donde acudir en busca de estos vídeos más experimentales y personales? “Vimeo es, sin duda el lugar para ello", responde Pablo IA, "es un espacio específico para creadores con material original, para productos independientes de alta calidad. También YouTube y dailymotion.com, aunque este no acaba de arrancar del todo”. En Vimeo son conscientes de su capacidad de influencia y pusieron en marcha hace algunos años su staff pick, vídeos elevados a la categoría de excelentes por esta plataforma donde, no obstante, compiten con todo tipo de videocreación (cortos, documentales, visuales,…).

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