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Las brujas llegan al siglo XXI

Dos de las películas más esperadas del certamen, 'La autopsia de Jane Doe' y 'Blair Witch', resucitan a las viejas hechiceras

Las verrugas ya no salpican sus rostros, ni por supuesto vuelan encima de escobas. Su físico no admite matices: o son espectaculares mujeres de rostro casi virginal o cuerpos desestructurados con presencias que superan lo imaginable. En el festival de Sitges dos de las películas más esperadas, La autopsia de Jane Doe y Blair Witch, contienen en su corazón a sendas brujas. Y ellas provocarán todo tipo de desgracias a quienes quieran desentrañar sus secretos.

Blair Witch es la secuela de El proyecto de la bruja de Blair, aquella película barata que en 1999 provocó sobresaltos en las salas de todo el mundo. Era el inicio de la moda found footage, y la película se suponía que se había hecho con el material audiovisual hallado de unos excursionistas perdidos en los bosques de Maryland. Así que el punto de vista era siempre el de los tres protagonistas y el metraje avanzaba según iban adentrándose en los terrenos de la bruja de Blair. Aquella película se rodó en ocho días, se montó en ocho meses, costó poco más de 60.000 dólares y recaudó casi 250 millones por todo el mundo. La dirigieron con sorprendente maestría Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, que de la noche a la mañana, tras su estreno en Sundance, se convirtieron en los referentes para toda una generación de cineastas. En Estados Unidos aún se cuenta que la temporada de caza 1999-2000 fue terrible porque los montes se llenaron de aficionados con cámaras rodando su propia El proyecto de la bruja de Blair. En su esencia el espectador no veía nada hasta el plano final, y el miedo se construía en su propia cabeza, en los sentimientos que le producían los ruidos surgidos del bosque y los golpes en las tiendas de campaña de los excursionistas. Lo clavaron.

Hubo una secuela lamentable en 2000 y ahí quedó la cosa hasta que Hollywood decidió que ya había crecido una nueva generación de público que desconoce la original, y pusieron al guionista Simon Barrett y al director Adam Wingard (responsables de Tú eres el siguiente y The guest) a levantar esta tercera película, rodada en Vancouver y no donde la original, en los escenarios reales de Burkittsville (Maryland). La premisa es que el hermano pequeño de Heather —la chica de la original— ha encontrado una pista por la que cree que su hermana sigue viva en el bosque. Así que junto a tres amigos, y una pareja de freakies locales, se interna en la foresta a encontrarla.

Si algo se ha perdido en esta ocasión ha sido el guion. Y el criterio cinematográfico. Hay sustos de saldo, ningún reparo en enseñar (aunque a veces parece que los personajes luchan contra Godzilla), y quien ha mandado en la producción ha debido de ser el diseñador de sonido. En España Blair Witch se estrena el 4 de noviembre, pero desde Sitges ya crece la decepción.

Tráiler de 'La autopsia de Jane Doe'.

Un poco más al noreste de Estados Unidos, en el estado de Massachusetts, está Salem, en el condado de Essex, donde a finales del siglo XIX una veintena de personas fueron ahorcadas tras ser condenadas por brujería. No muy lejos se sitúa la funeraria y morgue de los Tilden, un padre (Brian Cox) y un hijo (Emile Hirsch), marcados por la muerte de su esposa y madre respectivamente, y que pasan muchas horas realizando en el sótano del local autopsias. El sherif del condado les trae el cadáver de una chica joven, desconocida (en EE UU a las sin identidad se las bautiza como Jane Doe) conservado perfectamente a pesar de llevar tiempo enterrado y que en su interior esconde evidentes pruebas de haber sufrido todo tipo de salvajes torturas. Así empieza La autopsia de Jane Doe, de André Øvredal (Trollhunters), y pronto ese cuerpo empezará a revelar sus secretos y a acarrear todo tipo de desgracias a quien lo toca. La película acaba de ganar en el Fantastic Fest de Austin el premio al mejor filme en la categoría de terror, y en Toronto provocó varios soponcios en el público. Y sí, es interesante, pero es mejor la parte en la que va construyendo su aparataje —estupenda su escenografía— que la resolución. Aunque la bruja llega mucho más lejos de lo esperado en su siembra del dolor.

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