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Hanya Yanagihara: “No puedes vivir en EE UU sin pensar en el fin del mundo occidental”

La escritora de Los Ángeles publica 'Tan poca vida', novela sobre la lealtad como mejor tratamiento para las enfermedades del día a día

La escritora Hanya Yanagihara, el pasado 20 de septiembre en Madrid.
La escritora Hanya Yanagihara, el pasado 20 de septiembre en Madrid.

Lo malo de llegar a España envuelta en tantos reconocimientos es la distancia que puede crearse entre la expectativa y la realidad. Tan poca vida, de Hanya Yanagihara (Lumen), ha sido finalista del Man Booker Prize y del National Book Award y señalada por varios periódicos en las listas de mejores libros del 2015 en Estados Unidos, pero hay redobles de tambor que duran tanto que la fiesta se hace de rogar. Sobre todo cuando la solapa exagera con honores que no ha conseguido.

Tan poca vida suma mil páginas en torno a la vida de cuatro amigos que se abren paso en Nueva York, y lleva una bandera atractiva en tiempos de cambios: la amistad como familia, la lealtad como mejor tratamiento para las patologías de la vida. “Es el resultado de años de ideas sobre la amistad, el amor y la familia, una especie de memoria de un momento determinado en mi vida adulta”, cuenta Hanya Yanagihara, su autora, en un hotel de Madrid. “Lo que hemos definido como familia hasta ahora no es que ya no sea relevante, es que ya no es lo único relevante”.

Nueva York, al igual que otras “ciudades seculares” como Londres, es un lugar real y metafórico al que la gente llega no solo para reinventar su vida y su carrera, sino también una comunidad, una nueva red de afectos y apoyo que va a convertirse en familia. Uno de esos cuatro amigos es Jude, un hombre herido por una infancia de abandono, abusos y daños que no solo le han dejado secuelas físicas irreversibles, sino un recurso constante a la autolesión tortuosa, los cortes en su carne y el regreso eterno, en suma, al dolor. Asusta el tamaño de los horrores, el contraste extremo con su éxito actual como abogado, y sobre todo lo explícito de sus descripciones, que ella defiende con convicción: “No sé por qué la violencia explícita ha desaparecido de las novelas, durante muchos años estaba ahí, y lo sigue estando en el arte visual, en películas, en televisión y hasta en la danza, pero no en las novelas de hoy. Si una novela va a describir una vida difícil, tiene que describirla, contar al lector lo que va a sufrir su personaje y no huir cuando eso empieza a ser incómodo. Si vas a pasar tiempo con Jude, tienes que conocer también su parte oscura, porque existe, y no mostrarlo es faltar a la verdad”.

Dolor, amor y miedo

Y ese joven Jude convierte la novela en un libro sobre el dolor, el amor y también el miedo: “Todas las novelas son sobre el miedo, el amor y cómo los dos sentimientos interactúan. Aquí tenemos el miedo a no ser entendido, a no ser escuchado, a no ser visto y sus protagonistas están constantemente preguntando ¿puedes verme?, ¿puedes oírme? Y es en lo que consiste el ser humano, en preguntar y preguntar hasta que nos dicen sí. Y después en intentar creer ese sí”.

Yanagihara, nacida en Los Ángeles en 1975, de padre de Hawái y madre surcoreana, ha llegado a Madrid para acompañar el lanzamiento de su libro en España. Después de publicarlo en EE UU, abandonó su cargo de editora de la revista T de The New York Times para tomarse un año sabático que la ayudara a digerir el éxito y regresar el próximo mayo a un nuevo trabajo. En este tiempo viaja y disfruta una conexión con los lectores que jamás habría imaginado. “El éxito me ha sorprendido muchísimo, pero no lo vivo como un éxito, sino como una forma de conectar con los lectores”.

No puedes vivir hoy en América sin pensar en el fin del mundo occidental

Su pobre Jude intenta funcionar como un Oliver Twist del siglo XXI, aunque aúna tantas desgracias que es difícil imaginar tanta mala suerte concentrada en una sola persona en la América actual. ¿Lo ve creíble? “Sí, es posible. Quería este libro en cierta manera como una fábula, como un cuento, porque quería que fuera posible: no típico, pero sí verdadero. Y una de las decisiones que tomé fue: puede que no sea estrictamente creíble, pero que siempre pueda ser verdad, que esto puede estar pasándole a alguien y simplemente no lo sepamos. Una de las razones por las que es un libro americano es porque el país es tan grande, y solo conocemos las historias que conocemos. Las que no conocemos pueden ser así, con cosas que aunque parezcan increíbles no significa que no sean verdad, que en una vida posible no ocurran. Jude, como la gente que ha sufrido daños terribles, vuelve siempre a la gente que le hizo sufrir”.

El infierno de Jude está, sin embargo, habitado por amigos incondicionales que respetan sus secretos, que luchan por su bienestar y le aman. El libro cuaja décadas de relaciones de cuatro seres con su buena y mala suerte, sus ascensos y parones, sus amores y sus celos, la rivalidad interna y la lealtad eterna, e intenta ser “un libro sobre el miedo y el amor”, dice la autora: “El instinto moderno es unir amor y sexo y a veces ambos van juntos y otras no. El problema con las relaciones estos días es que esperamos que una relación nos dé todo: satisfacción sexual, amor, amistad, estímulo intelectual, y lo que dice el libro es que un buen matrimonio, una buena relación te puede dar dos o tres cosas de estas, pero las otras hay que buscarlas fuera. Y este libro señala que a veces podemos encontrar sexo y a veces no en la persona que queremos o nos interesa, pero a veces no, y eso está bien. Tienes que pensar qué quieres de un amigo y a veces lo que quieres de un amigo y lo que te brinda no es definible, es simplemente alguien que te va a escuchar, que va a venir a ti, que no son cualidades muy excitantes pero sí sostienen una relación”.

La autora ha usado herramientas dickensianas del siglo XIX para realidades del XXI: “Adoro a Dickens y su influencia es visible, pero lo que me gusta de esos escritores ingleses del siglo XIX es la sensación de que el autor crea un universo, está por encima y lo ve todo con empatía. La ficción contemporánea es más remota, el autor se implica menos en la vida del libro, está más retirado. En ese sentido, el estilo es anticuado, hay una gran paleta y el autor es el guardián de esa gran paleta”.

Su próximo proyecto abordará ni más ni menos el “fin del mundo occidental”. “No puedes vivir en América en este momento y no pensar en ello, estoy interesada en analizar cómo reaccionamos en circunstancias extremas, cómo desafiamos las concepciones de nosotros mismos, cómo confrontamos el valor, la autonomía, cosas que en varios aspectos en Nueva York, en la última década, hemos tenido muchas oportunidades de pensar: ¿qué haría si las cosas se ponen complicadas, cómo reaccionaría, qué tipo de amigo sería, qué tipo de ciudadano, sería valiente, haría lo correcto, podría sobrevivir...? Quiero pensar en estas cuestiones, en las luchas morales de esta era”. Para ello buscará otro estilo, como cada vez que emprende una novela. Solo confiamos en que busque también una solapa ajustada a la realidad.