El cineasta Sokúrov estrena la obra coral ‘Go Go Go’
La pieza está llena de sus preocupaciones estéticas y filosóficas


El cineasta ruso Aleksandr Sokúrov (Óblast de Irkutsk, 1951), discípulo de Andrei Tarkovski ha probado fortuna con el teatro. Lo ha hecho a lo grande, de esa particular manera sinfónica que también habita en sus filmes, donde la intimidad más cerrada se rodea de un brumoso ambiente múltiple y coral. Go Go Go se ha estrenado este fin de semana pasado en el Teatro Olímpico de Vicenza dentro del 69º ciclo de espectáculos clásicos, que ha cambiado su nombre pero no su marchamo y ambición. Ahora el ciclo se llama Conversaciones entre el Teatro y las Artes, atendiendo a la multidisciplinar emergencia, a la contaminación casi siempre espontánea de los géneros espectaculares y sobre todo, al creciente dominio de la cultura global. Sokúrov no es indiferente a nada de esto, y es como si hubiera tomado nota cuando aceptó el encargo, sus inveteradas preocupaciones estéticas, formales y filosóficas están presentes en su teatro, se alían en una suerte de concertante operístico.
Go Go Go se inspira tangencialmente en el Mármoles (1989) de Joseph Brodski y aparecen sus dos protagonistas, Tulio y Publio, como monstruos bifrontes, dos versiones deformadas de Jano dialogando con ellos mismos. La escena es una plaza romana, los textos, concebidos al alimón entre Sokúrov y Alena Shumakova rebozan de una apasionada indiferencia, de un escéptico tono mortuorio y sin esperanzas sobre el mundo contemporáneo.
El festival, comisariado colectivamente por Franco Laera, Adriana Vianello y Virginia Forlani, que se extiende hasta el 10 de octubre, usa de la Basílica Palladiana donde ha tenido lugar la danza de Naturalis Labor con Lovers y el Hamlet: un “monólogo" de Robert Wilson, después llevarán el espectáculo de Sokúrov al Teatro dell'Arte de Milán desde mañana hasta el 30 y al Teatro Verdi de Pordenone el 6 y el 7 de noviembre, antes de proponer una gira internacional donde pueden estar los grandes festivales de Madrid, Mérida, Sevilla o Barcelona.


























































