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¿En qué lengua soy?

Sylvia Molloy ofrece un libro de lectura especialmente pertinente en España sobre vida y plurilingüismo

¿En qué lengua soy?
Getty

Sylvia Molloy recuerda haber visitado a su abuela paterna poco antes de su muerte, a los cuatro años, pero no recuerda en qué lengua le habló. Nacida como hija de hijos de ingleses y franceses en Argentina, la autora habla tres idiomas desde su infancia con resonancias y afectividades distintas: el inglés es la lengua del padre, la de la escolarización y la de una vida adulta vivida casi por completo en Nueva York; el francés es la del desamparo lingüístico de la madre (que no lo hablaba), las canciones de Charles Trenet, los estudios en Francia; el español es la de las conversaciones familiares, el pudor infantil, la ficción. Decidir en qué idioma se dirigió a su abuela paterna no sólo es importante para determinar la naturaleza de su recuerdo, sino también para trazar un ámbito, el de las incertidumbres del bilingüismo.

“¿En qué lengua soy?”, es la pregunta del bilingüe. No es una pregunta retórica y no es pertinente sólo en relación con la biografía de la autora de Vivir entre lenguas: desde las afectaciones de una sociedad argentina históricamente permeable a la adopción de extranjerismos hasta la impotencia del fontanero polaco que visita su casa y quiere (pero no puede) hablarle en inglés de una experiencia estética, pasando por las conversaciones con sus gallinas (sólo un argentino puede entender por qué la autora llama a una “Curuzú Cuatiá” ni con cuánta justicia les canta el tema musical de un antiguo programa televisivo poblado de vedettes y plumas), los pecios del idioma de la infancia, la lengua privada de los latinoamericanos en Estados Unidos, los esfuerzos (generalmente vanos) de ciertos padres por poner a sus hijos nombres que funcionen en más de una comunidad lingüística, los casos de Jules Supervielle, Joseph Conrad, William Henry Hudson, Elie Wiesel y otros autores que cambiaron de lengua de escritura, la autora (una de las más notables de las últimas décadas en Argentina, ensayista y académica de excepción y maestra de escritores latinoamericanos) ofrece, posiblemente sin pensarlo, un libro de lectura particularmente pertinente en España, donde las lenguas son vinculadas a menudo a identidades que se desean monolíticas y son encarnadas por fuerzas políticas que las imaginan como fronteras; es decir, como herramientas de exclusión y no como puentes tendidos. “Para el monolingüe no hay sino una lengua desde donde se piensa un solo mundo”, afirma Molloy: en la posibilidad de imaginar que las cosas no son necesariamente como se nos dice que son radica la importancia política, también en España, del bilingüismo y de su elogio en Vivir entre lenguas.

Vivir entre lenguas Sylvia Molloy Eterna Cadencia Buenos Aires, 2016 80 páginas, 12 euros