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CRÍTICA | PERRA VIDA

El novio de la muerte, y la doncella

José Padilla reedita una fábula de todos los tiempos en su versión de 'El casamiento engañoso', ganadora de la última edición de Almagro Off

Elisabet Altube y Samuel Viyuela González, en 'Perra vida'.
Elisabet Altube y Samuel Viyuela González, en 'Perra vida'.

El casamiento engañoso, como falsilla para componer una comedia dramática de nuevo cuño, en la que aletea el espíritu de esta novela ejemplar. Campuzano, su protagonista, alférez de los Tercios de Flandes venido a menos, se reencarna en la figura de un exlegionario en la obra de José Padilla, y el licenciado Peralta, encargado de tirarle de la lengua, aparece transfigurado en antigua compañera de filas.

PERRA VIDA

Autor y director: José Padilla.

Intérpretes: Elisabet Altube, Samuel Viyuela, Nerea Moreno y Diego Toucedo.

Música: Alberto Granados.

Luz: Pau Fullana.

Escenografía: Eduardo Moreno.

Madrid: El Pavón Teatro Kamikaze, hasta el 2 de octubre.

En vez de en Valladolid, Peralta y Campuzano se reencuentran en un bar de carretera, abierto las 24 horas: la trama cervantina, vertida en el escenario de una road movie; el aguafuerte añejo, reeditado a todo color. El autor y director canario distribuye la acción en diez escenas retrospectivas, que acaban en alto casi todas, evocadas desde un prólogo y rematadas por un epílogo, simétricos. Su escritura, ágil y fresca, se sirve en algún momento con guarnición de textos cervantinos, incluida una bien calzada cita del capítulo XIII del Quijote, donde el Ingenioso Hidalgo se proclama ministro de Dios y ejecutor esforzado de la justicia divina.

Padilla se ha rodeado de buenos actores. Samuel Viyuela le imprime al protagonista vigor, reflejos y reactividad química, especialmente en presencia del género femenino: que se quede prendado de la Estefanía que con tantísimo encanto encarna Elisabet Altube, nos parece de lo más natural, incluso antes de que la actriz, sentada sobre una silla a horcajadas, parezca por unos instantes una sugestiva versión mediterránea de Marlene Dietrich. En la manera picada en la que Viyuela encarna su papel, algo hay que recuerda al trabajo de Raúl Prieto, y en la mezcla de dulzura y determinación de Altube, un eco del quehacer interpretativo de Montse Díez.

Diego Toucedo consigue, en el colofón, imprimirle cierta verdad al estereotipo inexorable del pobre mendicante. Nerea Moreno tiene hechuras y carácter de mujer de armas tomar (literalmente), pulida en experiencias laborales posteriores, y fuerza moral bastante como para hacer del todo suyo el soberbio monólogo quijotesco.

El vestuario de Sandra Espinosa es favorecedor, en los papeles donde debe serlo. Sugestivo y al hilo de la acción, el suelo dibujado por Eduardo Moreno. Al cabo (no sigan leyendo si no quieren que les destripe nada), Perra vida se distancia de El casamiento engañoso, y más que contar la fábula del engañador engañado, dramatiza la de la dulce vampiresa y el ingenuo enamorado.